“Negociando a espaldas”

La Alianza Transpacífico es un acuerdo que aglutinará el 40% de la economía mundial y afectará temas como libertad de expresión, genéricos e internet, entre otros.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, subiendo al Air Force One. / AFP

“El TPP es sin duda el tratado de libre comercio más sucio y nocivo que se haya firmado en la historia. Si se aprueba no habrá forma de regresar”, dice Ben Beachy, analista de Public Citizen, organización protectora del consumidor, con sede en Washington, al hablar del acuerdo comercial que reescribirá los estándares del comercio mundial en temas tan cruciales como propiedad intelectual, manejo y control de patentes, acceso a internet, medicinas genéricas, regulaciones ambientales y normas laborales, entre otros.

“Este es un acuerdo que fortalece a bancos, farmacéuticas, empresas de software, la industria del tabaco, empresas de biotecnología y petroleras. Todo a costa del medio ambiente, la libertad de expresión y la soberanía de los países”, añade Beachy.

La Alianza Transpacífico, o TPP por sus siglas en inglés, es un acuerdo que aglutinará el 40% de la economía mundial en una vasta zona de libre comercio que comprenderá 790 millones de consumidores en Estados Unidos, Japón, México, Canadá, Australia, Malasia, Chile, Singapur, Perú, Vietnam, Nueva Zelanda y Brunéi, inicialmente.

Lo más problemático es que este acuerdo ha sido negociado desde 2008 en absoluto secreto. Tanto que ni los congresistas pueden obtener una copia del mismo. Para conocer el articulado sólo pueden hacerlo en un cuarto privado en el capitolio y no pueden tomar notas ni llevar a ninguno de sus asesores para que lo revisen.

¿Quiénes están detrás de las negociaciones? Cerca de 566 miembros de las industrias en cuestión, es decir, representantes de las farmacéuticas, industrias de la grabación, telecomunicaciones, entretenimiento y software, entre otras. Son 29 comités negociadores, con representantes de gigantes como AT&T, General Electric, Apple, Dow Chemical, Nike, Wal-Mart, Boeing, General Motors, Cisco, Yahoo, Intel y Fed Ex, entre otros. La Alianza Transpacífico es un tratado que ha sido redactado por y para las corporaciones transnacionales. El exrepresentante de comercio de Estados Unidos Ron Kirk, quien fue parte del equipo negociador en su etapa inicial, dijo que, de ser conocida la extensión total del tratado por parte de la opinión publica, sería imposible que fuera aprobado por el Congreso.

Aunque sigue siendo delito federal revelar cualquier parte del contenido del TPP a los medios de comunicación, cuatro capítulos del borrador final sobre propiedad intelectual, medicamentos genéricos, medio ambiente y patentes se filtraron a través de Wikileaks, prendiendo las alarmas sobre las intenciones del tratado. “El TPP les permitirá a compañías como Disney criminalizar y perseguir a usuarios y servidores de internet por descargar o compartir sus películas en la red. Elevará el costo de la salud al cerrarles el paso a los medicamentos genéricos”, explica Jim Shultz, director del Centro para la Democracia, en San Francisco.

En materia de propiedad intelectual, el TPP no sólo pretende aumentar el alcance y la duración de patentes para medicamentos y tecnología, sino que también pretende crear derechos de propiedad intelectual sobre la información que circula en internet. De aprobarse, las empresas prestadoras de internet tendrían la responsabilidad de vigilar la actividad de sus usuarios en línea. Por si fuera poco, el tratado, que los más críticos llaman “Nafta con esteroides”, les permitirá a la corporaciones demandar a los países miembros en tribunales de arbitramento por legislaciones locales de medio ambiente o de cualquier tipo que afecte sus ganancias.

Las “disputas entre el inversionista y los estados miembros” serán resueltas por tribunales compuestos por tres abogados de comercio internacional, los cuales pueden obligar a los países a pagar indemnizaciones multimillonarias a las compañías. En otras palabras, un simple y llano golpe de Estado corporativo a la soberanía de los países.

A su vez, el TPP hará más fácil que las corporaciones muevan su mano de obra a países miembros del tratado, como Vietnam y Malasia, donde se pagan escasos US$0,60 por hora. Según el material filtrado por Wikileaks, se otorgarán privilegios y protecciones a las corporaciones que trasladen sus inversiones a países miembros de la nueva zona económica del Asia Pacífico. Según Richard Trumka, presidente de AFL-CIO, la mayor central obrera de Estados Unidos, esto hace del tratado el paraíso prometido para conseguir mano de obra barata, lo cual terminará con la pérdida de miles de empleos en los demás países miembros.

El TPP también le otorga un escenario favorable a la banca, al prohibirles a sus miembros emitir cualquier tipo de regulación que limite o impida actividades especulativas, así como productos financieros de alto riesgo, justo como los que llevaron a la crisis económica de 2008. Igualmente prohíbe la creación de cualquier impuesto sobre transacciones de la industria bancaria. Eso obligaría a que las autoridades monetarias de Estados Unidos y los demás países miembros rescaten a los bancos como lo hicieron en la pasada crisis financiera mundial.

“Es increíble que el tratado más grande de la historia se siga negociando a espaldas del mundo entero”, dijo Julian Assange, el fundador de Wikileaks, al lanzar una campaña que ofrecerá una recompensa de US$100.000 a quien revele los capítulos restantes del controversial tratado.

Entre tanto la administración Obama sigue a la espera de un voto positivo en el Senado que le otorgue la capacidad de presentar el proyecto a votación de forma cerrada en el Congreso, para evitar que se vote en bloque y no se debata punto por punto.

Colombia no hace parte del grupo inicial de países, pero ya ha expresado su interés de unirse al tratado una vez sea firmado.

 

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