Medioambiente, otro enemigo de Trump

Al aislamiento evidente del que podrá hacer prueba Estados Unidos con Donald Trump se suma ahora una preocupación: el cuidado del planeta. Todo por cuenta de la posibilidad de que el magnate decida anular los compromisos de su país en materia de lucha contra el calentamiento global.

Al aislamiento evidente del que podrá hacer prueba Estados Unidos con Donald Trump se suma ahora una preocupación: el cuidado del planeta. Todo por cuenta de la posibilidad de que el magnate, recién elegido, decida anular los compromisos de su país en materia de lucha contra el calentamiento global y en contra del consenso mundial para una estrategia de adaptación al fenómeno. En los debates de las elecciones primarias, prometió desconocer el Acuerdo de París surgido de la COP21 el año pasado. En su momento, Trump no dudó en sentenciar que tal acuerdo le hacía daño a la economía estadounidense, segundo país emisor de gases de efecto invernadero. En 2012, afirmó que el calentamiento global como concepto, era un invento de los chinos para hacerle daño a la competitividad de EE. UU. 

¿Es posible para EE. UU. retirarse del tal acuerdo? El texto firmado el 12 de diciembre en la capital francesa fue anunciado como un gran paso en el consenso de todas las naciones por mitigar los efectos y enfrentar mejor el tema. No obstante, existe la posibilidad para cualquier Estado de firmar su retiro. A esto habría que añadir lo que es peor para aquellos que deseaban un marco jurídico vinculante: el Acuerdo de París no es obligatorio. Y aunque sorprenda, el propio gobierno de Barack Obama, con el concurso de China, hizo hasta lo imposible para despojar el pacto de cualquier carácter vinculante. Como lo señala el editorial del diario Le Monde, del 12 de noviembre, para la versión final del documento, John Kerry logró cambiar la redacción del texto para suavizar el compromiso de los Estados. Esto abre la posibilidad para que el nuevo presidente estadounidense, tome una distancia definitiva frente a ese avance. Aunque el retiro del acuerdo desde el punto de vista jurídico es posible, el trámite deberá tomar un tiempo hasta de tres años. Por ello, lo más probable es que de perseverar en la idea de no aplicarlo y para acortar ese camino, EE. UU. abandone la Convención Marco de Naciones Unidas sobre cambio climático de 1991, hito mundial en cuanto a los regímenes internacionales, sobre ambiente y que dio origen al emblemático Protocolo de Kioto y al esquema de las COP.

Más allá de lo que sea posible jurídicamente, el retiro de Washington de estos esquemas significaría un golpe letal para los esfuerzos que el mundo ha concertado en la materia. La COP 22 que actualmente se desarrolla en Marruecos, está signada por la elección del confeso escéptico en el tema del medioambiente. Tal postura puede incidir de forma negativa en otras naciones, que podrían llegar a tener menos estímulos para un compromiso robusto frente al fenómeno. De nuevo, será esa inmensa mayoría de países, desprovista del carácter de potencia, la que asumirá el peso de una tarea histórica de la humanidad.

Profesor U. del Rosario.

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