Manus y Nauru: donde los migrantes sufren

En estos campos de detención, administrados por Australia y Papúa Nueva Guinea, los migrantes han sido víctimas de abusos sexuales y agresiones físicas. El campo de Manus será cerrado.

  Un refugiado afgano herido es trasladado del centro de detención de Manus, en donde cientos  de personas han sufrido abusos.  / AFP
Un refugiado afgano herido es trasladado del centro de detención de Manus, en donde cientos de personas han sufrido abusos. / AFP

Este fin de semana, el diario The Guardian publicó más de 2.000 reportes filtrados sobre la suerte de los migrantes detenidos en la isla de Nauru, en Papúa Nueva Guinea. Según las más de 8.000 páginas, los migrantes son sometidos a violaciones sexuales, agresiones físicas y verbales y a un régimen carcelario que produce sendas transformaciones en su comportamiento y su bienestar psicológico. Este centro, junto con otros dos ubicados en las islas Manus y Christmas, son utilizados por las autoridades australianas para detener a todo migrante que quiera llegar a su país desde Indonesia. Los barcos australianos detectan las embarcaciones de migrantes y los devuelven a Tailandia o, si logran llegar a Australia, los llevan al centro de detención.

Presionados por la opinión pública y los reportes sobre Nauru, las autoridades de Papúa Nueva Guinea y Australia concertaron ayer el cierre del centro de detención de Manus, el principal centro con más de 800 migrantes. No dieron una fecha exacta para su clausura ni tampoco definieron la suerte de los migrantes detenidos allí. El ministro australiano de Migración, Peter Dutton, aseguró que algunos de los migrantes serán devueltos a su país de origen y otros podrán ser reubicados en Papúa Nueva Guinea. “Nuestra posición, reafirmada hoy en Papúa Nueva Guinea —dijo Dutton—, es que ningún ocupante del Centro de Tratamiento Regional de la Isla de Manus podrá instalarse nunca en Australia”.

La política migratoria de Australia es certera: quien sea interceptado al tratar de entrar a su país sin las debidas autorizaciones, será enviado a un centro de detención y no tendrá oportunidad de establecerse allí. Sin embargo, las autoridades australianas han eludido su responsabilidad en cuanto al tratamiento de los migrantes en los centros de detención. Australia asegura que su política permite salvar numerosas vidas, ya que el viaje desde Indonesia hasta Australia cobraba antes de 2013 la vida de cientos de migrantes. Desde septiembre de 2013, cuando asumió el gobierno conservador, 28 embarcaciones con más de 740 personas fueron interceptadas.

Desde abril, el centro de Manus está en la mira pública: una corte en Papúa Nueva Guinea aseveró que este campo de detención era inconstitucional y que debía ser clausurado. A pesar de las demandas, desde entonces el gobierno australiano se había mantenido al margen de la polémica. El vocero del primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, aseguró que el gobierno reconoce los casos de tortura y maltrato en los centros de detención. “No es suficiente con que el ministro de migración deje todo el mugre bajo la alfombra y diga: ‘no hay nada que ver aquí’ (…). Creo que es apropiado que nuestro parlamento investigue estos asuntos”.

Según la directora de Human Rights Watch en Australia, Elaine Pearson, “casi mil hombres en Manus han perdido tres años o más de sus vidas encerrados en un limbo sin ninguna buena razón (…) Han sufrido suciedad, hacinamiento, cuidado médico inadecuado y violencia. Es hora de dejarlos seguir con sus vidas con seguridad y dignidad”.

Cerrado el centro de Manus, queda aún abierto el de Nauru, del que han llegado reportes aterradores de maltrato a los migrantes. Nauru es la isla más pequeña de Papúa Nueva Guinea (tiene 10.000 habitantes). En su centro de detención, se encuentran 442 personas (la gran mayoría hombres) que han denunciado a través de los trabajadores internos toda suerte de abusos físicos y psicológicos.

Entre los casos registrados en los reportes se encuentra el de una niña que cosió sus labios a modo de protesta (un guardia, al verla, se rio de ella); en otro, una niña pidió dos minutos más para ducharse, que le serían concedidos sólo si realizaba favores sexuales a uno de los guardias. Las mujeres son abusadas y acusadas sexualmente: según The Guardian, una solicitante de asilo contó que ella estaba en una lista de mujeres solteras que los guardias desean. Un consejero cultural del campo, cuenta el diario, le dijo a una mujer que había sido violada que “la violación en Australia es muy común y a la gente no la castigan”. Tras seis meses de detención, es común que los migrantes quieran suicidarse con cualquier elemento que encuentren: un lápiz afilado contra sus muñecas, una cuerda en su cuello. Algunos han sufrido alucinaciones y registran comportamientos erráticos. Una mujer que quería tatuarse el nombre de su esposo, al no tener cómo hacerlo, tomó un cuchillo y se esculpió su nombre en el pecho.

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