Maduro mira hacia EE.UU.

El presidente de Venezuela pidió al colombiano Ernesto Samper mediar para construir un diálogo con el gobierno de Washington. ¿Busca la manera de tener un problema menos?

El mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro (der.), y Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, conversan durante un acto oficial. / EFE

Pareciera que el gobierno de Nicolás Maduro no tiene la intención de cambiar el fondo pero sí la forma de relacionarse con Estados Unidos. Después de los vibratos sostenidos al pronunciar “imperialismo”, ahora las comunicaciones oficiales escritas parecen valorizarse, justo al contrario de lo que ocurre con el precio del petróleo. Esta semana, Washington vuelve a imponer sanciones a un número, indeterminado aún, de personas relacionadas con el gobierno de Caracas, a quienes les retira la visa —en julio de 2014 fueron 24—, y en respuesta el Palacio de Miraflores rechaza en un comunicado los castigos porque “mediante mecanismos lesivos de derechos humanos se reincide en la violación del Derecho Internacional”. Advierte también que “se reserva todas las acciones que en el campo diplomático y del Derecho Internacional fuesen necesarias para defender la soberanía e independencia de nuestra Patria, y permitan rechazar esta agresión contra Venezuela”.

No hubo más que eso, ni gritos a los “pitiyanquis” ni señalamientos a los aliados de la “burguesía parasitaria”. Y a la reacción siguió un anuncio llamativo del presidente Nicolás Maduro: “Le he solicitado oficialmente a Ernesto Samper que él, como secretario general de Unasur, asuma una iniciativa diplomática para evitar que el gobierno de Estados Unidos se siga metiendo en un callejón sin salida y para buscar un mecanismo de diálogo con el gobierno norteamericano para construir una diplomacia de paz, diálogo y entendimiento”. Luego diría que tiene casi lista una carta que le enviará al presidente Barack Obama “para explicarle lo que está haciendo su embajada en Venezuela (...) y a través del diálogo y la diplomacia conversar estas sanciones. Me parece que Obama no maneja el tema”. El presidente de Estados Unidos no es un “pobre ignorante”, como lo llamó Hugo Chávez en 2009, lo que pasa es que “no maneja el tema”. Hoy el barril de petróleo vale US$60 menos que entonces.

Para el internacionalista venezolano Carlos Romero, las nuevas sanciones ponen en evidencia que “Estados Unidos no está satisfecho con el comportamiento doméstico de Venezuela y no lo considera un país amigo”. Romero se refiere a las cifras críticas de la economía venezolana, a la fuerza empleada en el último año para contener la protesta y al desabastecimiento de ciertos productos básicos en los mercados, que Maduro ha atribuido incansablemente a una conspiración. Tanto así que en los últimos días la cadena de mercados Día Día fue intervenida por las autoridades, acusada de esconder mercancías, un caso similar al de Farmatodo, cuya cúpula directiva está siendo investigada.

Con unas relaciones en llamas con Washington, Maduro por lo menos parece estar ahora interesado en despejar las rutas de evacuación y quizá esperar a que se apague el incendio. Y para su intención de diálogo, encarnada en Samper —a quien en 1996 Estados Unidos le canceló la visa en medio del conocido proceso 8.000— también anunció que cuenta con el apoyo del presidente de Ecuador, Rafael Correa —no precisamente el mejor amigo de la Casa Blanca—, quien actualmente ostenta la presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac).

“Tengamos algo muy en cuenta: este no es un acercamiento total a Washington, e incluso puede cambiar la próxima semana. Hay amenazas de sanciones más radicales y no hay que perder de vista todos los rumores que hoy existen sobre la vinculación de distinguidos miembros del chavismo con el narcotráfico, el más sonoro de ellos el del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello”. Quien habla es Tulio Hernández, analista y profesor de la Universidad Central de Venezuela. El último de sus puntos de análisis se refiere a las denuncias de Leamsy Salazar, capitán de corbeta y antiguo miembro del anillo de seguridad de Chávez y del propio Cabello. Aunque Washington aún no se ha pronunciado al respecto, el portal independiente Contrapunto.com publicó un informe en el cual cita fuentes anónimas de la DEA que sostienen que aún no existen pruebas de la participación de Cabello en el tráfico de drogas.

El expresidente Samper llegó a Caracas ayer para reunirse con Maduro y definir cuál será el método para un posible acercamiento con Washington. Los problemas para Maduro lucen suficientes como para añadir peso a sus lastres actuales, que, influidos por la oposición o no, por los propios errores del chavismo o no, están sonando más fuerte que antes. Las filas continúan en las calles frente a los supermercados y la economía padece el suplicio de la caída de precios del petróleo, ese gran pilar de ingresos sobre el que se ha basado el socialismo del siglo XXI. Washington, que este mes comenzó a dialogar con Cuba —el principal aliado político de Venezuela en la región— y es el comprador del 60% del petróleo que exporta Caracas, no se ha referido al tema en años de confrontación. Acaso le importe ahora, a pesar de que el propio Maduro ofreciera en días previos un encuentro con Obama en la Cumbre de las Américas en Panamá, en abril próximo.

 

 

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