La mala suerte sacude a Nepal

Al cierre de esta edición, el gobierno nepalí reportaba por lo menos 57 muertos, 1.000 heridos y 12 personas rescatadas. Hubo nueve réplicas, de magnitud entre 4,2 y 6,3. Los afectados vuelven a los refugios.

Soldados trasladan en Katmandú a un herido tras el terremoto de magnitud 7,3 en la escala de Richter. / EFE
Justo cuando los nepalíes comenzaban a volver a sus hogares y cuando todas las actividades parecían volver a la normalidad, un terremoto de magnitud 7,3 en la escala de Richter azotó ayer Nepal después del mediodía. El cataclismo se sintió con mayor fuerza en el noroeste de Katmandú, cerca del campamento base del monte Everest. La gente, de nuevo, salió a las calles para protegerse de los edificios a medio derruir y para buscar alguno de los refugios habilitados por asociaciones como la Organización Internacional de Migraciones (IOM), donde cerca de 2.000 personas buscaron techo y comida, dos de las necesidades básicas desde el terremoto del 25 de abril, cuyas cifras son aún más escabrosas: 8.000 muertos y más de 100.000 afectados. Este nuevo sismo también tuvo impacto en India y Bangladesh (específicamente en Nueva Delhi y Daca), donde 17 personas fallecieron. 
 
Las prioridades no cambian ni tampoco la sensación de miedo e incertidumbre frente a la posibilidad de un nuevo movimiento. Nepal, un país pobre y con un nivel de desarrollo paupérrimo, recibe este nuevo desastre en un estado deplorable: son necesarios materiales para saneamiento básico, alimentación, medicamentos y hospitales activos. De ese modo, es posible prevenir una de las consecuencias más comunes tras un terremoto: la extensión de enfermedades endémicas, como el cólera.
 
Otras de las zonas más afectadas fueron los distritos nororientales de Dolakha y Sindhupalchok. Este último fue el más castigado por el terremoto pasado: una tercera parte de los muertos provienen de allí. A causa de este nuevo sismo, varios edificios se desplomaron y las labores de rescate y búsqueda se reactivaron de inmediato. Las fotografías más recientes muestran a los nepalíes asustados en la calle, como en espera de ayuda, reunidos en medio de las avenidas con un paisaje de destrucción a su alrededor. En Bakhtaphur, uno de los centros turísticos por excelencia de Nepal, un edificio de cinco plantas, que ya había sido afectado por el sismo anterior se vino abajo. Medio millón de viviendas, de acuerdo con cifras oficiales, están destruidas o afectadas.
 
Ana Gabriela Rojas, enviada de El País de España, escribió: “Grandes grietas surcan muchos edificios en los barrios más afectados. Algunos se cayeron, se cree que la mayoría habían sido desalojados. Las sirenas de los camiones de bomberos y ambulancias son el sonido de fondo de una ciudad que huele a muerte”. La emergencia continúa en el resto del país, cuyas aldeas son de difícil acceso a causa de los caminos montañosos. La ONU estableció la semana pasada un mecanismo para transportar alimentos y personas por tierra y en helicóptero. 
 
La recuperación
 
Las autoridades, en colaboración con organismos internacionales, tratan desde hace días de llevar alimentos y medicinas a familias en las zonas más alejadas del centro del país y del Valle de Katmandú, donde se produjeron la mayor parte de las víctimas contabilizadas hasta el momento.
 
El Gobierno nepalí creó un fondo de reconstrucción de US$2.000 millones, para los que ha solicitado una aportación internacional de otros US$1.800 millones. Medicos Sin Fronteras instaló clínicas móviles para la atención de los numerosos heridos e invierte en la compra de materiales de cocina y construcción.
 
Una brigada médica de 49 colaboradores cubanos, de ellos 25 médicos, viajó el 8 de mayo a Nepal para atender a las víctimas. El primer ministro nepalí, Sushil Koirala, anunció que construirán casas a prueba de seísmos y se creará un Ministerio de Desastres para hacer frente a este tipo de crisis.
Temas relacionados