Maduro, acorralado

El gobierno venezolano tiene varias salidas posibles: buscar el diálogo, dilatar indefinidamente la situación actual o radicalizar la revolución.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en una de las marchas de los últimos días. / AFP

La entrega de Leopoldo López llenó las expectativas y redujo aún más el margen de maniobra de Nicolás Maduro, que luce más acorralado que nunca. No hay nada claro en Venezuela en el largo plazo, pero lo que parece cada vez más viable es una transición dentro del chavismo para hacer frente a la crisis. Y otra en la oposición, que deberá buscar niveles de unidad para hacer frente a la contraofensiva del gobierno. He aquí cuatro escenarios posibles de la aguda crisis venezolana.

Una salida puede provenir del propio gobierno, que buscaría un diálogo de unidad nacional con la oposición (como ocurrió para la seguridad ciudadana). La dirigencia oficialista sabe que la retórica de la confrontación ha empoderado a la disidencia, que sigue ganando terreno. Una amnistía que le reste protagonismo a López y haga recaer la presión sobre la oposición puede ser efectiva. Aunque Maduro haya insistido en que Venezuela no es Ucrania, la fórmula de Víktor Yanukóvich, de ofrecer perdón bajo algunas circunstancias, puede favorecer su imagen. El principal riesgo es que se desnude la falta de autonomía del poder judicial y que se reactive a Leopoldo López como el líder de la oposición.

Otro escenario puede derivar en una situación similar a la de abril de 2002, cuando el alto mando militar se dividió. En ese momento el general Néstor González González desafió públicamente al gobierno, precisamente por la represión contra los manifestantes de la huelga que había suscitado la reforma a Pdvsa. Ese fue el punto que llevó a que, luego de una sucesión fallida del poder a Diosdado Cabello, Pedro Carmona derogara la Constitución bolivariana por decreto, como presidente encargado, y se configurara el golpe. Actualmente no es claro si la Fuerza Armada Nacional Bolivariana tiene suficientes niveles de cohesión para confiar en Nicolás Maduro. Aunque un golpe es poco probable, por el antecedente fallido y las prerrogativas de los militares en el régimen chavista, no se puede descartar. La política latinoamericana revirtió la tendencia de la condena a los golpes y les devolvió, aunque en baja dosis, la viabilidad. En el golpe en Honduras contra Manuel Zelaya, en julio de 2009, y a pesar de la presión regional, incluido EE.UU., el golpe se legitimó.

También puede darse la dilación indefinida de la situación actual. Algunos estados tienen capacidad para mantenerse, a pesar de la degradación de la violencia y la presión internacional. El PSUV aprendió del tiempo de Chávez que toda revolución entraña ese tipo de crisis. Por aguda que sea, pasa en algún momento. En 2004, durante el referendo revocatorio contra Hugo Chávez, se pensaba en el fin de su era y, no obstante, aquello marcó la etapa de mayor radicalización. Los regímenes que se mantienen luego de duras pruebas tienden a apelar a una ortodoxia mayor en el discurso político. Es probable que haya cuadros del chavismo pidiendo mano dura al presidente.

Finalmente, el escenario más catastrófico y menos probable, pero no descartable, es el de una guerra civil. Esto en caso de que Maduro pierda definitivamente el monopolio legítimo de la violencia. Aunque la oposición haya tratado de recurrir al aparato institucional para vencer al chavismo, el ambiente internacional de revueltas desde abajo le puede sugerir el recurso a la violencia para minar al régimen. Esto pondría en serios aprietos a Venezuela porque dista de conocer los problemas de violencia política que han experimentado con amargura Colombia, El Salvador, Guatemala o Perú. En síntesis, todo parece ser posible en Venezuela.

 

* Profesor U. del Rosario.