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¿Por qué los periódicos en inglés no sirven para entender el terrorismo?

Kalev Leetaru creó un sistema para monitorear y traducir, casi en tiempo real, la información sobre fenómenos relacionados con el extremismo violento en 65 lenguajes.

AFP

 El grueso de la población en Occidente se entera del terrorismo a través de los medios de comunicación. Son frecuentes las noticias de los “grupos islamistas” (o los “grupos islámicos”, o los “grupos extremistas”, o los “radicales”, o los “islamistas radicales”, o los “yihadistas”, etc.) que en algunos países de África, Oriente Medio y Asia llevan a cabo atentados terroristas y buscan imponer una “rígida”, “violenta”, “antidemocrática”, “autoritaria”, “cruel” y “represiva” ley musulmana.

Parafraseando al intelectual palestino Edward Said, en su libro Cubriendo el Islam, se podría decir que el constante uso irreflexivo –o conscientemente manipulado- de esos términos por parte de periodistas, líderes políticos, analistas internacionales y un creciente número de “expertos” occidentales, termina asociando de manera automática al terrorismo y al Islam. Una construcción de sentido demasiado reduccionista y distorsionada sobre ambos conceptos.

No sólo el ciudadano común termina con esta distorsión en la cabeza. También es un problema para países como Estados Unidos, que en el marco de su “guerra contra el terrorismo” monitorean ese inasible fenómeno a través de los medios de comunicación y de analistas especializados. Kalev Leetaru, profesor del Instituto para el Estudio de la Diplomacia en la Escuela Edmund A. Walsh de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown, dedica un artículo recién publicado en Foreign Policy a explicar por qué esos medios en inglés, así como los expertos contratados por EE.UU., simplemente no sirven para entender el terrorismo.

Según el autor, después de haber invertido cientos de millones de dólares en el monitoreo global en los últimos años, una buena parte del entendimiento estadounidense sobre los patrones del extremismo violento viene de leer medios occidentales escritos en inglés. Aunque sus agencias de inteligencia interceptan las comunicaciones de los extremistas, estas son de poca utilidad, en parte porque muchos de los analistas no entienden el árabe o el farsi.

Lo mismo pasa con muchos periodistas, expertos, analistas y demás personajes que suelen pronunciarse en los medios. El desconocimiento del lenguaje en el que operan esos “grupos terroristas” y en el que también está escrito el Corán, es un obstáculo inmenso para entender el terrorismo (aunque este concepto va mucho más allá del mundo árabe y musulmán) y el Islam. A lo sumo, lo que proveen esos expertos es una lejana interpretación de lo que realmente constituyen estos fenómenos. “¿Cómo espera Washington contrarrestar el extremismo violento cuando los analistas encargados de monitorearlo no pueden entender si quiera una palabra de lo que leen?”, pregunta Leetaru.

Sería ingenuo pensar que no hay un solo analista contratado por el Departamento de Estado que hable árabe o farsi. Seguro los hay, aunque no sean suficientes para abarcar toda la información en las lenguas locales de los países con un alto nivel de terrorismo. También sería ingenuo pensar que el lenguaje es la única barrera para entender el terrorismo, se necesita además un conocimiento profundo del contexto histórico, político, socioeconómico, espiritual, etc., que motiva el surgimiento de estos comportamientos.

Leetaru detectó otro problema. En la reciente Cumbre para la lucha contra el Extremismo Violento –un encuentro de tres días dedicado a discutir los pasos concretos que deben dar EE.UU. y sus aliados para reducir ese fenómeno en el mundo- William Braniff, director ejecutivo de START, ofreció un panorama global de las tendencias del terrorismo con base en un centro de información llamado Global Terrorism Database (GTD), creado por la Universidad de Maryland y apoyado por el Departamento de Defensa estadounidense.

Este centro de datos, dice Leetaru, es considerado una fuente definitiva de información sobre el terrorismo global y es usualmente citado por grandes medios estadounidenses como CNN, el New York Times o el Washington Post. Sin embargo, se fundamenta casi exclusivamente en fuentes de noticias en inglés. “Cuando el diario Los Angeles Times se cita entre el material de primera mano sobre un secuestro del Estado Islámico en al- Bab, Siria, y el Chicago Tribune aparece como una fuente principal de un ataque con granadas contra un mercado en Rajuri, India, hay que cuestionar la exhaustividad de los datos de GTD” .

