La llegada del terror

Más que de una gran guerra hoy se habla de varios conflictos, la mayoría de ellos alimentados por la cruzada contra el terrorismo impulsada por EE.UU

Torres Gemelas de Nueva York/ AFP

 

Semanas después del atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York, la escritora Giovanna Borradori se reunió con el filósofo alemán Jürgen Habermas y el francés Jaques Derrida para hacer un libro de entrevistas. Su propósito era explorar un nebuloso concepto que empezaba a afianzarse en la opinión pública mundial a partir de esa fatídica imagen de la destrucción del World Trade Center: el terrorismo.

Los entrevistados estaban de acuerdo en que “es un concepto difícil de precisar, lo cual expone a la arena política global a peligros inminentes y a desafíos futuros. No es claro, por ejemplo, sobre qué bases puede reclamar el terrorismo un contenido político y separarse de este modo de la actividad criminal ordinaria. Es una cuestión no resuelta también si puede haber un terrorismo de Estado, si el terrorismo se puede distinguir de manera nítida de la guerra y, finalmente, si un Estado, o una coalición de estados, puede declarar la guerra a algo distinto a una entidad política. Con demasiada frecuencia los medios de comunicación occidentales y el Departamento de Estado de EE.UU., quienes utilizan el término terrorismo como un concreto evidente por sí mismo, pasan por alto este carácter evasivo del concepto”.

La respuesta a ese atentado contra el símbolo de la economía norteamericana fue la declaración de la guerra contra el terrorismo por parte de EE.UU. Al Qaeda y Osama bin Laden eran apenas una representación de ese enemigo contra el que decidió enfrentarse el presidente George W. Bush. Tres años después de que Bin Laden fuera asesinado por tropas estadounidenses en Pakistán, la amenaza del terrorismo, y no sólo de Al Qaeda, sigue viva. En una guerra contra un enemigo tan cambiante y abstracto es muy difícil concebir qué significa la victoria.

Aunque el gobierno de Barack Obama evite poner “botas sobre el terreno” de otros países para luchar contra esa hidra, sí utiliza aviones no tripulados para espiar y atacar. Los “ataques selectivos” perpetrados con esas aeronaves, que han dejado un gran número de civiles inocentes muertos en varias naciones, son una muestra de las violaciones a la ley internacional de los conflictos armados y a los derechos humanos que aún se cometen en nombre de la guerra contra el terror. Las invasiones de EE.UU. a Irak y Afganistán, así como la existencia de Guantánamo, son otros ejemplos claros.

Barah Mikail, investigador de Oriente Medio de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (Fride), dice que el terrorismo es indudablemente una realidad contra la que vale la pena luchar, pero la guerra no acabará con el problema si no se centra en solucionar las raíces de la radicalización, por ejemplo en implementar políticas progresistas para mostrar mejores perspectivas a las poblaciones.

La forma en que EE.UU. invadió Afganistán e Irak, así como su tratamiento catastrófico de los períodos posteriores a la invasión, provocaron más antiamericanismo. “Los radicales y los terroristas existían antes de que se proclamara oficialmente la guerra contra el terrorismo. EE.UU. no creó el fenómeno terrorista, pero sus políticas equivocadas le permitieron crecer”, dice Mikail. En Afganistán resurge hoy el régimen talibán; en Irak, el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), una organización terrorista que compite por la hegemonía regional con Al Qaeda, se ha tomado varias ciudades.

Ante la presión estadounidense, Al Qaeda se descentralizó, se dispersó por el mundo en franquicias y surgieron otras organizaciones que se fortalecieron tanto de la guerra contra el terrorismo, como de las profundas divisiones en el Islam (entre sunníes y chiitas) y de la debilidad de los estados en donde nacieron: en Nigeria, el grupo Boko Haram ha aterrorizado a la población durante más de una década, con el propósito de sembrar la ley islámica y el rechazo a los valores de Occidente. En Somalia y Kenia es la milicia Al Shabab, que reivindica sus lazos con Al Qaeda, la que ha dejado miles de muertos. En medio de la guerra civil que vive Siria está, además del EIIL, el Frente Al Nusra, que es el representante oficial de Al Qaeda en ese país. Esas dos organizaciones se enfrentan entre sí y contra las tropas oficiales sirias, en medio de un conflicto que ha dejado más de 150 mil víctimas fatales.

Hay más ejemplos, pero quizá el más claro hoy sea Irak. Allí, EE.UU. tiene responsabilidad al permitir que la dictadura de Sadam Husein fuera reemplazada por un gobierno autoritario, lo cual provocó más frustración popular y más espacio para la difusión de los grupos terroristas. Lo que vemos hoy en Irak es, según Mikail, varias guerras de tipo étnico, religioso, ideológico, político, geopolítico, de desarrollo económico. El EIIL aprovecha la frustración que se ha creado por la postura antisuní del primer ministro Nuri al Maliki para atraer a más seguidores a su causa. También, el duro trato de Al Maliki con los sectores sunitas del país y sus malos antecedentes en la garantía de la presencia de seguridad eficiente y fuerzas militares tienen responsabilidad en la situación actual. “Sin embargo, las cosas van más allá de un simple ejemplo de una ‘guerra contra el terror’; los iraquíes están en una batalla más amplia que determinará si van a seguir juntos en el futuro o a separarse en nuevas entidades geográficas”.

Uno no podría decir que la guerra contra el terrorismo es la Gran Guerra de los últimos años. No es un conflicto armado comparable con las guerras totales (la Primera y la Segunda) que estallaron durante la primera mitad del siglo XX. El internacionalista Mauricio Jaramillo Jassir explica por qué: “Primero, porque no se trata de una guerra entre estados, sino contra un fenómeno. Segundo, porque la guerra contra el terrorismo es un conflicto asimétrico, es decir, con diferencias desproporcionadas en la correlación de fuerzas entre las partes. Y tercero, después de las dos guerras mundiales, la guerra se convierte en algo impopular, ya no es el ideal donde las naciones miden sus atributos de poder”.

 

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