Los asuntos pendientes entre Cuba y el Papa

El Papa fue mediador entre Cuba y EE.UU. para la reactivación de sus relaciones y se reunirá con Castro justo cuando el Congreso de EE.UU. está cerca de sacar a la isla de la lista de países terroristas. ¿Qué temas podrían estar en la mesa?

El primer ministro ruso, Dmitri Medvédev (d), conversa con el presidente cubano, Raúl Castro./ EFE

Se supo mucho después: el Papa mantuvo reuniones secretas con enviados de Estados Unidos y Cuba en el Vaticano en octubre del año pasado. Su papel fue esencial para que el 17 de diciembre pasado, los mandatarios de ambos países anunciaran de manera sorpresiva la reactivación de las relaciones diplomáticas entre ambos países, más de cincuenta años después de que la Revolución Cubana —con los hermanos Castro y el Che Guevara al cabeza— se tomara el poder de la isla. Durante años, Estados Unidos insistió en el bloqueo de toda actividad comercial con Cuba, que fue convirtiéndose casi en una separación de la isla del mundo occidental.

Justo por eso, para que el proceso continúe por buena senda, irá este domingo el presidente cubano, Raúl Castro, al Vaticano. O por lo menos esa es la especulación principal, dado que la reunión —de acuerdo con los portavoces del Vaticano— será privada. Sin embargo, será un punto que ambos deberán tocar, sobre todo por la visita que el Papa tiene programada a Cuba en septiembre de este año. Para entonces, si todo resulta como fue prometido, el Congreso de Estados Unidos ya habrá aprobado la salida de Cuba de la lista de países terroristas, una solicitud enviada por el presidente Barack Obama en abril. 

La mediación del Papa ha tenido un efecto casi inmediato en las actividades de la isla, que en los últimos meses ha visto cierto aumento del turismo desde Estados Unidos, y los medios han anunciado la llegada de numerosas empresas a Cuba. Poco a poco, el embargo comienza a tener un efecto menor en la isla, y parece reactivar una nueva vida que parecía perdida. Multinacionales han expresado su deseo de estar allí —en medio, por supuesto, de una explosión de promesas y horizontes abundantes—, e incluso el país espera un gran aumento de las visitas extranjeras y apuntan, desde ya, a la creación de un mercado de turismo fortalecido. 

Las buenas noticias —para unos— van llegando; sin embargo, no es ese el único tema que podría tocarse en la reunión. Justo esta semana, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos determinó que Cuba seguiría en la lista negra de países que afectan la libertad de expresión. Las razones son numerosas: las libertades mínimas para el florecimiento de una democracia son inexistentes en la isla y hacen parte de una política de antaño. El derecho a asociarse, la influencia del poder político en el judicial, la carencia de acceso a medios de expresión y la mordaza sobre periodistas y activistas de derechos humanos pone a Cuba en el mismo renglón que a Venezuela, una nación a la que la atan numerosos lazos políticos e ideológicos. Más allá del optimismo que empapa a la economía cubana, la isla no pretende —como ha reafirmado Raúl Castro— modificar de manera drástica sus políticas más comunes. No por ahora, por lo menos.

En esa misma línea está la cercana relación de los Castro con el gobierno de Rusia. En un artículo publicado este viernes, Fidel Castro afirma que “China y Rusia son escudos poderosos de la paz y la seguridad mundial”, y afirma que ambos países son una suerte de resguardos donde la humanidad podría estar a salvo. Las últimas noticias que llegan de esa zona no son prometedoras —justo en la misma materia de libertad de expresión—: artistas poco congraciados con la ideología de turno son encarcelados, oponentes son asesinados y los rezagos de cierto comunismo —emparentado con la figura casi sagrada de Vladimir Putin— potencian un ambiente de desconcierto entre sus habitantes. El jueves, Raúl Castro se reunió con el presidente Vladimir Putin, y se encuentra en Rusia para las celebraciones por la victoria de ese país sobre la Alemania nazi hace 70 años. “La asistencia de Castro a la parada demuestra que, pese a los intentos de EE. UU. de normalizar las relaciones con Cuba, la prioridad estratégica para La Habana sigue siendo Rusia”, dijo Leonid Ivashov, jefe de la Academia de Asuntos Geopolíticos, a la agencia EFE.

Ivashov tiene argumentos: Rusia y Cuba han tenido una poderosa cercanía desde la Revolución Cubana y aún después de la caída de la Unión Soviética. El deshielo de las relaciones con Estados Unidos está acompañado de un refuerzo de las relaciones con Rusia —y también, por ejemplo, con Japón—: las últimas declaraciones de los ministros de defensa de ambos países desglosan un plan próximo para armar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba y la isla sigue siendo un destino primordial para los primeros mandos del gobierno Putin. Cuba sabrá mantener las relaciones que le han permitido progresar en estos años sin perder sus nuevas oportunidades y aceptando ciertas reformas a sus sistema. Por ahora celebrará, junto con Rusia, la victoria.

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