Italia: ¿Un salto al vacío?

Este domingo los italianos decidirán, a través de un referendo, si quieren reducir el número de congresistas de 315 a 100. Lo que comenzó como una consulta popular podría convertirse en un motivo de inestabilidad para el gobierno del primer ministro, Matteo Renzi.

El primer ministro italiano, Matteo Renzi. / AFP
El primer ministro italiano, Matteo Renzi. / AFP

Hace un año, Matteo Renzi supeditó su futuro político al resultado del referendo sobre las reformas constitucionales que propone su gobierno. La oposición en pleno y los críticos de centro-izquierda aceptaron el reto y han convertido la consulta de este domingo en un plebiscito sobre la continuidad del primer ministro. Todos los sondeos dan por segura la derrota de Renzi, quien advierte: “Si se rechazan las reformas, Italia dará un salto en el vacío”.

“Si gana el No, me voy a casa y ya no me verán más. No soy un político a la antigua usanza que se queda pegado al sillón…”. A través de esa frase o de otras propias de su carácter —“si pierdo, daré por terminada mi vida política”—, Matteo Renzi aseguraba hace un año que su futuro estaba ligado al resultado del referendo sobre las reformas constitucionales. Si lograba su propósito de simplificar la maquinaria legislativa aboliendo el bicameralismo perfecto y de dar más poder al Gobierno central reformando el artículo V de la Constitución, se quedaría; si no, tiraría la toalla. Aunque más tarde fue suavizando su ultimátum, el sector crítico del Partido Democrático y la oposición en pleno aceptaron el reto y desde hace meses trabajan codo a codo para descabalgar del poder a Renzi.

Son conscientes de que sólo juntos y revueltos tienen una oportunidad de socavar el único liderazgo político que, hoy por hoy, tiene Italia ante sí misma y frente al exterior. Hasta Silvio Berlusconi lo reconoció hace unos días en una entrevista: “Ahora sólo hay un líder político verdadero y se llama Renzi”.

Tal vez sea la fortaleza de ese liderazgo y la incapacidad de encontrar alternativas —Forza Italia sigue sin superar el ocaso de Berlusconi y el Movimiento 5 Estrellas aún depende demasiado de los vaivenes imprevisibles de Beppe Grillo— lo que une verdaderamente al frente del No, además de cierta prevención histórica. No hay que olvidar que el bicameralismo perfecto —las dos cámaras del Parlamento tienen los mismos poderes— que ahora se quiere cargar Renzi fue introducido en la Constitución aprobada en 1947 a modo de mecanismo de seguridad para evitar nuevas dictaduras como la de Benito Mussolini. El problema es que esa paridad —y el derecho de veto que conlleva— se ha convertido muy a menudo en las últimas décadas en un obstáculo insalvable para los sucesivos gobiernos, que fueron cayendo unos sobre otros como piezas de dominó. El de Renzi es el número 63 en 70 años de democracia. Aunque el joven exalcalde de Florencia ya logró que tanto el Senado —el 14 de octubre de 2015— como la Cámara de Diputados —el pasado mes de abril— aprobaran la conversión del Senado de la República en una Cámara de representación regional, no lo hizo con la mayoría suficiente para evitar el trámite del referéndum. Y ahora lo tiene mucho más difícil.

Tanto que los augurios no pueden ser peores para el Gobierno, el único prácticamente que defiende el Sí a la reforma. Los sondeos pronostican la victoria del No. El ambiente político, relativamente tranquilo durante los últimos meses ante la ausencia de rivales de peso, se ha caldeado ante el olor de la sangre de un líder que parecía invencible. A tal punto que algunos analistas ya advierten de que, sea cual sea el resultado del domingo, el lunes habrá que ponerse a reconstruir el país. Desde las filas del No, Silvio Berlusconi acusa a Renzi de quererse construir a través de las reformas “un traje a medida” para perpetuarse en el poder; Beppe Grillo ha llegado a llamar al primer ministro “asesino en serie” del futuro de los italianos, y Matteo Salvini, el líder de la Liga Norte, asegura que la Constitución no puede ser cambiada por “el ocupa del palacio Chigi (sede del Gobierno)”, refiriéndose a que Renzi llegó al poder sin pasar por las urnas.

La defensa del sí esgrimida por el primer ministro se basa en dos argumentos. El primero es la necesidad imperiosa de las reformas para desbloquear y modernizar Italia. “La victoria del no”, dijo durante un recorrido a contrarreloj por Venecia, Génova y Roma, “sería un salto en el vacío, devolvería a los italianos un país bloqueado”. La segunda estrategia del presidente del Gobierno y secretario del Partido Democrático (PD) es desautorizar a sus rivales haciéndoles ver que, con tal de ganarle, han sido capaces de unirse en alianzas imposibles, casi indignas: “Ver a Massimo D’Alema (ex primer ministro y viejo exponente de la izquierda) y a Silvio Berlusconi juntos me recuerda a esos novios que no tienen la valentía de decírselo a la familia”. Maledicencias aparte, Renzi apenas puede esconder el miedo a lo que considera un gran complot contra él y contra Italia. “Nos quieren débiles”, ha advertido después de que The Economist se haya pronunciado partidario del No y apueste por un gobierno técnico tras la hipotética caída de Renzi. En los últimos días, la prima de riesgo ha subido y el primer ministro teme que “los poderes fuertes de Europa” puedan redoblar el acoso en las vísperas del referéndum atacándolo por uno de los flancos más débiles de Italia, el sistema bancario.

Tan convencidos están de su victoria los partidarios del No, y tan asustados los del Sí, que el debate sobre las virtudes o los defectos de las reformas ha sido superado para centrarse ahora en otra pregunta: ¿qué hará Renzi tras la derrota? ¿Se irá como prometió hace meses? ¿Se hará el remolón hasta que unas elecciones anticipadas —probablemente a principios del verano— deshagan el enredo? ¿Dará paso a un gobierno técnico? La solución, el domingo.