‘L’enfant terrible’ griego

El ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, inquieta a los líderes europeos reunidos en Bruselas con sus análisis de la crisis económica global y la deuda. Sus propuestas no convencen.

El ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, a su llegada a un encuentro con la directora del Fondo Monetario Internacional en Bruselas. / AFP

En el cónclave que se celebra desde ayer en Bruselas y que reúne a presidentes o jefes de gobierno de los 28 países de la Unión Europea, las conversaciones se centran en el intento del nuevo gobierno griego de persuadir a los europeos de la necesidad de reemplazar el actual programa de austeridad, que termina la próxima semana y que fue impuesto a Grecia a cambio de los dos rescates de la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) desde 2010.

En esa tarea se concentra el primer ministro, Alexis Tsipras, pero sobre todo su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, un hombre que no deja a nadie indiferente. Unos alaban su campechanía; otros, su mirada franca e intensa, como de niño curioso dispuesto a comerse el mundo; los más, esa habilidad para meter el dedo en la llaga (de Europa, el FMI, los mercados) que lo ha convertido en el enfant terrible del nuevo Ejecutivo griego.

Pero en lo que todos coinciden sobre Varoufakis es que este griego nacido en Australia en 1961, tan cosmopolita que su lengua materna exhibe un claro dejo extranjero, es una máquina de producir titulares. “Grecia está en coma” (en 2012) o “La Troika está aplicando a nuestro país waterboarding fiscal” (la tortura conocida como ahogamiento simulado) son sólo dos ejemplos.

Varoufakis siente una atracción visceral por meterse en todos los charcos, pero no tanta como por la comunicación en cualquiera de sus facetas, de la palestra universitaria a la escritura o las redes sociales, donde ha desarrollado un perfil muy activo. Segundos antes de que arrancara el primer consejo de ministros del nuevo gobierno griego, estaba tuiteando (tiene 218.000 seguidores y subiendo), y ahí sigue. Poco después actualizaba su blog para desmentir una información relativa a la posición de su gobierno sobre las sanciones a Rusia, o para matizar sus propuestas sobre el rescate tras dar un sonoro portazo al jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem.

La mujer del nuevo ministro de Finanzas es Danae Stratou, reconocida artista plástica y miembro de una familia bien, entre patricia y bohemia. Varoufakis, por el contrario, fue un niño de la diáspora griega, el hijo de unos emigrantes en Australia (donde se concentra la segunda colonia helena en el extranjero), pero su personalidad y su trayectoria le han dado un amplio aliento: un desaliño estudiado, moderno; espontaneidad innata y “talento, mucho talento”, apunta un colega. Tanto como para citar al poeta Dylan Thomas, los Monty Python o los mitos de Sísifo o Casandra mientras formula propuestas económicas.

Por teléfono o por televisión, Varoufakis suena como una ráfaga de ametralladora, da igual que hable inglés o griego. Economista accidental, como le gusta denominarse, keynesiano y experto en teoría de juegos, se formó en la Universidad de Essex (Reino Unido) y ha dado clases en las de Atenas y Texas como profesor invitado; también fue asesor del ex primer ministro socialista Yorgos Papandreu. Su libro El minotauro global (Capitán Swing) lo convirtió en un gurú económico posmoderno, con su teoría de que cualquier tiempo pasado fue mejor (en concreto, la irrecuperable pujanza económica de EE.UU. y la UE) y que el mundo debe prepararse para ordenar un caos de cuentas. Suyo es el anatema de la deuda, suya también la propuesta de un new deal europeo que figura en el programa de gobierno.

“Lo que más destaca de Yanis es su carisma; un carisma comunicativo”, explica, amparado en el anonimato, un colaborador suyo en las aulas en la última década. “Cuando llegó, en 2001-2002, no era en absoluto conocido —lo fue después, a partir de 2008—, pero causó una pequeña revolución. La universidad era todavía un sitio anclado en la tradición, y de repente aparece él, en jeans y camiseta... Era muy popular entre los alumnos; lo adoraban, porque es alguien capaz de abrirte el cerebro y meterte dentro los conocimientos sin que te cueste”, añade esta fuente, que compartió con él varias investigaciones.

La imagen que pintan del nuevo ministro quienes lo han tratado es unánime: alguien que sabe lo que quiere, a quien resulta difícil hacer cambiar de opinión, “pero abierto al diálogo en temas de investigación o académicos”, subraya su antiguo colaborador. ¿Lo estará también en la negociación política? Esa “visión firme” que todos le atribuyen, ¿será un obstáculo ante Europa o una bendición para Grecia? ¿O ambas cosas? “Es tan amable como firme”, recuerda su colega, “pero tiene un carácter tan fuerte que no deja a nadie indiferente”.

Varoufakis no fue el cerebro gris del programa económico de Syriza, o no el único. En la autoría está un escalón por debajo de Yanis Miliós, un catedrático marxista formado en Alemania. El mismo Varoufakis, sin más experiencia política que la que da ser un “marxista errático”, se estrena ahora en la Cámara como diputado. “El compromiso crítico es una forma de praxis”, suele repetir este ministro accidental que afronta tareas casi hercúleas, un centauro entre los tecnócratas de Bruselas, con un gusto por la dialéctica, el gimnasio, las motos, y que logra alterar a sus pares europeos.