La mamá del militante

Su nombre es Silvana Tavano, y su hijo, Caio Martins, es miembro del Movimiento Pase Libre, que ha liderado las protestas en Brasil las cuales comenzaron por una alza en las tarifas de transporte.

Las protestas se han replicado en diversas regiones del país. Una de ellas, Niterói, a 10 km de Río de Janeiro. / AFP
Las protestas se han replicado en diversas regiones del país. Una de ellas, Niterói, a 10 km de Río de Janeiro. / AFP

Silvana Tavano votó por Lula, dos veces, y después por Dilma en las últimas tres elecciones presidenciales. En los recientes comicios no dudó en volver a elegir al PT como su opción para el máximo cargo en la prefectura de São Paulo: Fernando Haddad, pero asegura que ahora, gracias al trabajo sostenido de su hijo y su grupo en el Movimiento Pase Libre (MPL), y al despertar de miles de personas, Brasil le está dando al mundo una imagen más próxima a la realidad.

“Caio está desmayado del cansancio”, dice, “yo tuve que entrar a su cuarto y traerme el teléfono, porque no para de sonar, él necesita dormir un poco”, sigue. Quien habla es una imagen protectora, no hay duda. Y lo confirma al decir, con tono amable: “Ahora la madre del militante entró en acción”.

Mañana se cumplirán 19 años desde día en el que dio a luz a un líder, el mismo que el pasado lunes se encargó de dirigir una de las alas de la marcha multitudinaria de la capital paulista con sus piernas flacas, su teléfono celular y un megáfono. Detrás de sus grandes lentes y su barba incipiente, era uno de los comandantes de ruta; un muchacho con fe que esa noche, en su quinto día seguido de lucha y con el ruido de miles de pasos y consignas al fondo, aseguró mirando de frente: “Nuestra pauta es clara, única y definida”.

Caio Martins pertenece al MPL, una de las organizaciones que más presionó para lograr que un tumulto de brasileños mostrara su indignación, y que el aumento del transporte público en São Paulo, de 3 reales a 3,20 reales, fuera revocado por las mismas autoridades el pasado miércoles.

Al prefecto Fernando Haddad (PT) y al gobernador Geraldo Alckmin, del partido opositor PSDB, no les quedó más remedio que pararse uno junto al otro y ofrecer una rueda de prensa conjunta en el Palacio dos Bandeirantes para anunciar la medida. “Es un gesto de aproximación, un gesto de apertura al entendimiento, de manutención del espíritu democrático, de la convivencia pacífica”, mencionó un contrariado Haddad, quien sufrió su primera gran derrota política y un fuerte desgaste en las filas del partido, según los medios locales.

Silvana, la madre de Caio, periodista egresada de la Universidad de São Paulo (USP) y ahora escritora de cuentos infantiles, pone parte del peso de ese desgaste en “la labor infatigable” del Movimiento Pase Libre: “Si esos niños tienen un gran mérito, es el de haberle mostrado al país que las personas pueden cobrar satisfacciones con sus luchas; mi hijo me calló la boca, a mí y a su padre. Aquí en casa hemos tenido fuertes discusiones, porque nosotros le repetíamos constantemente que el brasileño no tiene esa vocación de reclamar, como pueden tenerla los argentinos, le decíamos: aquí no ha habido una gran manifestación desde principios de los años años 90, pero ellos nunca desistieron, y mira el resultado”. Caio anunció que seguirán las movilizaciones y se esperaba una para ayer en la tarde en la Avenida Paulista, aunque ahora desde otra perspectiva: “Para celebrar la conquista, apoyar a los movimientos y en solidaridad con los detenidos y procesados”.

El pasado lunes, Silvana, de 55 años, asistió a la ya histórica marcha en São Paulo (replicada en otras capitales del país), y dijo haber experimentado una emoción indescriptible. “Como madre estaba muy impresionada, porque recordé el año pasado, o años anteriores, cuando ellos llamaban a manifestaciones, y apenas asistían 500 o 600 personas, sin mayor articulación. Esto no es de hoy, él y sus compañeros tienen años creyendo en un cambio. No son solo un grupo de estudiantes descontentos, yo los acompaño aquí en casa, los he acompañado a escuelas en la periferia, a lugares que ni conocía, ellos hacen un trabajo de militancia, están muy organizados y son muy serios”, dice con orgullo, antes de preguntar: “¿En realidad crees que vale la pena hacer una nota conmigo? ¿No prefieres esperar a que se despierte y llamarlo más tarde?”.

—Sí, pero antes déjeme aclarar algo: ¿Caio aún tiene 18 años, correcto?

Entonces Silvana ríe, tan madre, y responde: “Sí, pero mejor escribe que ya tiene 19, si no se puede molestar. Él a veces cree que tiene 25 y ahora, ¿quién va a querer llevarle la contraria?”.