Hay que cuestionarla sobre todo cuando, según la propia lista del GTD de los 10 países con mayores ataques terroristas en 2013, sólo uno (Nigeria) tiene el inglés como su lenguaje principal y sólo otros dos (India y Filipinas) lo tienen entre sus lenguajes oficiales. Leetaru explica que, juntos, estos tres países representan el 17% de los ataques y el 16% de las muertes ocasionadas por el terrorismo en 2013, dentro de ese ranking de 10 países. Es difícil entender por qué ese énfasis en las agencias de noticias en inglés, en vez de mirar las agencias de noticias en la legua local en los países donde ocurrieron el 83% de los ataques.

La GTD es sólo un ejemplo. El autor cita otros perturbadores casos, como que el Intelligence Advanced Research Projects Activity-funded HealthMap se perdió de las primeras advertencias sobre el esparcimiento del ébola, porque estas venían de medios en francés. El Worldwide Integrated Crisis Early Warning System (el programa W-ICEWS) se basa casi exclusivamente en agencias de noticias en inglés con una pequeña cantidad de material traducido, que es incorporado principalmente desde el Open Source Center de Estados Unidos, responsable de monitorear y traducir las noticias globales y las redes sociales.

El Open Source Center, sin embargo, obtiene más de la mitad de su material de agencias en inglés, usa principalmente agencias europeas para el cubrimiento de África y tiene un escaso cubrimiento de Latinoamérica. Además, dice Leetaru, el cubrimiento de regiones que tienen un alto índice de terrorismo es muy pobre: en el caso de Bangladesh, cuyo idioma oficial en el bengalí, tuvo en promedio un artículo traducido por semana durante 20 años.

Ante este déficit de monitoreo de la información producida por los medios locales, el propio Leetaru ideó en dos meses y medio un sistema (el GDELT) capaz de traducir la información global en tiempo real. El GDELT traduce automáticamente al inglés la totalidad de las noticias globales que monitorea en 65 lenguajes, que representan el 98.4% de su volumen de monitoreo diario de noticias que no están en inglés. Si bien la traducción automática es imperfecta (aunque tiende a mejorar), según el autor esta es una vía para por lo menos identificar los eventos, personas, organizaciones y demás circunstancias relacionadas al extremismo violento en otras latitudes.

A diferencia de los esfuerzos del Pentágono, “el GDELT puede operar sobre lenguajes del mundo en tiempo real, en vez de estar limitado a un pequeño grupo de agencias de noticias occidentales en inglés para entender eventos que se desarrollan en alguna esquina remota del mundo”, dice Leetaru.

Con esta iniciativa de traducción masiva, por lo menos EE.UU. podría depender cada vez menos de sus propias agencias de noticias para rastrear a su enemigo, el terrorismo, y ampliar las regiones en las cuales puede monitorearlo. Pero para Leetaru sólo archivar la información no es suficiente, sino que debe analizarse, por eso también ha impulsado sistemas para mostrar en el mapa patrones de temas socioculturales o de DD.HH., lo cual podría llevar a un mejor entendimiento sobre determinados grupos, etnias, religiones, en determinadas regiones; o a visualizar en el mapa del mundo las zonas de mayores violaciones a los DD.HH., una vez indexados múltiples reportes de organizaciones internacionales que defienden estos derechos.

“En vez de consultas de palabras claves en la web, esta interface hace posible mapear de manera inteligente relaciones entre grupos específicos, fuerzas motrices, abusos de derechos humanos, y geografía… es posible rastrear casi en tiempo real la dispersión de ideologías extremistas, creencias y acciones, y las corrientes subterráneas que las soportan”.

Queda abierta la pregunta sobre si este sistema en algo contribuirá a eliminar las distorsiones actuales y a obtener una mejor comprensión o por lo menos ampliar las perspectivas que en Occidente se tienen sobre el terrorismo y el Islam. No obstante, en la era digital ya no resulta tan descabellado pensar que la apertura a un diálogo intercultural y a una visión menos sesgada del mundo empiece a partir de la máquina y sea completado por el individuo.

*Lea el artículo Why we can´t just read English newspapers to understand terrorism