Los límites de la potencia

Las revelaciones de espionaje afectan seriamente el margen de maniobra de Washington en el mundo, en momentos en que le urge trabajar de la mano con sus aliados.

Un hombre protesta durante la comparecencia del Director Nacional de Inteligencia de EE.UU., James Clapper. / EFE

No obstante, cuando la semana pasada se hizo pública una supuesta labor de espionaje sobre Francia, el tema adquirió nuevas dimensiones que afectan seriamente el margen de maniobra de Washington en el mundo, en momentos en que le urge trabajar de la mano con sus aliados para resolver temas de la mayor complejidad en Oriente Medio, Asia Central y el noreste asiático.

La crisis puede tener consecuencias inadvertidas hasta el momento, porque Francia revive como en los momentos más críticos de la Guerra Fría el antiamericanismo y la desconfianza frente a la única superpotencia en el contexto de la globalización. Las reacciones de Alemania y Francia demuestran la dificultad que enfrenta Estados Unidos con Europa, porque por más que estas naciones necesiten de Washington, el descrédito de éste frente a la sociedad europea es innegable.

Lo que es peor, el gobierno de François Hollande atraviesa uno de sus peores momentos en el tema de los derechos humanos por la expulsión de la estudiante gitana de origen kosovar Leonarda Dibrani, que mostró una cara de la izquierda francesa que pocos esperaban. De allí que, lo quiera o no, debe haber una enérgica repuesta frente a su aliado transcontinental.

A pesar de los pronunciamientos del Congreso estadounidense sobre mejoras en los procesos de inteligencia en la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), la filtración de estas informaciones puede representar un duro revés para la administración de Barack Obama, así ésta no sea responsable exclusiva del tema. Es de recordar que en la paranoia de la guerra global contra el terrorismo se han cometido todo tipo de abusos, sin que haya habido correctivos de trascendencia. El testimonio más fiel de aquello es la imposibilidad del presidente más poderoso del mundo para cerrar el vergonzoso centro de detención de Guantánamo. El escándalo, además, vuelve a poner en entredicho la legitimidad y el buen tino con los que Obama fue galardonado con el Premio Nobel de Paz.

El distanciamiento entre Estados Unidos y Europa muestra que, aunque se ha avanzado sustancialmente para que la seguridad y la inteligencia sean compatibles con la democracia y los derechos humanos, la convicción de algunas potencias en este tema aún es débil. En el futuro cercano puede concretarse un escenario aún más catastrófico para Estados Unidos y Occidente: si Washington espió a sus aliados europeos, también es probable que lo haya hecho con estados del mundo árabe y musulmán. De conocerse una información de ese tipo, el gobierno Obama deberá prepararse para una radicalización del discurso antioccidental, que en este caso particular tendría una justificación de peso. Valga reconocerlo.

Cuando se dio a conocer que Washington habría utilizado su apartado de espionaje en algunos países de América Latina, la respuesta era obvia. La mayor parte de los estados de la denominada nueva izquierda protestó airadamente, sin que Washington hubiese dado una respuesta a la altura de las circunstancias. Probablemente en ningún grupo de poder cercano a la Secretaría de Estado, el Legislativo o la Casa Blanca se pensó que el escándalo afectaría gravemente los intereses de Estados Unidos.

* Profesor de la U. del Rosario.

 

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