Libertad para las niñas afganas es disfrazarse de niños

La única forma en que una niña en Afganistán puede correr, gritar, mirar a un hombre a los ojos y hacer oír su voz, es vistiéndose como un niño. La escritora Nadia Hashimi, colaboradora de la revista Foreign Affairs, explica esta costumbre conocida como ‘Bacha Posh’.

Los afganos prefieren a los hijos hombres y su favoritismo se tiene una explicación agricultural: son ellos los que ponen la mano de obra para sostener a sus familias, construyen casas, cortan madera, cultivan el campo, viajan solos y trabajan por fuera de su hogar. Por eso es que también en Afganistán surgió una tradición conocida con el nombre de ‘Bacha Posh’ hace más de 100 años: no es otra cosa que la posibilidad que tienen las niñas de crecer como niños.

Esta práctica, que además es común dentro de las familias sin herederos hombres, empieza antes de la adolescencia. Primero, hay que cortarles el pelo, reemplazar las faldas y camisetas de colores, por ropa de hombre oscura y discreta, y asignarles un nombre masculino. “La vida como un ‘bacha posh’ es bastante liberadora.

Una niña vestida de hombre puede correr, escalar y gritar. También puede mirar a los hombres a los ojos y hacer escuchar su voz. Inclusive puede ir al colegio”, explica Nadia Hashimi en un artículo que escribió para la revista Foreign Affairs, titulado en inglés Afghanistan's Female Sons (algo así como “los hijos femeninos de Afganistán”).

Esta práctica, además de ser una posibilidad de crecer con libertad para las niñas, es un amuleto de la suerte para las familias que quieren tener un hijo en el futuro, y para quienes necesitan más ingresos económicos. “Los niños pueden vender esferos o chicles en una calle. Otros pueden trabar como aprendiz de herrero, panaderos, agricultores o ladrilleros”, agrega Hashimi, quien señala que el trabajo infantil es una lucha vigente en Afganistán, donde se estima que el 25% de los niños entre los 6 y 17 años trabajan por fuera de sus hogares.

De no hacer parte de esta tradición, una niña afgana tiene que demostrar lo que esa sociedad considera que es una buena reputación: debe mantener su tono de voz bajo y sus ojos apartados de cualquier mirada masculina. Además, debe ser humilde, obediente, mostrar modales y por ningún motivo podrá correr por las calles, trepar un árbol o trabajar por fuera de su casa. Aunque adoptar las costumbres del ‘bacha posh’ es una alternativa para evitar estas reglas, el final de esa libertad llega justo antes de la pubertad.

Sin embargo, hay quienes no dejan nunca de usar pantalones y camisetas abultadas. La periodista Hashimi cuenta la historia de Ukmina Manoori, una mujer del sur de Afganistán que desafió la tradición y a sus 50 años sigue vistiendo ropa de hombre. “Ella es una excepción –explica Hashimi- porque desde que se desarrollan sexualmente, es un tabú que una niña siga disfrazada de hombre”. Las que deciden hacerlo, viven con el miedo de ser descubiertas. Pero para las que siguen al pie de la letra la costumbre, su futuro está determinado por el matrimonio que tendrá.

“Para muchos a su alrededor, volver a ser mujer no es para nada una sorpresa… Existe una mentalidad de ‘no pregunte, no diga’”, explica Nadia Hashimi, quien asegura que los afganos son personas muy reservadas que no aceptan socialmente a las personas que se interesan por temas privados. “Por supuesto, existe mucha hipocresía dentro de la construcción de esta costumbre. Para empezar, es desconcertante que una sociedad con definiciones de género tan estrictas, permita un pretexto tan superficial como cambiar de ropa para liberar a las niñas y darles oportunidades reservadas para niños”, añade Hashimi.

Y aunque la autora asegura que existen señales positivas para un cambio, todavía hay mucha ambigüedad en el mundo de la equidad. “Hasta que el nacimiento de una niña sea un motivo de celebración igual que el de un niño, seguirá existiendo un lugar donde se proteja a una ‘bacha posh’, inclusive si ella es solamente una niña en la ropa de un hombre”, concluye la autora.

(Vea aquí el artículo completo publicado en la revista Foreign Affairs)

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