Los 'camisas negras' van a la cárcel

El controvertido partido griego Aurora Dorada pasa por uno de sus peores momentos: sus líderes están presos y se les acusa de lavado de dinero, violencia y extorsión.

A finales de septiembre, los seguidores de Aurora Dorada protestaron enfrente del Parlamento griego. /EFE

A Nikos Mijaloliakos lo conocen como el Führer. Es un veterano militar que cayó preso en 1976, después de agarrar a golpes a un grupo de periodistas que reportaba el funeral de uno de los miembros de la Junta Militar que gobernó en Grecia entre 1967 y 1974, período bautizado como ‘La dictadura de los coroneles’. Once años después de su detención —surgida de la ira de lo que él consideraba sensacionalismo—, Mijaloliakos bautizó el movimiento Aurora Dorada para la defensa del nacionalismo griego. En su magazín inicial, el fundador apuntaba: “La política es un asunto muy sucio y nosotros demasiado puros para vernos envueltos en ella”.

La historia diría también que aunque la política sea un asunto muy sucio, la pureza de Aurora Dorada fue matizándose con los años. Sin apartarse de los fundamentos nacionalistas y avivados por sus críticas despiadadas contra la crisis económica, el movimiento obtuvo 18 de los 300 asientos parlamentarios que se jugaron en las elecciones del año pasado. Un breve resumen de sus focos de campaña: los inmigrantes deben ser expulsados, las fronteras deben ser protegidas con vallas y con minas para que ellos no entren y, si se atreven, mueran; dejar atrás los planes de la Unión Europea que ponen en ridículo el orgullo griego y desconocen su papel en la historia occidental; repudio a los comunistas y políticos de izquierda. No parece disgustarles demasiado que se los matricule en la ultraderecha, pero se exasperan cuando se les trata de neonazis, así una de sus banderas evoque la esvástica de Hitler.

Aurora Dorada dejó sus reservas hacia la política y de a poco fue destapando sus cartas. El nombre de la organización tuvo cierta sonoridad cuando uno de sus miembros, Ilias Kasidiaris, se convirtió en energúmeno durante un debate televisivo previo a las elecciones de 2012: tiró un vaso de agua a la candidata de izquierda Rena Duru y después lanzó dos puñetazos a la cara de la política comunista Liana Kastelli. La seguridad de la cadena Antena 1 lo encerró en un estudio para dar continuidad al debate. Sin embargo, Kasidiaris, quien había demostrado que la paciencia no estaba en su ideario, rompió la puerta y abandonó el estudio del canal. A nadie extrañó que no se despidiera.

Las reservas comenzaron a aparecer. ¿Quiénes eran estos simpatizantes de Aurora Dorada con camisas negras y camuflados que andaban en protestas y cuyos voceros lanzaban frases del orden “todos los que no pertenecen a nuestra raza son subhumanos”? ¿Había que preocuparse por ellos, que aunque siendo una minoría en el Parlamento decían tener a miles de jóvenes en sus bases?

En el último mes, el asunto comenzó a cambiar de manera rotunda. El 12 de septiembre, en Atenas, unos 50 ‘camisas negras’ atacaron a un grupo de nueve militantes del Partido Comunista. Los nueve fueron a dar al hospital, al tiempo que las autoridades identificaban a Anastasios Pantathís como el instigador de las golpizas. ¿Alguna pista de quién era? Sí, el responsable de Aurora Dorada para el sector de Perama.

Pasados seis días, tendría lugar el inicio de la debacle. Pavlos Fissas, un rapero de 34 años que gozaba de cierta fama por su activismo en los grupos de izquierda, fue asesinado a puñaladas. Las pesquisas llevaron una vez más al nombre de Aurora Dorada, un grupo que para entonces ya tenía el seguimiento de los servicios secretos. Cuatro de los diputados del movimiento fueron detenidos por las autoridades por aparente participación en el homicidio.

El asesinato de Fissas fue la pieza que desencadenó el efecto dominó, como si su muerte hubiese levantado la tapa que dejó salir toda la oscuridad. Las detenciones abrían la primera plana de los periódicos a diario. En una redada conjunta, las autoridades apresaron a una treintena de miembros y se ordenó la captura del líder Nikos Mijaloliakos y de su segundo, Christos Pappas. Ya no era una cuestión de desórdenes sociales, sino de toda una trama de desestabilización adelantada por una “organización criminal” llamada Aurora Dorada.

Ahora el expediente del movimiento de ultraderecha contiene varios delitos graves, mientras sus simpatizantes acuden a los tribunales a protestar por la que consideran una persecución infundada y para decir que si desean superar su fuerza primero tendrían que matarlos. Ahora todos saben que la esposa del Führer, Eleni Zarulia —también diputada de Aurora Dorada—, es propietaria de un burdel colosal en el centro de Atenas llamado ‘New Dream’. También sospechan que el grupo podría tener nexos con organizaciones criminales ligadas a la trata de personas y lavado de dinero. Existen, del mismo modo, indicios que demostrarían que células de Aurora Dorada extorsionan a los inmigrantes indocumentados, con el argumento de ofrecerles protección o una paliza en caso de no aceptar el trato.

Uno de los testigos, un miembro de Aurora Dorada que ahora colabora con las autoridades, afirmó ante el juez que su movimiento “tiene una estructura absolutamente militar con al menos 3.000 personas dispuestas a todo (...) hay alrededor de 50 falanges para operaciones callejeras y comandos de al menos seis hombres para los ataques organizados, bajo la guía de tres miembros de la organización”.

La investigación ha arrojado otros datos alarmantes, como una aparente conexión del movimiento con una facción de la Policía y el hallazgo de un arsenal en el domicilio del segundo al mando, Christos Pappas. ¿Por qué Aurora Dorada tendría en su poder pistolas, navajas y puñales, puños de hierro y hasta una bayoneta? ¿Por qué el líder Mijaloliakos tenía en su casa tres armas sin su respectivo permiso, además de 40.000 euros en efectivo?

Las preguntas hoy abundan en Grecia acompañadas de un interrogante mayor que apunta a determinar en qué momento ocurrió todo esto y cómo es que nadie se dio cuenta. Las autoridades fiscales investigan de dónde provinieron los cerca de dos millones de euros que Aurora Dorada ha obtenido este año por concepto de financiación privada.

La estrategia podría cambiar, sin embargo. Si Aurora Dorada se retira o es retirada del Parlamento, el actual gobierno, encabezado por el conservador Antonis Samarás, podría resentirse al punto de que nuevas elecciones deban ser convocadas. Las alternativas políticas se analizan a fondo. mientras que desde Bruselas la Unión Europea, con preocupada urgencia, pide que la prudencia prime en el proceder de la nación griega, en la que tanto tiempo y dinero se ha invertido para evitar el colapso económico del continente. Europa pide cordura y el Führer no está libre como para agarrarla a gritos.

 

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@Motamotta

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