Katmandú, el valle de la muerte

Katmandú, capital nepalí, una de las zonas más afectadas por el terremoto, vive días de caos por la lluvia, falta de comunicaciones y continuas réplicas. Alerta por los niños.

Rescatistas buscan sobrevivientes en varias zonas de Katmandú. / AFP

La lluvia cae intensamente durante las noches frías en el Valle de Katmandú. Los heridos se cuentan por miles y a medida que avanza la remoción de escombros en las zonas más pobres de la ciudad, el panorama se torna más desolador. Según el último balance oficial, las víctimas mortales pasarán de 5.000 y los heridos superarán los 8.000, pues los cuerpos de rescate aún no llegan a las zonas montañosas del país“. Según cuentan extranjeros en la capital nepalí, todos prefieren dormir en las calles, a pesar de las bajas temperaturas, por el temor a las constantes réplicas, que desde el sábado no dejan de repetirse.

El Ejército nepalí informó que quedan sobrevivientes atrapados en 19 puntos de Katmandú como hoteles, bancos y otros edificios, ubicados en las partes más antiguas de la ciudad, de acuerdo con el diario nepalí República. “Muchas personas no pudieron escapar del terremoto porque las casas están muy pegadas y no pudieron encontrar espacios abiertos”, le dijo a Efe Gautam Maharyam, un voluntario que trabaja en labores de rescate en la capital nepalí. “Además, con la fuerte réplica del domingo, algunas de las casas que ya estaban dañadas se vinieron abajo y eso asustó aún más”, agregó.

El sismo de magnitud 7,9 es el terremoto más mortífero de los últimos 80 años, según el último balance publicado por el servicio de gestión de catástrofes del ministerio nepalí de Interior. Y como en todas las tragedias, los principales damnificados son los niños. De acuerdo con el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, casi un millón de pequeños necesitan ayuda urgente. “Al menos 940.000 niños que viven en zonas muy afectadas por el sismo en Nepal tienen una necesidad urgente de ayuda humanitaria”, alertó la agencia en un comunicado.

“El acceso limitado a agua potable y saneamiento pondrá a los niños en riesgo de contraer enfermedades que se transmiten por el agua, mientras que otros pueden haber quedado separados de sus familias”, explicó Karin Hulshof, directora de Unicef para Asia Meridional, quien anunció el envío de varias toneladas de ayuda.

Antes de esta tragedia la situación ya era difícil para los niños. Virginia Pérez, cooperante española encargada de la oficina de Unicef en Nepal y quien ha trabajado por la infancia en Sri Lanka, Haití, Malí y Costa de Marfil, relataba recientemente que en Nepal la vida no es fácil para los menores de edad. “El conflicto terminó hace años y sin embargo la violencia afecta a millones de niños que son víctimas de matrimonios forzados, violencia sexual, explotación laboral y muchos otros problemas diarios”.

Las cifras previas al terremoto eran aterradoras: en Nepal mueren anualmente más de 50.000 niños y en más del 60% de los casos es por desnutrición. La mitad de los niños nepalíes tienen peso inferior al normal, así como tres cuartas partes de las mujeres. El 15% de los pozos de agua están contaminados con arsénico. Dos terceras partes de la población no dispone aún de inodoros. El país tiene altas tasas de mortalidad materna y neonatal. El nivel de escolarización sigue siendo muy bajo.

Situación desesperada

El país sigue aún con graves problemas de comunicación tras la réplica de 6,7 grados del domingo, una de las más fuertes de las casi 50 que se han producido. Nepal, como toda la región del Himalaya, donde se encuentran las placas tectónicas india y euroasiática, es una región de fuerte actividad sísmica. En agosto de 1988, un sismo de magnitud 6,8 dejó 721 muertos en el este del país. En 1934, un terremoto de 8,1 grados acabó con la vida de 10.700 personas en Nepal e India.

Ante las dificultades para obtener la ayuda, los nepalíes luchan por salir adelante en medio de la incertidumbre y la lenta respuesta del Gobierno, que trata de llevar suministros a la población, pero que se vio desbordada por la tragedia. Nepal es uno de los países más pobres del mundo. En los últimos tres días, miles de personas se refugian en improvisadas tiendas de campaña en las calles de Katmandú, convertidas en hogares temporales para los que han perdido sus casas.

“No hay ayuda del Gobierno. El Ejército nos está dando agua, pero para conseguirla tienes que estar en la cola durante horas”, lamentó a Efe Manoj Sah, un residente de origen indio, al contar que la gente aguanta con fideos y con lo que puede conseguir, mientras los precios de los alimentos se han disparado y ya cuestan el doble. El voluntario Maharyam lamentó la “poca capacidad de reacción” de su Gobierno y la insuficiente dotación de personas para dar respuesta a la catástrofe, y alertó de la falta de alimentos y agua.

Precisamente, el Comité de Coordinación de Rescate en Desastres Naturales reclamó que reabran tiendas y mercados en las zonas afectadas y que distribuyan paquetes de ayuda a los más damnificados, según el canal de televisión nepalí Kantipur.

El Gobierno mantiene movilizado a todo su personal en tareas de rescate y recuperación y trabaja para la reapertura de las carreteras en el valle central, mientras ha recuperado el 75% del suministro eléctrico. El jefe de la Secretaría del Ejecutivo de Nepal, Leela Mani Poudyal, explicó que las carreteras que comunican con ciudades en las laderas de las montañas están muy deterioradas y que están trabajando para restablecer las comunicaciones.

Pero se teme lo peor. Los pronósticos más mesurados hablan de casi diez mil muertos. La ONG World Vision dijo en un comunicado que las comunidades asentadas en zonas remotas de montaña no estaban preparadas para el nivel de destrucción provocado por el terremoto. Las localidades próximas al epicentro “están literalmente encaramadas en los lados de una gran montaña y están hechas solo de piedra y roca de construcción. Muchos de estos pueblo solo son accesibles a bordo de todoterrenos y luego a pie, con algunos de ellos a horas e incluso a días enteros de caminata desde las principales carreteras en el mejor de los casos”, dijo Matt Darvas, miembro del equipo local, y advirtió: “Muchas de esas localidades podrían haber quedado completamente sepultadas por la caída de piedras, según he escuchado”.

Temas relacionados
últimas noticias

¿Qué está pasando con los jueces de Perú?

¿Hijos o mascotas?