Los mandamientos de Ted Cruz

El senador por el estado de Texas y hoy gran rival de Donald Trump por la nominación presidencial del Partido Republicano despierta temor entre los políticos por su conservadurismo religioso. “Gobernaría con la Biblia”, dicen.

El precandidato a la Presidencia de EE.UU. Ted Cruz tras su triunfo en las primarias republicanas en Oklahoma, Texas y Alaska. / AFP

Dicen que Ted Cruz no tiene amigos. Que en el Senado, ni sus colegas del Partido Republicano ni los demócratas lo quieren. Lo califican de intransigente, terco e incluso lo comparan con los extremistas religiosos del Islam. Sus compañeros de bancada explican que se adhiere a la lectura de la Biblia y dice no actuar por fuera de los diez mandamientos.

Desde que llegó a Washington se dedicó a hacer enemigos, pues considera que en política “los aliados no existen” y el diálogo no está permitido cuando se defienden principios “inamovibles”. No hace pactos ni se permite un cambio de opinión. Acusa a los republicanos de haber vendido sus ideas conservadoras al mejor postor. Es un activo miembro del Tea Party, el ala radical de los republicanos.

En cada uno de sus mítines aparece escoltado por un pastor y por algún pastor o copartidario ultraconservador que delinea sus ideales. Uno de ellos, el representante republicano de Iowa Steve King, quien dijo que los inmigrantes son como “terneros del tamaño de melones cantalupos, porque transportan 75 libras de marihuana por el desierto”.

Por eso hay quienes dicen que la única diferencia entre Cruz y Donald Trump son los millones de dólares que el segundo tiene. “Son iguales, si miramos sus discursos atacan a las mismas minorías y defienden el conservadurismo extremo”, explican analistas de The Politico.

Es un enemigo declarado de los medios de comunicación. “La prensa suele dividir a los conservadores en dos grupos: malvados y estúpidos. Es un honor que hayan creado una tercera categoría para mí: loco”. De hecho, el senador republicano Jonh McCain lo bautizó como “el pájaro loco”.

Lanzó su campaña en la Universidad Liberty, donde fue presentado por el rector Jerry Falwell junior, hijo del fundador de la institución, Jerry Falwell sénior, azote de homosexuales, a los que culpaba de corromper a los jóvenes estadounidenses a través, por ejemplo, de los Teletubbies. Falwell también dijo que “nos merecemos el 11-S por el aborto”.

Pero es gracias al voto de los cristianos más conservadores, esos que comulgan con estas ideas que Cruz hoy tiene todavía opción de ganarle a Trump la nominación republicana. Este grupo de votantes que representa el 19 % del voto, es quien lo ha llevado a donde está. Tras ganar tres estados en el supermartes les pidió a sus rivales John Kasich y Marco Rubio retirarse para disputarle la nominación a Trump.

Aunque su nombre también divide el partido. Algunos representantes del establishment del Grand Old Party han dicho preferir a Trump frente a Cruz, pues consideran que el magnate es imprevisible pero adaptable.

Cruz no se sale de lo que él llama sus siete mandamientos: “El buen conservador, dice, se opondrá al derecho al aborto (1), defenderá el matrimonio heterosexual (2) y el derecho a las armas (3), revocará la reforma sanitaria de Obama (4), combatirá a las élites de ambos partidos, lo que él llama el cartel de Washington (5), se opondrá a la reforma migratoria (6) y romperá el acuerdo nuclear con Irán (7)”.

Por eso despierta miedo en las filas republicanas y fuera de ellas. Stephen King, escritor de novelas de terror, se confesó aterrorizado por Cruz. En una entrevista a Daily Beast, dijo que Cruz le da “mucho miedo” y lo explicó así: “En realidad, yo creo que Trump, al final, sería más elegible que Cruz porque Cruz es un cristiano fundamentalista y casi sería como elegir el análogo de un imán, alguien cuyo primer principio rector sería la Escritura en lugar de la Constitución”.

No hace gala de su origen hispano (es hijo de cubanos). De hecho, no habla español. Aunque critica a la élite, pertenece a ella: Cruz es abogado de las Universidades de Princeton y Harvard y su esposa es directiva del gigante de la banca de inversión Goldman Sachs. Ningún otro candidato conoce tan bien la Constitución como él, pues la aprendió de memoria. Al igual que la Biblia, pues recita apartes de memoria. Siempre arranca sus discursos con una oración y las termina con un “amén”. Las encuestas dicen que le recorta distancia al magnate y que el próximo 15 de marzo se sabrá si es Trump o Cruz.