¿Qué movió el voto en Perú?

El nuevo presidente de los peruanos deberá impulsar el crecimiento económico, resolver demandas ambientales de comunidades andinas y luchar contra la inseguridad y el narcotráfico.

En el primer conteo de votos el margen de diferencia entre Fujimori y Kuczynski era menos del 2%. / EFE
En el primer conteo de votos el margen de diferencia entre Fujimori y Kuczynski era menos del 2%. / EFE

El primer boletín de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), con el 36,1 % de actas escrutadas, le daba una leve ventaja a Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos por el Kambio, PPK) en la segunda vuelta presidencial en Perú. El economista obtenía el 50,58 % de los votos, frente al 49,42 % de Keiko Fujimori (Fuerza Popular). Sin embargo, el director del ente electoral peruano, Mariano Cucho, pidió prudencia, “porque aún falta escrutar votos de regiones muy lejanas”.

Lo advertía porque la política peruana fue una verdadera locura en la campaña para la segunda vuelta presidencial. Durante la última semana, la suerte del país parecía estar echada, pues todos los sondeos indicaban que Fujimori era imbatible y le sacaba hasta seis puntos de ventaja a Kuczynski. Por lo menos hasta el viernes, cuando los sondeos comenzaron a mostrar un empate técnico. ¿Qué pasó? Al parecer las movilizaciones masivas en contra de la heredera del fujimorismo y la adhesión de la izquierda a PPK hicieron su trabajo. Al igual que en 2011, cuando Keiko Fujimori fracasó en las urnas frente a Ollanta Humala.

Entonces, recuerdan analistas, Humala iba a perder contra Keiko y en el último minuto le ganó por muy poco. “Fue la movilización antifujimorista, que sumó todo tipo de corrientes, la que llevó a Humala a la Presidencia”, comentaron los expertos. Hoy, cinco años después, el antifujimorismo parece haber hecho lo mismo. “Este grupo que no conoce de ideologías, que va de la derecha a la izquierda, se convirtió en un gran movimiento político —al igual que el fujimorismo, que no es menor—. El país parece estar dividido entre estos dos frentes”, añadieron los analistas.

“Todavía no hemos ganado nada. Recibimos estos resultados preliminares con optimismo y modestia, pero hay que esperar los resultados finales”, dijo Kuczynski en una breve alocución a cientos de seguidores concentrados frente a su sede de campaña. Su prudencia flaqueó cuando aseguró: “Nosotros aborrecemos la dictadura y amamos el diálogo. Vamos a poder gobernar el Perú hacia un horizonte brillante y mejor. Vamos a tener consenso. No más pugnas ni enfrentamientos”.

¿Qué movió el voto peruano? “Uno de los aprendizajes más grandes de la sociedad peruana es el rechazo a la violencia. Entre los años 80 y 90 los peruanos fuimos testigos de cómo el culto a la violencia se convirtió en un terrorismo demencial que desangró al país. También aprendimos la necesidad de enfrentar la corrupción, madrina de la delincuencia y la inseguridad ciudadana que abre las puertas al crimen organizado”, explicaba en su columna del diario El Comercio el sociólogo Gonzalo Portocarrero.

“Las cifras que vemos en la televisión nos muestran que hay un empate técnico. Sin embargo, vamos a esperar con prudencia, porque toda la noche llegarán las actas de las regiones, del extranjero y el voto rural del Perú profundo”, señaló Fujimori en una presentación ante sus seguidores en un hotel de Lima.

Se refiere a su bastión electoral, ubicado en Lima y varios departamentos del norte del país. Keiko se mantuvo como favorita muchas semanas, alentada por los pobres, en regiones apartadas que recuerdan a su padre, Alberto Fujimori, porque inauguraba colegios, carreteras, centros de salud y además regalaba zapatos y todo tipo de cosas. Pero ese no fue el único legado del fujimorismo. Otro sector no olvida las violaciones a los derechos humanos y la corrupción cometidas en su gobierno entre 1990 y 2000.

El exfiscal Avelino Guillén, cuya acusación a Alberto Fujimori fue la base para que éste fuera condenado a prisión, donde debe permanecer hasta el 2031 por corrupción y crímenes de lesa humanidad, lo advertía así: “De ganar Keiko, sería la continuidad del régimen de su padre. Perú vive un momento delicado, pues hemos visto una campaña millonaria cuyos fondos no podemos conocer”.

Mensajes como este parecieron hacer eco entre los peruanos, de acuerdo con los cómputos extraoficiales y los primeros resultados oficiales que ubicaban en primer lugar a Kuczynski.

El sucesor de Ollanta Humala, que se posesionará el próximo 28 de julio, deberá enfrentar la inseguridad como primera tarea: el 70 % de los peruanos le piden al nuevo gobierno luchar contra la delincuencia y el crimen organizado, que incluye el incremento de los casos de sicariato, fenómeno vinculado con el narcotráfico. Otros retos serán impulsar el crecimiento económico y resolver demandas ambientales asociados con la minería.