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hace 29 mins

Monjas, prostitutas y drogadictos, juntos contra el sida en Asia

El año pasado, se contabilizaron 350.000 nuevos casos de sida en Asia-Pacífico, con un total de 4,9 millones de infectados.

Monjas católicas, bonzos budistas, trabajadores sexuales y drogadictos trabajan codo con codo en una conferencia internacional en Bangkok para conseguir la erradicación del sida en la región de Asia-Pacífico.

En los últimos años, las organizaciones sociales han ganado relevancia en las reuniones del Congreso Internacional sobre Sida en Asia y el Pacífico (ICAAP), donde los trajes oscuros se alternan con las túnicas, los llamativos vestidos de las transexuales o los trajes indígenas.

"Ninguna nueva infección, ninguna muerte por sida y ninguna discriminación" es el lema del congreso que se celebra hasta el viernes en la capital tailandesa con cerca de 4.000 delegados de una veintena de países.

En la reunión, se evitan términos como "prostituta" o "drogadictos", que son sustituidos por "trabajadora del sexo" o "consumidores de drogas", al tiempo que "hombres que mantienen sexo con hombres" define una realidad más amplia que la homosexualidad.

Estos colectivos exigen que se acabe con la criminalización de sus actividades en Asia-Pacífico, donde están castigadas en muchos países y dificulta, en su opinión, el acceso a los servicios de prevención y tratamiento del sida debido al estigma que sufren.

Para las ONG de trabajadoras del sexo, el lema que resume a la región se limita, por el contrario, a "ninguna financiación, ninguna reforma política y ninguna voluntad política", señala a Efe Jules Kim, presidenta de Alianza Escarlata Asociación de Trabajadoras del Sexo de Australia.

"Hay que terminar con la criminalización. Los policías son los principales abusadores, que nos detienen por nuestro trabajo. Los condones son para nuestra protección, no una prueba para incriminarnos", explica la trabajadora del sexo y activista.

Kim exige "acción inmediata" por parte de los gobiernos para permitir la legalización de su trabajo, una iniciativa que cuenta, según ella, con el respaldo de ONUSIDA o del propio secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

Cerca del espacio de las trabajadoras del sexo, trabaja la hermana filipina Mercedes Karuna Placino, de las Hijas de la Caridad, junto con religiosos budistas o musulmanes y muy cerca también de las agrupaciones juveniles o el movimiento de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT).

Karuna, que lleva cerca de 20 años trabajando con personas con sida en Tailandia, asegura a Efe que su trabajo no es imponer su moral o amonestar a nadie por su estilo de vida, sino acabar con la discriminación de las personas con VIH.

"Ahora la gente no muere tan rápido como antes, pero falta el acceso. Las ONG y las comunidades estamos trabajando duro para que todos tengan acceso a los tratamientos contra el sida", afirma la monja filipina, vestida con el hábito de color gris.

Sólo un 51 por ciento de los enfermos tiene acceso a tratamientos antirretrovirales en la región, comparado con el 61 por ciento mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En opinión de Karuna, se deben inculcar hábitos saludables durante la educación de los niños, pero una vez una persona adulta contrae el sida, lo "importante es promover su dignidad y derechos", sin importar su orientación sexual o valores morales.

"Ha cambiado mucho. Antes la gente muy conservadora no aceptaba a este tipo de personas. Pero como dicen los budistas, todos vivimos en el mismo planeta. Ahora la colaboración es maravillosa. Lo importante es cómo prevenir el VIH y reconocer las necesidades de las personas con sida", asevera la hermana.

Sam Nugraha, de la Red de Consumidores de Drogas (ANPUD, en sus siglas en inglés), opina que la criminalización en Asia de su colectivo evita que muchos eludan los programas de prevención del sida.

"En lugar de ir a por los peces grandes, que tienen contactos políticos, la policía detiene y envía a la cárcel a gente por consumo. ¿Cómo se van a sentir seguros yendo a una clínica a hacerse pruebas del sida?", critica.

ANPUD, que nació en 2009 a partir de la cooperación de grupos que llevan más de una década en apoyo de los usuarios de drogas, pide que se legalice el consumo propio y se acabe con el estigma del colectivo.

"Yo no me drogo desde hace 14 años, pero me sigo considerando un consumidor porque la adicción está siempre ahí. No estamos aquí para decirle a la gente si debe o no consumir drogas. Nuestra reivindicación es que haya servicios públicos para todos y no se criminalice a quienes consumen", explica Nugraha, nacido en Indonesia.

El año pasado, se contabilizaron 350.000 nuevos casos de sida en Asia-Pacífico, con un total de 4,9 millones de infectados, según ONUSIDA, que alerta de gran prevalencia de la enfermedad entre hombres que tienen sexo con hombres, transexuales y consumidores de droga.