La mala broma de Boris Johnson

Celebrado siempre por sus ocurrencias, el conservador Boris Johnson dijo que no es el político necesario para guiar al Reino Unido tras su separación de la UE, aunque por meses lideró la campaña a favor de su salida. En su lugar irá Michael Glove.

El exalcalde de Londres Boris Johnson a su llegada a una rueda de prensa celebrada en Londres, Reino Unido. / EFE
El exalcalde de Londres Boris Johnson a su llegada a una rueda de prensa celebrada en Londres, Reino Unido. / EFE

Después de la salida del Reino Unido de la Unión Europea y de la renuncia del primer Ministro David Cameron, es muy probable que quien tenga que encargarse de limpiar la casa y barrer las sobras sea una de sus socias en la campaña a favor de la permanencia, Theresa May, y no aquel que por meses se expuso como el promotor del abandono: Boris Johnson. Johnson, de 52 años y exalcalde de Londres, insistió en que lo más conveniente era alejarse de la UE y era visto por los conservadores como el primer ministro que fungiría como el constructor de un nuevo país. Pero la elocuencia terminó ayer: Johnson anunció que no es el político ideal para semejante transición. Hay quien lo acusa hoy de haber fomentado una rebatiña cuyas consecuencias pueden ser catastróficas y, al ganar, prefirió dar la espalda y hacer mutis.

Las primeras reacciones acusan a Johnson de haber hecho una campaña que nunca se proyectó en caso de victoria. Ni él ni Nigel Farage, líder del UKIP, el movimiento que más aplaudió la salida, estarán en la competencia. Sin embargo, por meses fundamentaron —con argumentos falaces y medias verdades— la campaña de salida como si se tratara de un caballo de combate en el ámbito político. Cuando obtuvieron la victoria, se hicieron a un lado.

Boris Johnson modificó sus opiniones sobre la separación del Reino Unido de la UE. Hace unos meses desaconsejaba la salida porque forzaría al país a llevar una negociación larga y compleja para restablecer nuevos acuerdos, “desviando energía de los problemas reales”. Pero en semanas se convirtió en la cabeza del movimiento antieuropeo y hasta hace unos días, experimentando cierto gozo por la posibilidad de convertirse en Primer Ministro después de dos alcaldías en la capital inglesa, dijo que esperaba “responder a las expectativas de los 17 millones de británicos que votaron a favor de que el Reino Unido abandone la UE”. Era el discurso de un candidato político que espera tener la altura suficiente para enfrentar, primero, el divorcio del bloque y, segundo, la renegociación de planes económicos y jurídicos para que su país no quede aislado. En su lugar quedará como candidato el conservador Michael Gove.

Boris Johnson quería convertir la victoria del referendo en el “día de la independencia” de Reino Unido. De entrada, su afirmación es refutada por la historia: el Reino Unido ha tenido una relación ambigua con la Unión Europea, sin abrazar el euro como divisa nacional ni ser miembro de los países Schengen. No era dependiente de la UE, sino que, de hecho, tenía un estatus especial en el que no están incluidos el resto de países. Reino Unido tenía acuerdos listos que obligaban a la UE a no buscar una “relación más estrecha”. Y ahora, después de separarse de la UE, los euroescépticos piden que algunos de los tratados comerciales se mantengan. Querían independencia en principio y ahora piden la continuación sin tener las obligaciones formales del resto de países. Johnson, siempre celebrado en públicos por sus chistes, quizá sólo formulaba una broma.

El exprimer Ministro John Major lo llamaba “bufón de la corte”. Pero sus bromas fueron muy lejos: el Reino Unido se enfrenta al aislamiento y a una posible recesión. Por dos años tendrá que ajustar su separación de la UE y buscar nuevos aliados comerciales por fuera de Europa. Sin embargo, los votantes creyeron de entrada al miedo que infundía Johnson cuando afirmaba que cientos de miles de turcos buscarían refugio en Reino Unido cuando Turquía se uniera a la UE. Y que les quitarían los puestos de trabajo.

Aunque existe cierta cercanía entre el continente y el gobierno de Erdogan por la crisis migrante, la posibilidad de que Turquía sea miembro del bloque es lejana. Lejana y sin fundamento tangible. Pero puede que todo sea una mera actuación que los votantes tomaron por verdad. Alastair Campbell, exdirector de comunicaciones de Tony Blair, dijo sobre Johnson: “Es muy bueno haciendo pensar que es auténtico. Pero es una interpretación”.

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