Lazos invisibles

"Seamos realistas, pidamos lo imposible", gritaban en Francia, Italia, Alemania y el resto de Europa millones de estudiantes y obreros indignados en mayo del 68, retomando la consigna del escritor ruso Mijail Bakunin.

“Seamos realistas, exijamos lo imposible”, gritaron el sábado pasado cientos de miles de indignados en 951 ciudades de 82 países, como para dejar en claro que a las revoluciones y movimientos pacíficos de los años sesenta y de hoy los une el mismo espíritu, el espíritu del deseo o la necesidad de una transformación que sólo podrá darse, como escribe el poeta y ensayista granadino Luis García Montero, desde una estrategia fantasmal cuyas alternativas sean tan invisibles como los poderes gobernantes.

Aunque en los sesenta los inconformes responsabilizaban a los sistemas políticos y a los políticos de la debacle, y hoy culpan, en general, al sistema financiero, las cifras, por lo menos en Francia y España, guardan ciertas similitudes.

La crisis de mayo del 68 en Francia surgió luego de una década de prosperidad económica. No obstante, desde mediados de los sesenta aparecieron los primeros síntomas serios de un grave deterioro económico, que degeneró en un profundo inconformismo social. El número de desempleados aumentaba. A comienzos de 1968 ya eran cerca de 500.000, que se sumaban a dos millones de trabajadores que apenas cobraban el salario mínimo. Por estos días, sólo los manifestantes españoles repiten que, en dos años de recesión, el desempleo entre los jóvenes ronda el 35 por ciento y la deuda soberana se aproxima a las catastróficas de Grecia, Portugal e Irlanda.

“Por eso el crédito de las ilusiones colectivas —escribió García Montero en el Diario de Catalunya— depende de nuestra capacidad de ver lo que ocurre en la calle y de recordar que hay muchos relatos que han salido bien. El siglo XX no fue sólo horror. Hubo gente que ocupó las plazas, y se sintió despreciada por oponerse al sistema, y conoció la cárcel, la tortura o la muerte. Aunque muchas voces intentaron ridiculizarla como una encarnación de la estupidez o la locura, esa gente consiguió levantar los ejes fundamentales del pensamiento democrático”.

Temas relacionados
últimas noticias