Las metas de Santos en Panamá

Está claro que el Gobierno deberá hacer equilibrismo para evadir la difícil coyuntura venezolana en su agenda. Educación, la proyección del presidente en la Cumbre de las Américas que arranca este viernes.

El presidente Santos buscará en Panamá un nuevo respaldo regional al proceso de paz con las Farc. /SIG

El protagonismo que pueda asumir el presidente Juan Manuel Santos en la VII Cumbre de las Américas, que se celebrará en Panamá, estará limitado por la coyuntura que atraviesa el triángulo Cuba-Estados Unidos-Venezuela. No obstante, el Gobierno persiste en su intención de posicionar al país como líder en la región. Una aspiración enmarcada en el argumento de que la paz de Colombia es un objetivo regional y en la propuesta de crear políticas multilaterales para la educación y la competitividad en tiempos de polarización y en los que los líderes tradicionales del escenario continental tienen sus prioridades en las agendas internas.

La reanudación de los contactos diplomáticos entre Washington y La Habana, anunciada en diciembre por Barack Obama y Raúl Castro, no sólo ha sido celebrada por el gobierno Santos, también le ha servido al Ejecutivo para criticar posturas que han instrumentalizado la dicotomía capitalismo-comunismo con el fin de cuestionar la salida negociada al conflicto armado con las guerrillas. Por lo tanto, uno de los principales puntos de los discursos del jefe de Estado estará orientado a celebrar la primera participación de Cuba en este escenario continental y a enfatizar en el anacronismo que implica para las Américas mantener en sus territorios una guerra como la colombiana. En ese sentido, según fuentes consultadas por El Espectador, es probable que exista una declaración conjunta de respaldo al proceso de paz de La Habana.

La presión mediática apunta a que los reflectores de la Cumbre estén en los reclamos de los países del Alba, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, a Estados Unidos por el decreto que Obama firmó en el mes de marzo, en el cual declara a Venezuela “una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de los estadounidenses”. Un escenario de confrontación al que se suman propuestas que llegan desde escenarios como la Unasur, que hoy preside el exmandatario Ernesto Samper, en el sentido de que todas las bases militares estadounidenses salgan de América Latina. Incluso hay ya una decisión en el gobierno Santos: no respaldar la iniciativa venezolana de incluir apartados criticando “al imperialismo” en un eventual documento final de la Cumbre.

Por el otro lado, el gobierno de Colombia capoteará los coqueteos para incluir en su discurso la crisis del país limítrofe, como la carta de 21 expresidentes de la región pidiendo la libertad de líderes de oposición detenidos durante el gobierno de Nicolás Maduro. No obstante llevará a la conversación su “modelo” de diplomacia con Caracas: Santos ha pedido a la comunidad internacional que se prioricen las medidas multilaterales por encima de las sanciones unilaterales, mientras insiste en que el diálogo entre oficialismo y oposición sea la clave para sortear la crisis y gestiona la participación del Comité Internacional de la Cruz Roja en la verificación de la situación de derechos humanos de los opositores venezolanos presos.

Lejos de entrar en esos debates coyunturales, Santos quiere mantener el foco en la agenda propuesta para la cumbre de Panamá: avanzar hacia políticas conjuntas de desarrollo y competitividad. De tal manera que el grueso de las reuniones las sostendrá con empresarios que harán parte de un escenario de discusión fomentado por el Banco Interamericano de Desarrollo (la primera cumbre empresarial se celebró en Cartagena en 2011). El jefe de Estado no sólo hablará de la experiencia colombiana en generación de empleo formal, en la que, ha dicho el Gobierno, le va mejor que a los vecinos, sino que llevará sus expectativas con el programa que lanzó este lunes a través del Ministerio del Trabajo para crear 700.000 nuevos empleos.

Sin embargo está claro que la bandera que llevará Santos a Panamá es la de un nuevo sistema interamericano de educación. La idea surgió en la reunión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Paraguay en 2014, cuando los países determinaron la creación de una institucionalidad para promover la educación como pilar para superar la inequidad. A partir de la Cumbre que empieza este viernes y durante tres meses, el Banco Interamericano, el Banco Mundial y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) harán un estudio del diseño institucional necesario para poner en marcha esta iniciativa colombiana. De acuerdo con la Cancillería, el hecho no es de poca monta pues la última vez que fue creada una institución en el ámbito continental fue en 1986, al nacer la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas.

Aunque lo tocará tangencialmente, en la agenda no se desarrollará la propuesta de modificar las políticas contra las drogas que hizo Santos en la Cumbre de Cartagena de 2011. Pareciera que el escenario de pelea que quiere dar el Gobierno en materia de estupefacientes es el de la ONU, que el próximo año celebrará una asamblea al respecto en Nueva York. Lo mismo ocurrirá con asuntos como la seguridad y la interconexión eléctrica, que si bien son centrales en la agenda de “Prosperidad con equidad: El desafío de cooperación en las Américas”, que es el lema de la Cumbre, serán opacados por asuntos coyunturales.

 

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