La lucha religiosa de Egipto

La matanza de 24 cristianos coptos sirvió de pretexto para que esa comunidad pidiera la renuncia del mariscal Husein.

El funeral de los 24 cristianos coptos, que fallecieron en los disturbios de la noche del domingo en El Cairo, sirvió de pretexto para la unión de la comunidad alrededor de la catedral de San Marcos. Se reunieron y no sólo acompañaron la ceremonia, encabezada por el papa de la congregación, Shenuda III, también expresaron su rechazo a la junta militar que temporalmente gobierna el país y exigieron la renuncia del mariscal Husein Tantaui, quien hoy ocupa el cargo abandonado a comienzos de año por Hosni Mubarak.

Desde la mañana los coptos se concentraron en el hospital al que fueron trasladados gran parte de los más de 250 heridos que dejaron los enfrentamientos con la Fuerza Pública, levantando la voz contra los tanques de guerra que aplastaron a algunos de sus hermanos y los soldados que les dispararon. Hoy ellos dicen que querían protestar contra el ataque perpetrado por un grupo de hombres contra el templo cristiano de Edfu —provincia de Asuán— al que le prendieron fuego. Su intención era manifestarse frente a la Radiotelevisión Estatal, pero el Ejército actuó al sentir amenazada la seguridad del edificio.

La inestabilidad política en la que está sumido Egipto, tras el escape de Mubarak, toma hoy ribetes religiosos. Agrupando a cerca del 9% de la población de un país con alrededor de 80 millones de personas, los cristianos coptos piden reivindicaciones que hasta ahora la historia no les ha dado. Son los sobrevivientes de una religión diezmada en el siglo XV por el triunfo del Imperio Otomano sobre el Imperio Romano de Oriente. La Iglesia copta (cuyo significado es “egipcia”) nació de cismas de la Iglesia ortodoxa, con San Marcos como patrono. Tras la llegada del islam se mantuvo como la más grande de las religiones minoritarias y sufrió los gajes de su realidad. En los 70, fueron víctimas del acoso del fundamentalismo islámico y del propio gobierno, que en 1981, bajo el mandato de Anwar el-Sadat, Shenuda III fue aislado, en calidad de detenido, en un monasterio en el desierto.

Con la llegada de Mubarak, el papa fue liberado y la discriminación disminuyó sin que eso significara la igualdad entre musulmanes y cristianos. De hecho, aún existen leyes que marcan una diferencia notable entre las feligresías, como los costosos y escasos permisos que necesitan los cristianos para levantar sus templos, o la prohibición que tienen de divorciarse si no se declaran conversos al islam, o la escasa participación de los coptos en los pueblos públicos. “Se puede describir el problema como si fuéramos ciudadanos de segunda clase”, aseguró a la BBC Yusef Sidhom, editor del semanario copto Al Watani.

Mientras la junta militar comienza a hablar de la necesidad de reformar la legalización de los templos cristianos, otras voces como la de los Hermanos Musulmanes (islam ortodoxo), comunican que aunque las exigencias coptas son legítimas, no es el momento oportuno, con el país sumido en la inestabilidad, para su reivindicación. Incluso, ahora algunos musulmanes radicales los acusan de querer entorpecer la revolución y apoyar a Mubarak, mientras gobiernos occidentales, como el de EE.UU. y la Unión Europea, condenan la violencia contra los cristianos. El grupo palestino Hamás, en cambio, los acusa de recibir dinero de Israel para desestabilizar la región.

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