Negocio en la guerra contra el terror

Una red de compañías privadas estadounidenses negoció con el gobierno de George W. Bush para transportar sospechosos de cometer actos terroristas a cárceles secretas de la CIA alrededor del mundo, durante la llamada ‘guerra contra el terrorismo’, declarada tras los atentados a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.

Así lo evidencian documentos revelados en una corte de Nueva York, durante una disputa judicial entre dos firmas de aviación que transportaron detenidos.


Facturas, recibos, contratos y correos electrónicos, recopilados y difundidos por la organización humanitaria británica Reprieve, evidencian cómo el gobierno estadounidense pagó a Sportsflight, empresa que a su vez alquilaba aviones a Richmor Aviation, US$4.900 por hora de sobrevuelo para transportar presos, cuando el precio regular era US$5.450.


Entre los presos transportados figura Jalid Sheij Mohammed, quien se declaró como el cerebro de los atentados a las Torres Gemelas. Después de ser detenido en 2003, Mohammed pasó por cárceles de los servicios de inteligencia de Estados Unidos. Luego desapareció. Otro de los transportados fue Encep Nuraman, conocido como Hambali, líder de la organización terrorista de Indonesia Jemaah Islamiyah. Tras ser detenido, Hambali sobrevoló durante ocho días Alaska, Japón, Tailandia, Afganistán y Sri Lanka. Las facturas indican que el Gobierno pagó US$301.113 por el vuelo.


“Estos documentos nos adentran de una manera sin precedentes en cómo el Gobierno de Estados Unidos manejó de manera secreta las detenciones y vuelos de la CIA y vuelve a surgir la pregunta de por qué los sospechosos nunca tuvieron la oportunidad de ser juzgados”, aseguró el directo legal de Repreive, Cori Crider


A partir de la información recopilada, esta organización denunció que el gobierno americano usó un mismo avión para hacer 52 viajes hacia destinos como Guantánamo, Bangkok, Kabul, Dubai y Tenerife. Según Reprieve, la aeronave era propiedad del dueño del equipo de fútbol Liverpool F.C., Philip Morse.


Los documentos también evidencian que los directivos de las compañías proveedoras de transporte llamaban ‘invitados’ del gobierno a los presos, que eran usualmente sedados mediante supositorios anales, antes de ser vestidos con pañales y vestimenta de trabajo.


Ante la proximidad del décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre, el Consejo de Europa cuestionó los métodos usados en la guerra antiterrorista, que “dieron lugar a innumerables nuevos crímenes, muchos de los cuales fueron ocultados deliberadamente” y apenas ahora salen de la impunidad.