La mano de Putin en las elecciones de EE.UU.

“Hackers”, vetos, amenazas, acusaciones... El vínculo entre Moscú y Washington atraviesa sus horas más bajas. El ruso congeló las relaciones hasta que “llegue un nuevo presidente”.

El presidente ruso, Vladimir Putin.  / AFP
El presidente ruso, Vladimir Putin. / AFP

La denuncia la hizo el Partido Demócrata hace varios meses: Vladimir Putin, presidente de Rusia, les metió la mano a las elecciones presidenciales de Estados Unidos. ¿Cómo?

De acuerdo con una denuncia del Departamento de Seguridad Interior y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos hecha hace dos días, “Rusia intenta interferir en el proceso electoral del país a través de ciberpiratas y creemos que solamente funcionarios del más alto rango de Rusia podrían haber autorizado estas actividades”.

La declaración fue la primera acusación oficial por parte de funcionarios de Washington contra Moscú en la serie de ataques cibernéticos.

Se refieren, entre otros, a la re velación de miles de correos electrónicos del Partido Demócrata que se hicieron públicos durante la Convención del partido en julio. “Esa actividad de Moscú no es nueva. Los rusos han utilizado tácticas y técnicas similares a lo largo de Europa y Eurasia, por ejemplo, para influir en la opinión pública”, precisó el gobierno estadounidense.

El domingo en la noche, durante el segundo debate presidencial, en Missouri, Hillary Clinton insistió: “Moscú intenta influir en la elección presidencial a favor de Donald”.

¿Le sirve ese apoyo a Trump?

Vladimir Putin es uno de los personajes con más mala imagen en Estados Unidos, por eso muchos se preguntan qué tan válido es ese respaldo. De acuerdo con el candidato republicano, “yo no conozco a Putin, no tengo negocios en Rusia, pero sería bueno que nos lleváramos bien”.

Olvidó mencionar que tiene asesores rusos y que siempre ha querido hacer negocios con Moscú. Sus intentos datan de los años ochenta, desde cuando intenta construir un rascacielos en la capital rusa. Pero no lo ha conseguido.

Lo que sí logró fue que en 2004, en plena bancarrota y con las puertas de los bancos estadounidenses cerradas, fueran los rusos los que lo salvaran. Franklin Foer, especialista en el tema, escribió en Slate: “Los inversores rusos ayudaron a impulsar los proyectos de megaedificios de Trump. La torre Trump en el Soho de Nueva York no existiría sin el capital ruso”.

Paul Manafort, jefe de campaña y consultor republicano; Carter Page, exconsultor de Gazprom, la empresa energética rusa, y Michael Flynn son asesores del candidato republicano. Todos han defendido intereses próximos al Kremlin.

Según analistas, a Putin le serviría mucho que Trump ganara las elecciones por una razón: se daría un viraje abrupto en las relaciones exteriores de EE. UU. De hecho, sería un cambio dentro de las huestes republicanas, que han promovido por años una especie de guerra fría con Moscú.

En este momento el presidente ruso, “que es mejor líder que Obama”, según Trump, ha puesto en suspenso las relaciones con Washington, “hasta que se conozca la identidad del nuevo inquilino de la Casa Blanca”, cerrando la puerta a la pésima relación que existió con Barack Obama. Los pasos previos indicaban que así terminaría, pues Rusia anunció hace unos días que abandonaba el tratado de reconversión del plutonio militar, uno de los pilares del programa de desarme que tenía como objetivo acabar con la amenaza de una nueva Guerra Fría.

En la arena diplomática, Rusia invadió espacios que estaban casi colonizados por Washington: hace unas semanas, Putin logró que el primer ministro israelí y el presidente palestino acordaran reunirse para reactivar el proceso de paz, una cita inédita desde 2010 y la gran apuesta de Obama que lo hizo merecedor del Nobel de Paz. En respuesta, Washington suspendió la cooperación con Rusia en Siria.

Desde tiempos de Ronald Reagan, que acusó a la URSS de ser “el imperio del mal”, las relaciones entre ambas potencias nucleares no eran tan tensas.

Así las cosas, tener a Putin como apoyo no resultaría tan bueno para Trump. La revista Foreign Policy le dio su apoyo a Clinton, entre otras cosas porque “Trump ha impulsado el liderazgo del presidente ruso Vladimir Putin, un tirano y una amenaza, y ha consentido su entrometimiento en la campaña estadounidense”.