La larga historia de espías entre Estados Unidos y Cuba

La liberación de Alan Gross y tres miembros de la inteligencia cubana fue el gesto que consumó la nueva etapa de diálogo que ahora emprenden Estados Unidos y Cuba.

El estadounidense Alan Gross estuvo preso en Cuba desde 2009, acusado de realizar labores de espionaje.

En la estación de transportes de La Habana pronto tendrá que cambiar el gran cartel que cuelga justo en frente de las taquillas, con la cara de ‘Los Cinco’ —espías cubanos que purgaban pena en Estado Unidos—, la bandera nacional de fondo y la leyenda que dice “Volverán”. El cartel está obsoleto porque ya volvieron los últimos tres de ese grupo: Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y Ramón Labañino aterrizaron en la isla y desactualizaron los mensajes de apoyo que el gobierno y la gente les enviaba en la distancia desde todos los puntos del país. Los otros dos, Fernando González Llort y René González Sehwerert ya habían sido liberados, el primero en febrero de este año y el segundo en octubre de 2011, tras pagar buena parte de sus penas, y juntos se habían convertido en el símbolo cubano del espionaje en Estados Unidos.

Los últimos tres regresaron a Cuba por un canje pactado por los gobiernos de La Habana y Washington (anunciado ayer por sus presidentes), que en contraprestación recibiría de vuelta a Alan Gross, un estadounidense condenado en la isla por espionaje, quien a su vez, desde 2009, se había convertido en el símbolo de las, a ojos americanos, injusticias que se cometían en Cuba.

‘Los Cinco’ fueron juzgados en 1998, atrapados después de elaborar un informe de 230 páginas que llegó al FBI y que evidenciaba los planes de atentados contra Cuba desde Miami, labrados por movimientos anticastristas hospedados en Florida. En la isla la detención los convirtió en héroes, pues las intenciones de la inteligencia cubana parecían nobles: reconocer que hombres suyos estaban infiltrados era menos peligroso que la planeación de atentados terroristas en su territorio. No obstante, la versión estadounidense, avalada por un juez también estadounidense, sostuvo que el grupo de espías, alfiles de la llamada ‘Operación Avispa’, habían recopilado información sobre bases militares en su territorio, en precisión, del Comando Sur y la Estación Naval de Bocachica.

La historia hoy suena reciente, pero sus orígenes se remontan al mismo triunfo de la Revolución Cubana. El desarrollo histórico de la detención de ‘Los Cinco’ comenzaba con los primeros grupos de exiliados que intentaron derrocar a Fidel Castro por la fuerza y con cualquier medio. Los antecedentes se podían resumir en dos grandes hechos: la fallida invasión a Bahía Cochinos, perpetrada por cubanos opositores armados con el apoyo de Estados Unidos en 1961 y el vuelo 455 de Cubana de Aviación en 1976, cuando la aeronave que cubría la ruta desde Guyana a La Habana fue derribada con dos bombas: las 73 personas a bordo murieron, entre quienes se encontraban 24 miembros del equipo nacional juvenil de esgrima de la isla y cuatro altos funcionarios del Partido Comunista Cubano. Las responsabilidades del ataque fueron atribuidas a Orlando Bosh y Luis Posada Carriles, entre otros nombres menos sonoros dentro del anticastrismo. Bosh y Posada Carriles serían con el tiempo vinculados a la CIA y vistos desde la isla como demonios.

El caso Gross, en cambio, fue más reciente. Llegó a Cuba en marzo de 2009 como funcionario de Development Alternatives, Inc., una empresa contratista de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (Usaid), con la aparente misión de servir a la comunidad judía de la isla para establecer una conexión de internet de calidad. La inteligencia cubana argumentaría que Gross se encontraba en el país con el propósito de desestabilizar el gobierno, con sistemas de comunicación que no estaban permitidos por el Estado. Desde su detención, las campañas por su liberación abundaron en Estados Unidos y algunos países occidentales, que al defender la inocencia del norteamericano, enfatizaban en el autoritarismo cubano.

No fue esta, sin embargo, la única ocasión en la que Cuba expresó su repudio a la Usaid. En agosto pasado, el gobierno de La Habana rechazó la llegada de un grupo de 12 jóvenes latinoamericanos, provenientes de Venezuela, Costa Rica y Perú, que acudían como miembros de una de las misiones de ayuda sanitaria de la agencia. Los señalamientos de las autoridades de la isla apuntaron a que el grupo tenía el fin de promover la subversión en su territorio a través de la idea de que era momento de dar comienzo a “un cambio político”. Hace apenas algunos días la prensa publicaba un informe sobre cómo la inteligencia estadounidense había infiltrado a Cuba a través de jóvenes raperos y activistas que lanzaban mensajes contra el gobierno a través de sus canciones.

Las historias de espías en los dos frentes tal vez sean más de las que se conocen. En 55 años de revolución, dos aparentes enemigos, que ahora se abren al diálogo para normalizar sus relaciones políticas y comerciales, han trabajado por defender sus intereses, separados apenas por 170 kilómetros de mar y dos modelos de gobierno que lucen irreconciliables.