Letta, el nuevo primer ministro

Giorgio Napolitano, el recién reelegido presidente de Italia, sólo necesitó un día de consultas y una noche de reflexión para proponer a su candidato a jefe del Gobierno.

Se trata de Enrico Letta, de 46 años, hasta ahora vicesecretario del Partido Democrático (PD), donde desempeñaba la función de hombre de confianza del malogrado candidato de centroizquierda Pier Luigi Bersani. A pesar de su juventud —tener 46 años en la política italiana es ser un joven—, Letta ya tiene un considerable bagaje político: europarlamentario, tres veces ministro y subsecretario de la Presidencia durante el tormentoso gobierno de Romano Prodi (2006 - 2008).

Después de haberse barajado la posibilidad de que Napolitano eligiese para encabezar el Gobierno de emergencia al veterano Giuliano Amato, de 74 años, o al joven Matteo Renzi, de 37, al final triunfó el término medio. Ni un exponente máximo de la casta política —cobra 30.000 euros de pensión—, ni uno que quiere mandarlos a todos al asilo. Letta es un hombre de centroizquierda que no asusta a la centroderecha por su espíritu negociador y sus orígenes democristianos.

Tras unos minutos con el jefe del Estado, Letta compareció ante los medios de comunicación para decir que había recibido de Napolitano un encargo más pesado que la capacidad de resistencia de sus hombros, pero que lo había aceptado porque Italia necesita salir con urgencia del callejón sin salida. “Tengo una responsabilidad con la parte del país que sufre... hoy la mayor dificultad es el trabajo. El trabajo que no hay, el trabajo que se ha perdido, las empresas que cierran, la pequeña y mediana empresa italiana que es el corazón de nuestro sistema productivo. La tasa de pobreza crece. Los jóvenes se van fuera de Italia porque aquí no encuentran trabajo. Hay que dar respuesta ya a esta emergencia enorme e insoportable”.

Enseguida, el primer ministro habló del segundo problema: “La política ha perdido toda su credibilidad. O la recuperamos todos juntos o no encontraremos instrumentos para resolver los problemas”. Dijo que lo primero que hay que hacer para reconquistar la confianza es reducir el número de parlamentarios y cambiar una ley electoral que bloquea la gobernabilidad. Un bloqueo, añadió Letta, “que continuaría aunque se convocasen nuevas elecciones”. Su intención es pactar los cambios con el mayor número de partidos posible, pero cuando un periodista le preguntó por las piedras en el camino que ya parece que empieza a poner el Pueblo de la Libertad (PDL) de Silvio Berlusconi, fue claro: “Haré todos los esfuerzos necesarios por encontrar acuerdos, porque el país necesita un gobierno urgente y los italianos ya no pueden más con los jueguecitos de la política, pero este gobierno no nacerá a toda costa”.

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