"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 1 hora

Los trenes de la paz

El gobierno dialoga con dos milicias armadas que disputan territorio. Pese a los ires y venires de la guerra aún existe una oportunidad para el fin del conflicto.

Postal de Manila, la ciudad capital habitada por cerca de 1.6 millones de habitantes / Foto: Víctor de Currea-Lugo

Actualmente en Filipinas hay dos procesos de paz. Una trabajadora de derechos humanos lo define así: “es como dos vías férreas, pero en una el tren avanza y en la otra el tren está temporalmente estancado esperando su momento para reiniciar el viaje”, lo dice en relación con los procesos paralelos entre el gobierno filipino con el Frente Moro de Liberación Nacional (MNLF) y el Frente Moro de Liberación Islámica (MILF).

En Zamboanga, un abogado explica que otro factor de distinción entre los dos grupos es su componente étnico y el momento político en que surgen: mientras el MNLF nace en los años 70 impregnado de nacionalismo, el MILF nace en los años 80 influido por al auge el islam político.

- El tren de paz que espera

La idea de un proceso de paz con el MNLF empezó en 1976, con la declaración oficial que apuntaba a crear una región autónoma con dos ciudades de referencia: Cotabato y Zamboanga, documento conocido como el Acuerdo de Trípoli.

Pasada la dictadura de Marcos, la nueva presidente Aquino se reunió en 1986 con el MNLF. De 1992 a 1996 hubo otra ronda de conversaciones dando lugar a Acuerdo Final de Paz, que incluye cinco puntos: el del sistema judicial y la ley islámica, las fuerzas de seguridad, el sistema educativo, el desarrollo económico y los recursos naturales y, finalmente, la participación política. Además se creaba una zona especial de paz y desarrollo.

Este Acuerdo permitió que el líder del MNLF, Nur Misuari, fuera elegido gobernador de la Región Autónoma de Mindanao Musulmán, entre 1996 y 2002. Durante este tiempo el MNLF estuvo militarmente inactivo y algunos de sus miembros ingresaron a las Fuerzas Amadas.

La pírrica gestión política de Misuari, sumada a la precaria estructura de Región Autónoma, llevó a que ésta fracasara. Solo hasta 2010 un gobierno interino de la Región Autónoma trató de implementar parte de lo acordado pero, me dicen en Zamboanga “ya era demasiado tarde”.

Una parte del MNLF ya había vuelto a las armas y su acuerdo con el gobierno seguía pendiente: 17 años después de su firma, todavía se discutían aspectos del gobierno local y la geografía de la Región Autónoma. Por eso en 2013 lanzó una ofensiva en Zamboanga, como una demostración de fuerza. Hoy pareciera estar a la espera de qué pasa con el proceso entre el gobierno y el MILF. Este es pues el tren que está estancado en la vía.

- El tren de paz que avanza

El otro tren en movimiento es el proceso de paz con el MILF, cuyo primer momento fue en 1997, con rupturas en 2000 y 2003. El momento más cercano a la paz fue en 2008, cuando ya las delegaciones iban camino al aeropuerto hacia la ceremonia de firma y la Corte Suprema declaró que el proceso era inconstitucional. Así, los enemigos de la paz, amantes ahora sí de los legalismos, abortaron el proceso y la guerra reinició dejando miles de desplazados.

Por fin, en octubre 2012, se firmó un acuerdo de paz que amplía el proyecto de autonomía, pasando de la muy criticada Región Autónoma de Mindanao Musulmán al reconocimiento de la anhelada Bangsamoro como entidad autónoma.

El plan de paz tiene cuatro anexos: distribución del poder, distribución de las riquezas, los acuerdos de transición y la llamada “normalización” (justicia transicional, desmovilización, delincuencia local, policía local, retiro del ejército filipino), todo apuntando a la creación de Bangsamoro.

La agenda de la paz con el MILF incluye repartir las riquezas: a las arcas locales irían el 100% de las ganancias de minerales no metálicos, 75% de los minerales metálicos, y el 50% de gas, petróleo, carbón y uranio. Como la policía es percibida como ajena a la comunidad, la propuesta de paz incluye la creación de un cuerpo de seguridad local.

El MILF tomaría parte, como partido político, en las próximas elecciones y habría un plebiscito de refrendación, pero todo eso está en peligro pues los enemigos de la paz ya preparan demandas por si el proyecto de ley que regularía Bangsamoro es aprobado. Un líder local reconoce que “un buen proyecto de paz juntará a los dos grupos pues esencialmente persiguen lo mismo”.

Aunque se firme la paz con los dos grupos musulmanes, queda pendiente el frente comunista (el NPA) y grupos radicales como Abu Sayyaf. Resulta curioso como este grupo se menciona más en el exterior pero es bastante marginal en Filipinas.

Discutir a varias bandas y con varios grupos, los cuales tienen tensiones entre ellos, no ha impedido avanzar en procesos como el actual con el FILM. La sociedad civil se ha movilizado muchas veces a favor de la paz exigiendo a los armados que se sienten a negociar y que avancen.

- El futuro que aguarda

La paz requiere realismo, paciencia filipina y mucha imaginación. Una trabajadora de derechos humanos en Cotabato me decía que “se están abriendo nuevas tiendas, eso es un indicador de esperanza”. Y continúa: “los académicos no cuentan eso como un indicador del proceso, pero para la gente que vive la guerra sí lo es” y se burla.

Pero no se ven muchas esperanzas en el sistema político ni se prevén cambios sociales. Discutiendo sobre la fortaleza de la democracia, un abogado me dice: “aquí la gente es libre de elegir quien le paga por el voto”. Por otro lado, la pobreza es significativa en Mindanao y la paz pasa por atender agendas de desarrollo. Los musulmanes en Pagadian me dicen: “no nos sentimos discriminados por ser musulmanes sino por ser pobres”.

Me intriga por qué un Estado tan fuerte y con el apoyo de Estados Unidos acepta negociar y compartir los recursos naturales con los rebeldes que se harán sin duda con el poder local. Y la respuesta, a los ojos de uno de mis entrevistados, es simple: “ellos también quieren acabar la guerra, ellos saben que no pueden derrotar a los rebeldes”.

Pero la paz tiene muchos enemigos. Uno de ellos es la desinformación sobre el proceso de paz, presentado a veces fuera de Mindanao como un proyecto separatista. Los habitantes de Pagadian sostienen que si la paz fracasa sería una gran decepción; en Zamboanga, me dicen que muchos no se sienten representados en el MILF y en Cotabato que “la lista de enemigos incluye parlamentarios, militares y políticos locales”.

Me despido preguntando: ¿qué pasa si el proyecto de ley sobre Bangsamoro fracasa? La Región Autónoma fracasó, el acuerdo de 1996 no fue implementado y la paz fue abortada en 2008 ¿por qué creen que ahora sí funcionará? Y me responde uno de los simpatizantes de los rebeldes: “No tenemos un plan B, pero si fracasa el proceso nos queda la guerra, no más conversaciones y lanzar operaciones a gran escala”. Esperemos que los políticos de Filipinas entiendan la oportunidad política de construir la paz.