Los encuentros con el papa

A sus 76 años en su residencia, en Medellín, Álvaro Restrepo Posada le contó a El Espectador su experiencia de conocer y trabajar de la mano del recién elegido papa Francisco.

Álvaro Restrepo Posada, un paisa que dedicó su vida a Jesús, recuerda que fue en Roma donde vio por primera vez a Jorge Mario Bergoglio en una reunión de su comunidad. El reencuentro fue años después, en el país natal del recién elegido papa Francisco.

Entre risas recuerda que un día llegó a donde Bergoglio, lo fue a saludar, "me recibió muy amablemente, yo le dije: 'su reverencia' y él muy sencillo me dijo: 'pero Che que gusto verte aquí'. Ahí sí comenzamos a hablar de tú a tú", afirma Restrepo. Y le preguntó por un 'hermano' jesuita para que le ayudara en sus labores, y el colombiano le sugirió al Hermano Elías Bohorquez. "Lo llevé a Argentina, me recibió muy amablemente y como él (Jorge Mario Bergoglio) trabajaba con los jóvenes me mandó con un estudiante a la Bombonera a ver el partido Quilmes- Boca, y dinero para cenar en El Caminito".

Por eso afirma que más que ser muy buenos amigos son jesuitas. Después los designios de Dios lo llevaron a Buenos Aires, el 9 de octubre de 1997, donde comenzó a ejercer como Provincial de Argentina. Fue allí donde volvió a ver a quien ya era el Arzobispo de la capital de ese país, Jorge Mario Bergoglio, con el que vivió cuatro momentos que aún recuerda muy bien.

El primero, el saludo que es algo protocolario, pero en el que logró volver a percibir la sencillez del arzobispo. Pasado un año le pidió que le explicara la situación del país, "me dio una clase de política argentina muy bonita, me habló de personas concretas y le decía lo que iba a pasar, y ¿cómo no? si él vivió épocas muy duras, presenció las dictaduras y me explicó todo lo que me sucedió en el peronismo".

Otro de los episodios que recuerda fue una cita personal en la que le preguntaba cuál era su parecer sobre un tema que prefirió no contar. "Esa vez yo le dije: necesito que me diga qué piensa y él muy descomplicado, me dijo: bueno y ¿dónde quieres qué hablemos?, ¿dónde te sientes cómodo?".
Después de 6 años de trabajo llegó la hora de partir, le pidió la bendición. “Me la dio y me deseó muchas cosas buenas, pero también me pidió que se la diera", recordó Restrepo, aún más esta semana cuando el ahora papa Francisco pidió lo mejor para su mandato.

Y usted ¿cómo lo define?

Es muy religioso, de oración, espiritual y como buen jesuita encuentra a Dios en las cosas, en las personas más necesitadas, es austero.
Una vez, estábamos en la Catedral en Buenos Aires y delante de todo el gobierno, incluidos los ministros dijo: “Nosotros los argentinos tenemos aquí gente de Perú, Bolivia, Paraguay, que están trabajando, ellos nos están dando una mano y muchos los llamamos indocumentados, ahora tenemos que aprender que ellos no lo son, tienen un pasaporte y una identidad, lo que hacen es ayudar”.

 ¿Cómo era el trabajo de Bergoglio en Argentina?

Tenía mucha cercanía con la gente pobre, organizaba grandes peregrinaciones, estaba en los santuarios, iba a las procesiones, por ejemplo a las de la Virgen de Luján, que son durante toda la noche. Él salía y caminaba con miles de personas, se acercaba a todos a hablarles, (profesores, empresarios, pobres).

 ¿Cómo era su relación con los jóvenes?

Se ganó el clero joven de Buenos Aires. Por ejemplo lo llamaba un cura joven y le decía van a operar a mi mamá y no sé qué hacer. Él respondía: "ándate vos, que yo tomo la parroquia estos días".
Entonces creció la pastoral juvenil y cuando era arzobispo se vivió mayor vocación y creció la comunidad.

 Dicen que el nuevo papa es cercano a la teología de la liberación, ¿usted qué sabe del tema?

Hay varios matices, pero lo que no se está diciendo es que en Argentina la teología de la liberación es fundamentalmente cultural, ellos son absolutamente comprometidos en el trabajo con los pobres, es más ellos afirman "que la gente sea quien nos enseñe a nosotros y nos evangelicen".

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