Lula da Silva, ¿el próximo blanco?

El sistema político de Brasil queda en una profunda crisis, que necesitará de años para recuperarse. Ya se piensa en las elecciones de 2018.

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. / EFE
El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. / EFE

Brasil amanece hoy pensando en su futuro político próximo. Con la salida definitiva del poder de la presidenta Dilma Rousseff, el país ya entró en la carrera electoral de 2018.

A pesar de que la primera mujer presidenta en la historia de ese país no se robó un solo peso y no tiene una sola acusación por corrupción, 61 senadores —la mayoría investigados por todo tipo de delitos— votaron por acabar con su gobierno, que comenzó en diciembre de 2011.

Brasil amanece hoy pensando en su futuro político próximo. Con la salida definitiva del poder de la presidenta Dilma Rousseff, el país ya entró en la carrera electoral de 2018.

A pesar de que la primera mujer presidenta en la historia de ese país no se robó un solo peso y no tiene una sola acusación por corrupción, 61 senadores —la mayoría investigados por todo tipo de delitos— votaron por acabar con su gobierno, que comenzó en diciembre de 2011.

Con esta decisión se puso fin a la era del Partido de los Trabajadores y comienza a cerrarse el cerco alrededor de su principal representante: el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, la figura política más reconocida del país en el mundo y quien cuenta con un importante apoyo popular con miras a las presidenciales de 2018. O al menos eso decían las encuestas hasta julio.

Ahora la situación puede haber cambiado y amenaza con complicarse en los próximos días. En la recta final del proceso contra Rousseff se conoció que Lula da Silva, su esposa, Marisa Leticia, y Paulo Okamoto, del Instituto Lula, fueron acusados de crímenes de corrupción, lavado de dinero y falsedad ideológica.

“Lo extraño es que el presidente, Michel Temer, y el ministro de Relaciones Exteriores, José Serra, mencionados en las declaraciones del presidente de la empresa Odebrecht en el marco de la operación Lava Jato, no fueron sindicados como Lula”, explicaba en este diario la analista brasileña y profesora de la Universidad Externado Beatriz Miranda, quien está convencida de que el gran blanco de estas investigaciones es el exmandatario Lula da Silva.

Octavio Amorim Neto, doctor en Ciencia Política de la Universidad de California y miembro de la Escuela Brasileña de Administración Pública en Río de Janeiro, aseguró a este diario que, “sin duda Lula enfrentará grandes dificultades con la justicia en los próximos días”. Pero, aclaró, “tendrá pleno derecho a la defensa”.

Lo cierto es que con la destitución de Rousseff, la novela política está lejos de terminar. Michel Temer, enemigo declarado de Rousseff, fue investido ayer como presidente de Brasil y Dilma deberá dejar el Palacio da Alvorada en 30 días, aunque conservará sus derechos políticos.

“Ya caminamos hacia las elecciones de 2018 y creo que hay fuertes intenciones de que la operación Lava Jato incrimine con más evidencia a Lula da Silva. Aunque es muy difícil que pueda ser encarcelado, porque es una figura a nivel mundial”, agrega la analista Miranda.

La era de Temer

El sucesor de Rousseff no tendrá mucho tiempo para celebrar su llegada al poder. Recibe un país con el desempleo en niveles récord (más de 11 millones de personas), la inflación galopante y un gigantesco déficit fiscal. De acuerdo con el Banco Central, la economía brasileña se contraerá 3,16 % este año, lo que complica el futuro inmediato.

Y ese es justo uno de los retos inmediatos del mandatario. Según explica Amorim, “Temer tendrá en los próximos días una tarea clave: lograr alianzas con el Congreso para aprobar reformas constitucionales difíciles que permiten que la economía vuelva a crecer”.

El otro gran problema que se viene en el horizonte es ganar un caso judicial contra él y Rousseff en la Justicia Electoral. Los dos están acusados de fraude por las cuentas de la campaña presidencial de 2014. Eso, sin hablar de que el nombre de Temer está envuelto en el caso de corrupción en Petrobras. Varios acusados han revelado su nombre en delaciones recientes. El ahora presidente niega cualquier vinculación con la trama y la justicia nunca ha presentado cargos contra él.

¿Qué queda de toda la crisis política? Los analistas brasileños señalan que lo que queda herido es el sistema político del país, construido en los años de la redemocratización. “Nos cabe una profunda reflexión sobre el sistema político del país, basado en la concertación y la alianza de partidos tradicionales. Brasil está representado por una clase política que carece de legitimidad”, concluye Miranda.

Por su parte, el analista brasileño Octavio Amorin señala que “debe haber una cierta reducción de la corrupción en los procesos electorales en los próximos años, pero Brasil aún necesita muchas reformas de política para lograrlo. Rousseff no robó. Ella fue despedida por haber manipulado ilegalmente el presupuesto del gobierno federal. Sin embargo, independientemente de la naturaleza de la carga que llevó a la caída de Dilma, a partir de ahora los políticos acusados ​​de corrupción van a vivir bajo una intensa presión”.