En medio de polémica por corrupción, Lula se posesiona como ministro de Rousseff

El hecho de que el expresidente sea hoy el jefe de gabinete de la mandataria brasileña es interpretado por muchos como una estrategia para evitar su encarcelamiento por corrupción.

El expresidente Luiz Inacio Lula da Silva asumió este jueves como jefe de gabinete de la presidenta Dilma Rousseff, en una ceremonia con ambiente de mitin político que atribuía a "golpistas" las denuncias de corrupción que desestabilizan al gobierno brasileño. "La gritería de los golpistas no me va a sacar del rumbo ni va a poner de rodillas a nuestro pueblo", declaró la mandataria.

"¡No habrá golpe! ¡No habrá golpe!", coreaban por su lado los asistentes al acto en el Palacio de Planalto, en Brasilia. (Vea: ¿Qué pasa con la justicia brasileña en el caso de Lula y Dilma?)

La entrada de Lula al gobierno es presentada por los analistas como una última tentativa de Rousseff para evitar el juicio de destitución que impulsa en su contra la oposición en el Congreso, por presunta manipulación de las cuentas públicas.

"Cuento con su experiencia de expresidente, con su identificación con el pueblo de este país, con su incomparable capacidad (...) de entender a ese pueblo y de ser entendido y amado por él", afirmó la mandataria, levantando estruendosos aplausos. (Lea: Lula, el superministro)

"Usted tiene la grandeza de los estadistas y la humildad de los verdaderos lideres", agregó Rousseff, que ocupó cargos ministeriales, incluyendo el de jefa de gabinete, durante los dos mandatos de Lula (2003-2010).

El impacto esperado de la entrada de Lula al gobierno se vio eclipsado por la divulgación la víspera de una llamada telefónica en la que Rousseff le anunciaba a Lula que se aprestaba a enviarle el decreto de su nombramiento para que pueda "usarlo en caso de necesidad".

Esa frase alimentó la sospecha de que el nombramiento de Lula era una maniobra para dotar de fueros especiales al ex jefe de Estado, permitiéndole escapar a la justicia ordinaria y en especial a un eventual pedido de detención en su contra.

Miles de personas se manifestaron durante la noche en varias ciudades para exigir la partida de Rousseff, que al igual que Lula pertenece al izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

Pero Rousseff, resueltamente a la ofensiva, reiteró que su conversación con Lula no tenía ningún propósito equívoco y denunció la filtración de la conversación telefónica por el juez Sergio Moro, que investiga el escándalo Petrobras.

"No hay justicia cuando las garantías constitucionales de la propia Presidencia de la República son violadas", proclamó Rousseff, levantando el entusiasmo de la sala.

Un breve tumulto se produjo en la ceremonia cuando un diputado se levantó al grito de "¡Vergüenza!", ante los abucheos de los presentes.