Minorías bajo fuego en Pakistán

El atentado del domingo en Lahore, que dejó más de 70 muertos, es producto de la fricción entre fundamentalistas y minorías religiosas. No sólo los talibanes son culpables: la ley rechaza la diversidad.

Varias mujeres lloran durante el funeral de una de las víctimas del ataque suicida en Lahore (Pakistán). / EFE

En Pakistán, donde este domingo fueron asesinadas 72 personas en un atentado suicida en Lahore, la mayoría religiosa (96,4 %) es musulmana. El 1,6 % es cristiano y el 1,9 %, hindú. Las víctimas del domingo pertenecían a la minoría cristiana y ese día celebraban la Pascua: murieron en el curso de su deber religioso. Sin embargo, su muerte parece anunciada porque Pakistán, a causa del extremismo de los talibanes y también de la inflexibilidad de sus leyes, es uno de los campos menos prósperos para los cristianos. O para cualquier otra minoría que difiera de la ley islámica.

En este caso, el ataque estaba enfocado hacia los cristianos, según afirmó el portavoz de la facción talibán Jamaat-ul-Ahrar, responsable del ataque en Lahore. Pocas horas después de sucedido, los medios señalaron que esta ciudad, en la provincia de Punyab, era una de las más pacíficas del país y que atentados de este tipo eran una rareza. Pero no es la primera vez que los cristianos son atacados allí. El 9 de marzo de 2013, una multitud enardecida atacó el barrio cristiano Colonia José.

La fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada, en su informe sobre persecución religiosa de 2014 (el más reciente), describió así aquel ataque: “Quemaron y destruyeron unas 160 viviendas, 18 pequeños negocios y dos iglesias, una católica y otra adventista del Séptimo Día. El ataque fue provocado por una acusación de blasfemia contra uno de sus residentes, Sawan Masih, a causa de un suceso que se había producido un día antes”. Recuerda un poco a la noche de los Cristales Rotos en la dictadura de Hitler.

Más allá de los talibanes, que son la expresión física del fundamentalismo islámico (junto a otros como Al Qaeda y el Daesh), las minorías religiosas se enfrentan en Pakistán a la asfixia y a la carencia de espacios de expresión. Dicho fundamentalismo es tangible también en las oficinas oficiales. En su reporte de 2015 sobre este país, Human Rights Watch recuerda que el código penal paquistaní prevé pena de muerte por blasfemia, y en este caso es blasfemo cualquiera que critique o desestime los mandatos del Corán. Desde 1990, han muerto 60 personas bajo esa acusación; 19 más cumplen hoy cadena perpetua. En ocasiones, la ley es innecesaria a la hora del castigo: un vigilante llamado Umer Faruq asesinó a un cristiano porque no quiso convertirse al islam. Otro ejemplo: desconocidos asesinaron al abogado Rashid Rehman, que defendía a algunos acusados por blasfemia.

La conformación del estado paquistaní, que celebró elecciones democráticas en 2013, prohíbe la inclusión de las minorías y es, en cierto sentido, culpable por omisión de la desgracia constante de los cristianos y los chiíes. El informe de Ayuda a la Iglesia Necesitada recuerda que en Pakistán el primer ministro tiene que ser musulmán y también el jefe de Estado. En la Constitución el islam fue instituido como la religión nacional y el tribunal federal tiene “potestad para declarar inválida cualquier ley en caso de ser contraria al islam”. Sólo en 2012, 25 cristianos murieron a manos de extremistas. Las autoridades se han mostrado capaces de abrir juicios religiosos, pero inactivas a la hora de proteger los derechos básicos de los juzgados.

 

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