Los retos de la industria petrolera

En febrero de 2013, cuando inicie su nuevo período, el gobierno deberá revisar el balance entre los planes sociales y una industria que asegure el crecimiento.

Miles de venezolanos que se han beneficiado de los programas sociales del gobierno acudieron a votar.  / EFE
Miles de venezolanos que se han beneficiado de los programas sociales del gobierno acudieron a votar. / EFE

El resultado electoral en Venezuela es una buena oportunidad para revisar la comprimida panorámica de la industria petrolera y sus retos para los próximos años.

El reventón de Los Barrosos-2 en 1922 marcó el comienzo de la era petrolera contemporánea en Venezuela, dando inicio a una frenética actividad de exploración y explotación. Ya para 1929 el país era el segundo productor mundial y el petróleo representaba el 80% de los ingresos del Estado.

La bonanza petrolera proporcionó cuantiosos recursos al gobierno de Juan Vicente Gómez y empezó la transformación de una sociedad rudimentaria en un país moderno con una población saludable y educada, así como una fuerte clase media. Durante décadas el país se apoyó en un modelo centralizado, administrado por una sucesión de gobiernos paternalistas. Resulta fácil entender que así fueran las cosas en aquellos tiempos, pues quizá solamente un gobierno fuerte con dinero abundante podría sacar al país del atraso.

Entre 1948 y 1962 se instaló la Teoría de la Dependencia, un sistema de sustitución de importaciones, tarifas, controles de precios, subsidios y moneda sobrevaluada. El balance: un déficit fiscal crónico, desequilibrios de la balanza de pagos, inflación, recesión, fuga de capitales y deuda externa. El petróleo continuaba alimentando las arcas oficiales y se acentuaron el centralismo, el poder discrecional del gobierno y el tráfico de influencias.

No obstante el llamado de Arturo Uslar Pietri a “sembrar el petróleo”, la inmensa dependencia del hidrocarburo siguió dominando todos los espacios dejando pocas oportunidades a la diversificación económica. Se acentuaban los contrastes sociales y las desigualdades, caldo de cultivo para confrontaciones políticas. Los costos de mantener el ineficaz aparato oficial se hicieron insostenibles y la viabilidad del sistema se fue debilitando.

El obstáculo fundamental ha sido la debilidad institucional, la cual se convierte en terreno propicio para el populismo. La producción petrolera continuaba aumentando y en 1976 el país nacionalizó su industria petrolera y constituyó Petróleos de Venezuela S. A. (Pdvsa). Tal vez se hubiera podido mantener el sistema prevalente, con las empresas operando con estrechos márgenes y el gobierno capturando la mayor tajada. Pero había fuertes presiones, pues ya eran muchos años de explotación y pobreza. Pdvsa se estructuró mediante una ley orgánica especial, pues contenía todas las provisiones necesarias para protegerla de las debilidades y los vicios seculares de las empresas estatales. Los gobiernos venezolanos hasta 1999 se apegaron a la ley, lo cual garantizó la solidez operacional y la autonomía financiera que convirtieron a Pdvsa en una petrolera de clase mundial.

Durante la década de los 70 el embargo petrolero en Oriente Medio, iniciado por Libia, seguido de la guerra del Yom Kippur, aumentaron los precios en 400%, lo cual trajo para los refinadores dificultades para obtener crudo. Venezuela aprovechó las penurias de los refinadores para adquirir refinerías en otros países, dando inicio a la estrategia de internacionalización. El primer paso se dio con la Veba Oel en Alemania y luego con las adquisiciones en Estados Unidos que originaron el sistema de Citgo. Pdvsa se fortaleció como empresa multinacional.

Durante la década de los 90 se adelantó la Apertura Petrolera. Se constituyeron entre Pdvsa y empresas petroleras 4 asociaciones estratégicas en la Faja del Orinoco, 33 convenios operativos y 8 asociaciones para exploración a riesgo. El propósito: robustecer una actividad petrolera que llevaba años estancada. La apertura se hizo con estricto apego a la legislación vigente: acuerdos por tiempo definido, garantía de control estatal y aprobación del Congreso Nacional en sesión bicameral. Pero su objetivo más importante era el de acercar la sociedad al petróleo.

La elección de Hugo Chávez coincidió con un aumento sostenido y prolongado del precio petrolero, que se tradujo en un viraje de regreso a un gobierno todopoderoso. Pero más allá de los postulados de su revolución, el presidente aprovechó el positivo impulso inercial de los proyectos y las inversiones en marcha. Aunque modificó las participaciones accionarias en las asociaciones estratégicas y canceló todos los convenios de regalía del Orinoco, redujo el impuesto sobre la renta de 66,7% a 50%.

El despido de miles de trabajadores tuvo gran impacto sobre el desempeño de la empresa. En el plano internacional, más allá del discurso retador contra EE.UU., todo continuó igual, excepto que el volumen de exportación a ese país fue decayendo, debido a la declinación de producción y nuevos compromisos con Latinoamérica y el Caribe. Es cierto que el inmenso caudal de ingresos ha permitido al gobierno adelantar importantes programas sociales, como las misiones y el Plan Vivienda, pero el modelo de gobierno tiene todos los problemas seculares de épocas pasadas.

El reto en el nuevo período de gobierno, que comenzará en febrero de 2013, será revisar el balance entre los mecanismos de beneficios sociales y una estructura institucional de la industria petrolera que asegure que el gobierno maneje las políticas. También será necesaria la creación de una agencia oficial autónoma que se encargue de regular y administrar, y un espacio de libertad empresarial que asegure la continuidad del crecimiento y el fortalecimiento petrolero del país, tal como se ha hecho en Brasil y Colombia.

 

*Expresidente de Pdvsa. [email protected]