Mujeres, cada día más presentes en el Ejército israelí

Han pasado de estar en un 60 por ciento de los puestos a un 92 por ciento, incorporándose a unidades de combate, logísticas o de la policía militar.

EFE

 El Ejército de Israel, donde el servicio militar es obligatorio, ha dado un nuevo impulso para incorporar al mayor número de posiciones a las mujeres, que acceden ya al 92% de puestos pero tienen aún limitadas algunas actividades, como por ejemplo, conducir tanques.

"Llevamos años haciendo esto, desde el 2000, en que se aprobó una ley que dice que todos los puestos deben abrirse a las mujeres de acuerdo con la condición física. Periódicamente comprobamos si podemos abrir nuevas posiciones", explicó a Efe en una entrevista la Responsable de Mujeres en el Ejército, general de brigada Racheli Wizel.

Desde entonces, se ha hecho un importante esfuerzo para ir generalizando su presencia en todos los campos y han pasado de estar en un 60 por ciento de los puestos a un 92 por ciento, incorporándose a unidades de combate, logísticas o de la policía militar.

Hay comandantes en la Marina, hace una década que participan en la Fuerza Aérea como pilotos y cinco o seis años que se las puede encontrar en misiones de Inteligencia de campo y en puestos de artillería u operando el sistema antimisiles Cúpula de Hierro.

"Durante años no había oficiales de la Marina mujeres. Lo estudiamos y nos dimos cuenta que el curso era muy duro a nivel físico y que no hace falta tener tanta fuerza para capitanear un barco, así que lo abrimos a las mujeres", explica Wizel, orgullosa de cómo ha cambiado la situación en quince años.

Además de abrir más y más puestos a las militares, las Fuerzas de Defensa también han hecho un esfuerzo paralelo para adaptar los equipos y los uniformes.

"Por ejemplo, hemos tenido que rediseñar los chalecos antibalas, equipos para munición y hemos desarrollado un diseño de zapatos de combate para ellas", además de fomentar que las israelíes sientan que pueden elegir la carrera militar que deseen y no se limiten a los trabajos tradicionales en educación o salud.

Israel es el único país con servicio militar obligatorio para las mujeres, con una duración de dos años (para los hombres de tres) y en estos momentos ellas representan un 33 por cierto de la fuerza militar.

"No hay nada así en el mundo", señala Wizel, que asegura que Noruega seguirá sus pasos el próximo año extendiendo la obligatoriedad del servicio.

Ahora, el 40 por ciento de la Inteligencia Militar son mujeres y el 20 por ciento de puestos tecnológicos también los ocupan ellas.

La que inició toda esta revolución fue una soldado, Alice Miller, que demandó al Tribunal Supremo hace dos décadas que avalase su derecho a pasar las pruebas de piloto de combate.

"El Ejército argumentó que sería más caro formar a pilotos mujeres, porque debido a las bajas de maternidad habría que tener más pilotos, y el Supremo contestó que en pro de la igualdad de oportunidades, había que hacer frente a ese coste", explica la general.

Miller nunca llegó a ser a piloto porque suspendió el examen, pero desde entonces otras han conseguido subirse a helicópteros, aviones de carga y F16.

En los últimos meses se ha investigado si las mujeres pueden, entre otras tareas, conducir tanques, pero la conclusión ha sido negativa, debido fundamentalmente a que las puertas de acceso son enormemente pesadas.

"Antes, por ejemplo, no teníamos mujeres en puestos técnicos de aviones, porque los equipos que hay que mover pesan mucho, pero desarrollamos apoyos, como equipos más ligeros, sobre ruedas o con escaleras, para tratar de adaptarlo. Partimos de la idea de que los hombres y los mujeres no son iguales, no pueden sostener el mismo peso, pero tenemos que buscar soluciones", dice Wizel.

El avance de las mujeres en el Ejército es relevante, sobre todo, porque el paso por esta institución es determinante para la vida civil.

"Cuando quieres conseguir trabajo en Israel siempre te van a preguntar qué hiciste en el Ejército. La incorporación de las mujeres en puestos tecnológicos en el Ejército implicará que luego podrán trabajar en la industria de telecomunicaciones y ganar más dinero que en otros trabajos", argumenta.

Está de acuerdo con ella la paramédica Maya Rog, de 21 años, originaria de Buenos Aires y que se formó para esta labor en el Ejército.

"Trabajo en un batallón de tanques, la mayoría de mi servicio estoy con combatientes y me siento bastante igual. Especialmente en los últimos años, la mayoría de los puestos están abiertos tanto para hombres como para mujeres, salvo las cosas que son lógicas que no, como un batallón en que los soldados deben cargar mochilas con 45 kilos y caminar muchos kilómetros. Eso es difícil para una mujer", explica.

Rog tiene claro que la etapa militar "determina totalmente la vida civil futura" y sabe que está aprendiendo a dominar una profesión que podrá utilizar fuera, aunque reconoce que le hubiera gustado "hacer cosas más secretas, quizás en Inteligencia, saber de esas misiones terribles que hacen".

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