Los carros de la muerte

Sea como carros bomba o siendo utilizados para arrollar gente, los automotores se han convertido casi que en un fetiche para el terrorismo internacional.

 Imagen de un carro destrozado por el atentado de ayer en Bagdad.
Imagen de un carro destrozado por el atentado de ayer en Bagdad.

Quienes creían que 2017 iba a ser distinto a 2016 se equivocaron: en menos de un mes se han presentado atentados terroristas en Turquía, Siria e Irak, masacres en cárceles de Brasil, tiroteos en Estados Unidos y un crecimiento exponencial del extremismo. Y hay una imagen del año pasado que se repite: la de camiones arrollando a personas.

Al igual que en Niza, en julio de 2016, y en Berlín, hace menos de un mes, Jerusalén fue escenario ayer de un ataque terrorista en el que un hombre, al parecer un integrante de EI de nombre Fadi Ahmad al Qunbar, a bordo de un camión, arrolló a varios soldados israelíes, acabando con la vida de cuatro de ellos. Siete se encuentran gravemente heridos.

“Por el momento sólo podemos decir que el terrorista es de Jerusalén del Este. Los soldados que estaban allí le dispararon y así evitaron que siguiera atropellando a más soldados y ciudadanos”, dijo el jefe de la Policía de Israel, Roni Alsheij. Hamás, por su parte, celebró el hecho y uno de sus voceros lo calificó como un “acto heroico”.

Un ataque que no hace sino reavivar las tensiones entre Palestina e Israel y alejar aún más la posibilidad de una paz negociada. Tras la resolución en la que la ONU condenó los asentamientos israelíes en Palestina, y con Benjamín Netanyahu envalentonado por el nuevo gobierno estadounidense, el panorama no parece propicio para diálogos.

Y ahora menos que el terrorismo le hace un favor a Netanyahu, quien desde semanas atrás hace hasta lo imposible por tapar el escándalo de corrupción que estalló tras conocerse que Netanyahu, al parecer, recibió regalos de forma ilegal por parte de un empresario israelí y otro extranjero: la política de la sangre.

Pero no sólo Israel sufre con estos carros de la muerte. En Irak, los carros bomba son pan de cada día, como en Colombia en los 80 y 90. Ayer mismo, el mercado de Ciudad Sadr, en Bagdad, fue escenario de un ataque con un carro bomba, en el que murieron 13 personas. Ese barrio, de mayoría chiíta, ya había sido víctima de otro ataque perpetrado por el EI hace una semana.

Ese 2 de enero el terrorista, al parecer integrante de EI, condujo hasta el mercado y cuando las personas lo rodearon, creyendo que se trataba de alguien interesado en contratar jornaleros para alguna obra, el carro en el que iba estalló, 32 personas murieron y varias decenas quedaron heridas. Fue una respuesta sangrienta por parte de EI a la ofensiva en su contra en Mosul.

En Siria, como si la guerra no bastara, el terrorismo también ha recurrido, recientemente, a carros bomba para imponer su miedo: el pasado 7 de enero un carro bomba en la ciudad de Asaz, en la frontera con Turquía, acabó con la vida de 43 personas e hirió a unas 50, dejando en duda la paz proclamada por Bashar al Asad tras la batalla de Alepo.

Y en Turquía, que apenas se reponía del ataque de Año Nuevo, en el que murieron 39 personas, fue víctima de otro atentado el pasado 5 de enero: cuatro personas murieron tras el estallido de un carro bomba frente al Palacio de Justicia de Esmirna, la tercera ciudad más poblada de ese país. El ataque, al parecer, fue perpetrado por un integrante del Partido de los Trabajadores del Kurdistán.

No es que no haya habido carros bomba antes. Se tiene reportes de ataques similares desde 1920, cuando el anarquista italiano Mario Buda hizo estallar un coche bomba frente a las instalaciones de un banco en Nueva York, acabando con la vida de 33 personas e hiriendo a unas 400. Sin embargo, este año, los carros bomba han regresado con fuerza.

Incluso hace poco hubo temor en Bogotá por cuenta de un reporte que alertaba sobre la posibilidad de un carro bomba, lo que fue desmentido, posteriormente, por el Ejército.

Asimismo, se han incrementado los ataques como el de Jerusalén, Niza y Berlín. Ataques sangrientos y “de bajo costo”, protagonizados por lobos solitarios y reivindicados convenientemente por el EI. Lamentable mundo este en el que la muerte va en carros.

 

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