Los ultras que apoyan a Trump aunque este lo niegue

Varios supremacistas blancos se reunieron la semana pasada en Nueva York para apoyar a Donald Trump. Al preguntársele al respecto, el presidente electo de los Estados Unidos sostuvo que no reconocía su apoyo y que, todo lo contrario, los condenaba. Todo pese a que su asesor en jefe, Stephen Bannon, es cercano a este grupo conocido como la alt-right.

El presidente electo, Donald Trump, tras su entrevista con The New York Times. AFP

No es Alemania ni es 1939; es Estados Unidos y es el año 2016. Supremacistas blancos reunidos en Nueva York levantan su brazo derecho, imitando el saludo Nazi, y vitorea al presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump. Se trata de un encuentro del National Policy Institute, un think tank de ultraderecha, fundado por el supremavista Richard B. Spencer, quien es el que dirige el evento. El creador de lo que se conoce como la alt-right (la derecha alternativa) enardece a los asistentes criticando a la prensa y haciendo declaraciones abiertamente racistas. 

"En el futuro, la alt-right puede, en tanto que vanguardia intelectual, completar el trabajo de Trump", dice Spencer. Pero ¿qué es la alt-right? Se trata, antes que de un movimiento, de un grupo de personas de ultraderecha, contrarias al establecimiento, incluyendo, al Partido Republicano. Los une sus posiciones homofóbicas, xenófobas, misógenas, racistas y antisemitas. Su reconocimiento se lo deben, sobre todo, a Internet, a portales como Breitbart, cuyo exdirector, Stephen Bannon, fue elegido por Trump como su asesor en jefe, causando un profundo malestar en varios sectores de la sociedad estadounidense. 

Trump ha defendido su nombramiento, asegurando que -pese a todas las evidencias- Bannon no es un supremacista blanco y, mucho menos, racista. El presidente electo dijo, en entrevista con The New York Times, que "si hubiera creido que Bannon era racista, alt-right, o cualquiera de esas cosas, no hubiera pensado, si quiera, en contratarlo" y que Breitbart era "solo una publicación" más. Y, sobre la alt-right, dijo que no era un grupo al que quisiera empoderar. Y si están empoderados quisiera averiguar por qué". 

Ante la insistencia de los periodistas, Trump dijo, en referencia a Spencer y sus seguidores, que no los apoyaba y que, de hecho, los condenaba. Sea como sea, lo que Trump no puede negar es que movimientos como este fueron vitales para su victoria y, aunque no se pueda decir que quienes votaron por el republicano son racistas, sí se puede decir que muchos supremacistas blancos votaron por él y que algunos, como el Ku Klux Klan, se mostraron dichosos con su victoria y que esta ha animado incidentes racistas por todos los Estados Unidos. 

Al conocer de estos incidentes violentos, Trump sostuvo, en entrevista con CBS, que sentía "mucho escuchar eso y les digo deténganse. Lo digo directo a la cámara, deténganse". Pero los incidentes no han cesado. Falta ver si el rechazo de Trump a la alt-right va a tener algún efecto o va a ser, de nuevo, un saludo a la bandera. El movimiento alt-right ve la victoria de Donald Trump "como un gran avance que les ofrece un escenario que les permite tener una amplia audiencia", le dijo a la AFP, Nicole Hemmer, de la Universidad de Virginia. "Eso los hace más visibles y les da una sensación de mayor poder político".

Falta ver, incluso, si el rechazo de Trump a la alt-right se mantiene, porque con el republicano nada se sabe. Y puede cambiar de posición, como ya lo ha hecho con otros temas. O decir una cosa y hacer otra. Por ejemplo, decir que no apoya el racismo y, a su vez, elegir como fiscal general a Jeff Sessions, un senador acusado de racista.