Maracanazo 2014

Las protestas y los escándalos por las concesiones del gobierno brasileño a la Fifa podrían generar un cambio en el interior de la que quizá es la organización sin ánimo de lucro más poderosa del planeta.

Protestas contra la Fifa organizadas en Brasilia, capital brasileña. / EFE

Hace décadas Carlos Drummond de Andrade, uno de los grandes poetas brasileños, evocaba el amor de su pueblo por el fútbol:

En octubre de 2007, Brasil fue escogido para ser sede del Mundial 2014. El país del fútbol eufórico salió a las calles de sus principales ciudades para celebrar. Pareciera que el país del futuro brevemente sería el país del presente. Millones de personas habían salido de la línea de la pobreza, el presidente Lula tenía alta popularidad, las inversiones referentes al Mundial serían privadas y el país mejoraría su infraestructura.

La ocasión recordaba la pasión de los brasileños por este deporte, que en ese país se mezcla con la religión. El fútbol, la música y el Carnaval, variables indisociables de la identidad brasileña, hacían parte del Brasil profundo y poco a poco habían sido exportadas a varias partes del mundo como marca Brasil.

Siete años y medio después, la magia del jogo bonito y las glorias del pentacampeón se ven opacadas por las dificultades inherentes al proceso sumiso de ser sede de un Mundial de Fútbol, aunadas a la corrupción y a un esquema de vigilancia internacional jamás visto en mundiales anteriores. Pareciera ser que, más que sede, Brasil tenía una deuda económica y moral impagable con la Fifa y el mundo.

En los últimos años, representantes de la Fifa, liderados por Joseph Blatter, aterrizaron en los principales aeropuertos de Brasil como patrones que venían a pedir cuentas a sus empleados, amenazando con despedirlos a cada instante, lo que se convirtió en el mayor matoneo deportivo de las últimas décadas.

Al contrario de lo que se esperaba, 98% de los US$11.000 millones para asumir el Mundial salieron del Banco Nacional de Desarrollo Económico Social (BNDES), con evidentes impactos en la vida de los brasileños. El costo de vida en el país pasó a ser surrealista, una población extenuada decidió marchar: demandas como transporte, educación y salud se mezclaron con campañas anti-Fifa. Brasil salió a las calles.

Además de los astronómicos gastos, se le exigió al país exención de impuestos a la Fifa y a sus patrocinadores, como Coca-Cola, durante 12 meses, y el cambio de una ley nacional para facilitar el consumo de bebidas alcohólicas en los estadios y así atender las demandas de uno de los principales promotores del evento: Budweiser. En paralelo a esa situación ha habido un fuerte movimiento doméstico, marcado por un panorama electoral difuso y una campaña mediática internacional que intenta incesantemente desacreditar y volver invisibles los avances y las conquistas de la sexta economía del mundo.

Pareciera ser que el fútbol, entendido como “una escuela de la vida, sobre todo para niños que deben aprender y aceptar las derrotas con estilo y dignidad”, fue rápidamente sustituido por una arena de gladiadores para la mayoría de los hinchas, dispuestos a defender el fútbol con la lógica de una empresa privada, representante del capitalismo global en una de sus facetas más oscuras.

Bajo la sombra de una ONG internacional, aparentemente sin ánimo de lucro, la Fifa pasó a ser una defensora de los intereses transnacionales y agente de violación de derechos en los países por donde pasa.

La gran victoria del jogo bonito en el Mundial de Brasil 2014 sería abrir un poderoso debate mundial acerca del verdadero papel de la Fifa como “agenciadora del capital internacional”. Se debe exigir rendimiento de cuentas e iniciar una campaña para bloquear a Qatar como sede del próximo Mundial, debido al esquema de corrupción que caracterizó su elección, y una cruzada para evitar que más países, bajo el auspicio de esa “ONG”, sigan contribuyendo para corromper el deporte que, en varias ocasiones, ha demostrado ser un poderoso instrumento para la paz y la aproximación entre los pueblos. Una movilización internacional en pro del fútbol que se juega en el alma.

Unámonos a una de las consignas del pueblo brasileño. Hay que marcar el gol de la victoria: Go home Fifa!

 

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