Las torpezas de Boris Johnson, el nuevo secretario de Asuntos Exteriores de Reino Unido

Johnson se coló en el gabinete de la nueva primera ministra británica, Theresa May, generando dudas sobre su idoneidad para encargarse de las relaciones exteriores del Reino Unido, teniendo en cuenta que, en varias ocasiones, ha insultado a importantes líderes extranjeros.

Boris Johnson, nuevo secretario de Asuntos Exteriores del Reino Unido. EFE

Nadie pareciera menos indicado para ser el secretario de Asuntos Exteriores del Reino Unido que el exalcalde de Londres, Boris Johnson: No ha habido jefe de Estado al que no haya insultado, sin contar su cuestionada labor como promotor del brexit. Y, sin embargo, la nueva primera ministra británica, Theresa May, lo eligió para ese cargo, generando una oleada de críticas y perfilando lo que va a ser su gobierno, por lo menos en esa materia. La designación de Johnson ha llevado a varios medios de ese país a desempolvar algunos de los comentarios que Johnson ha hecho en contra de líderes mundiales. Por ejemplo: el poema que le escribió al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, con el que se ganó un concurso y mil libras esterlinas: "Erase una vez un joven de Ankara/ con fama de gran masturbador/ hasta que echó una cana al aire/ con la ayuda de una cabra/ aunque ni siquiera se paró a dar las gracias". (Lea: Sarcasmo y críticas tras el nombramiento de Boris Johnson como titular de Exteriores).

Y es que Johnson puede que tenga habilidad para la poesía pero no para la diplomacia. A la Unión Europea, por ejemplo, la comparó con Adolfo Hitler y con Napoleón. Y ahora va a ser quien se encargue, entre otras, de mediar entre Downing Street y Bruselas para darle rienda suelta al Brexit. Estados Unidos, el otro gran socio del Reino Unido, no ha estado exento del cuestionado humor de Johnson. A la candidata a la Presidencia de los Estados Unidos por el Partido Demócrata, Hillary Clinton, la comparó con una enfermera de un hospital siquiátrico. Y luego, en vez de arreglarla, la empeoró: "Pensé que si Bill (Clinton) era capaz de lidiar con Hillary, sería seguramente capaz de hacer frente a una crisis global", dijo luego, provocando que se lo señalara como machista. Y de Trump ha dicho que le molesta profundamente que lo comparen con él. Y del presidente Barack Obama ni se diga: ha dicho, de forma despectiva, que es un presidente medio keniata, por lo que ha sido acusado de racismo, del mismo que le endilgaron durante la campaña por el brexit, en la que apeló a la xenofobia británica para que este país votara a favor de su salida de la UE. 

De la misma forma ha sido acusado de racista y colonialista debido a sus comentarios sobre Asia y África. Johnson ha llegado en muchas ocasiones al ridículo. El año pasado, durante un viaje a Japón, derribó a un pequeño niño durante un partido de rugby, algo desproporcionado si se tiene en cuenta que era un evento social. Johnson es hasta temerario: ha llegado, incluso, a comparar al presidente ruso, Vladimir Putin, con un elfo. Y, pese a todos estos pergaminos, Johnson fue elegido secretario. No obstante, hay que decirlo: la de Johnson es casi que una resurrección política. Tras la victoria del Brexit, se esperaba que Johnson se presentara a la contienda para reemplazar al saliente primer ministro David Cameron; sin embargo, no lo hizo, por lo que fue visto como alguien que agitó el avispero para luego huír. Y entonces Therese May quedó de primera ministra y vino la sorpresa. (Lea: La mala broma de Boris Johnson)

Aunque Johnson no va a ser quien se encargue directamente del brexit (esa función va a recaer en el parlamentario euroescéptico, David Davis), igual va a ser protagonista de este proceso, y todos estos cuestionamientos en su contra ya han puesto con los pelos de punta a sus contrapartes en el bloque continental. El encargada de Relaciones Exteriores de Francia, Jean-Marc Ayrault, le dijo a una emisora de su país que Johnson era un mentiroso. Su homólogo alemán, Frank-Walter Steinmeier, lo tildó de irresponsable. Incluso miembros de su propio partido que también ingresaron al gabinete de May, como la nueva ministra del Interior, Amber Rudd, han criticado duramente a Johnson. Rudd, por ejemplo, sostuvo que aunque había que reconocer el liderazgo de Johnson, no era una persona "en la que pudieras confiar para llevarte a casa". Hay tanto escepticismo por parte de la UE con Johnson como el que hay en el sentido contrario y falta ver de qué manera esto afectará al divorcio político más importante de lo que va del siglo XXI.