¿La liberación de las niñas en Nigeria es el comienzo de una negociación?

Cerca de 210 niñas permanecen en cautiverio a manos de Boko Haram. Ellas se convertirían en la “moneda de cambio” para avanzar en los diálogos (hasta ahora fallidos) para liberarlas a todas.

Una de las niñas liberadas por Boko Haram es consolada por la hija del vicepresidente Yemi Osinbajo.AFP

Hace dos años y medio, en abril de 2014, 276 niñas en edad escolar fueron secuestrada por el grupo yihadista Boko Haram, que actúa al norte de Nigeria y en las fronteras de ese país. El objetivo de ese grupo es implantar la ley islámica, y como requisito previo está la prohibición de que las mujeres se eduquen, a menos que sea una educación islámica: es decir, las mujeres tienen que someterse a los dictados del Corán, o a la interpretación que ese grupo hace de ellos. Con la mediación de la Cruz Roja, esta semana fueron liberadas 21 estudiantes. Fue la primera negociación exitosa que ha tenido el gobierno del presidente Muhammadu Buhari con el grupo yihadista. Y quizá sea el primera paso para la liberación de todas las niñas.

El destino de las negociaciones pasadas permite el pesimismo. En tres ocasiones, el gobierno no pudo llegar a un acuerdo concreto con Boko Haram. Cuando lo logró, el grupo a último minuto decidió formular más exigencias y el trato se cayó. En esta ocasión, cuatro militantes de Boko Haram fueron devueltos al grupo en intercambio por las niñas. No existe una cuenta exacta de cuántas siguen en poder del grupo: pueden ser cerca de 212, según cálculos de la Policía.

En entrevista con la AFP, Yan St Pierre, director del Modern Security Consulting Group, el canje “demuestra que Boko Haram necesita recursos, humanos o financieros (...) pero las pocas niñas liberadas indica que su precio es alto y que el grupo debe guardarse ases en la manga”. Las poco más de 210 niñas se convertirían en la “moneda de cambio” para que el grupo logre el retorno de decenas de sus militantes.

El gobierno de Buhari está presionado. En diciembre de 2015, Buhari había dicho que los militantes de Boko Haram estaban “técnicamente derrotados”. Sin embargo, los atentados continúan semana a semana y es indudable el poder del grupo en el norte del país, por donde transitan entre fronteras sin que ninguna autoridad los detenga. De hecho, algunos pobladores han dicho ver a las niñas caminar por dichas zonas de la mano de los militantes. Algunas habrían sido vendidas (una de ellas costó cerca de US$12) y las cristianas fueron forzadas a convertirse al islam. En agosto, Boko Haram instaló como su nuevo líder a Abou Mosab al-Barnaoui, una modificación que hace pensar que el grupo se rearma y que unas negociaciones próximas no terminarán en la desmovilización o el quiebre del grupo, sino en su refuerzo.

Aunque tiene a la Fuerza Aérea de su mano, Buhari no ha podido terminar con esa guerrilla. Los militares los bombardean con cierta constancia en el bosque de Chibok, que se ha convertido en su escondite. A los militantes de Boko Haram los han entrenado miembros activos del Estado Islámico —a quien rindieron fidelidad— y del frente Al Nusra.

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