Nepal: la diplomacia del desastre

Las entregas de ayuda humanitaria para la población afectada son una muestra de altruismo, pero también una oportunidad para proyectar “poder blando” en una región muy vulnerable.

Los países y organizaciones de todo el mundo se han apresurado a ayudar a Nepal, donde el gran terremoto de magnitud 7,8 ha dejado más de 5.000 personas muertas. /AFP

Después del terremoto ocurrido el sábado, las potencias no tardaron en enviar sus ayudas a Nepal, aquél pequeño, aislado y empobrecido país ubicado en medio de China e India, las dos naciones más pobladas de Asia. Las ayudas llegan como una importante muestra de solidaridad, claro, pero también en la diplomacia del desastre los países proyectan “poder blando” y buscan mejorar su percepción entre sus vecinos. Así lo expone Keith Johnson, quien en un artículo llamado U.S., China, India Race to Send Aid to Earthquake-Battered Nepal, recién publicado en Foreign Policy, observa con lentes realistas el masivo envío de ayuda humanitaria para la población nepalí.

Para sus vecinos, entonces, la tragedia de Nepal puede significar una oportunidad a nivel político. China fue el primero en enviar equipos de búsqueda y rescate. India no tardó en responder con una contribución de un equipo de 300 personas, un hospital móvil y la solidaridad expresada en boca del primer ministro. Estados Unidos anunció ayudas por US$10 millones. El Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Israel, Singapore, la Unión Europea, entre otros, también participarán con ayuda humanitaria. Hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que podría coordinar esfuerzos de financiamiento para ayudar al gobierno nepalí.

Como dice Keith Johnson, la respuesta internacional es un intento por salvar vidas, pero los tres países (EE.UU., China e India) saben que también puede significar dividendos políticos. “La respuesta a los desastres es especialmente importante en Asia, donde la densidad poblacional está junto a las frecuentemente débiles capacidades de los gobiernos y la vulnerabilidad a los terremotos, tifones y otros desastres naturales. China, en particular, ha pasado la última década tratando de reforzar sus propias capacidades de respuesta a desastres, con el fin de pulir su imagen en Asia y el Pacífico”.

En una región tan vulnerable, la respuesta a los desastres y la ayuda humanitaria juegan un rol central en la proyección de “poder blando”. El autor dice que, por ejemplo, Estados Unidos ganó mucho apoyo debido a su rápida respuesta de ayuda a las víctimas del tsunami ocurrido en 2004 en el sudeste asiático, o en el terremoto y tsunami que generaron un alto nivel de destrucción y contaminación en Japón en 2011, o en tifón que azotó a Filipinas en 2013. En los años siguientes, EE.UU. ha venido incrementando su capacidad para hacer frente a los desastres naturales en la región de Asia-Pacífico, donde compite con China por ganar una mayor influencia.

China no se puede quedar atrás en su propio vecindario. También ha tenido que incrementar su capacidad para responder a los desastres. Prueba de esto es su equipo de 62 miembros y la construcción de un inmenso hospital flotante, el Peace Ark. Sin embargo, su ayuda humanitaria ha sido antes cuestionada: cuando el tifón Hayan azotó Filipinas, la cooperación económica por parte de China se vio demasiado escasa y su respuesta muy lenta en comparación a la estadounidense. Al sexto día de la catástrofe, la ayuda china ascendía a US$200.000, en comparación con los US$20 millones de Estados Unidos o los cerca de US$10 millones de Japón o Australia. El gigante asiático tuvo que elevar el monto ante las crecientes críticas por parte de la población local de filipinas y algunas organizaciones y medios internacionales, a pesar de eso su imagen no salió muy favorecida y quedó un sinsabor en sus relaciones con Filipinas, país con el que desde antes mantenía disputas marítimas.

Los desastres pueden convertirse en oportunidades para mejorar las relaciones diplomáticas. En 2011, Miwa Hirono publicó un artículo en The Diplomat, en el que decía que la diplomacia del desastre fue evidente en las secuelas del terremoto de Wenchuan, en 2008, en la provincia china de Sichuan, cuando Japón aportó alivio de desastres y asistencia humanitaria. “Muchos chinos veían a través de imágenes de los medios estatales los miembros del equipo de rescate japoneses derramando lágrimas y haciendo una reverencia a los chinos muertos descubiertos en las zonas afectadas por el sismo. Tales imágenes ayudaron a mejorar la confianza de China hacia Japón”.

Un mes después del terremoto y posterior tsunami en Japón, en 2011, Hirono explicaba que China estuvo entre los primeros en ofrecer sus condolencias y su millonaria ayuda humanitaria. La diplomacia del desastre ha disminuido las tensiones entre chinos y japoneses en cierta medida. No obstante, el acercamiento se derrumba cada vez que China deja ver sus intenciones expansionistas sobre las islas Senkaku, también reclamadas por Japón, o la posibilidad de proyectar su poder militar hacia ese país.

De hecho, después del terremoto, Japón no pudo aceptar la totalidad de la oferta de ayuda por parte de China y prefirió dejar el puesto de mayor cooperante para Estados Unidos. Se decía, para entonces, que el gobierno chino ofreció un equipo de rescate de 80 miembros y su buque hospital naval, Heping Wanshou, pero éstos no fueron aceptados. ¿Por qué? Algunos medios luego revelaron que Japón no aceptó la oferta completa por razones de “sensibilidad militar”: el equipo de rescate chino incluía personal médico del Ejército de Liberación Popular. Cualquier presencia militar en suelo japonés resultaba demasiado escandalosa para Tokio y Washington.

Hirono explicaba la respuesta China en términos del interés de este país por proyectarse como una gran potencia, tanto afuera como adentro de su territorio: “La pronta respuesta de China al terremoto de Japón permitió que el gobierno chino explicara a su gente que sus acciones eran las de un "poder responsable " y, por lo tanto, debe entenderse en el contexto del aumento de los esfuerzos de China para contribuir a las operaciones internacionales posteriores a los desastres desde 2003. Bajo la "Nueva misión histórica” de Hu para ampliar el papel de las fuerzas armadas de China en el ámbito de la seguridad no tradicional, China ha enviado equipos de rescate internacionales a Indonesia, Irán, Argelia y Pakistán, entre otros países. Además, China tiene un centro de entrenamiento de rescate internacional en Beijing, el mayor de su tipo en la región Asia- Pacífico. Por lo tanto, la asistencia de China a Japón puede ser entendida como parte de su esfuerzo general para proyectar la imagen de un creciente poder benigno”.

Pero no es tan fácil para China proyectar la imagen del buen vecino y optar por la diplomacia del desastre en su región, mientras mantiene conflictos limítrofes con casi todos sus vecinos y una creciente polémica por la construcción de islas artificiales en el Pacífico y la modernización e incremento de la capacidad bélica de su marina de guerra. Estas construcciones en las Spratly Islands, sumadas a la modernización de las fuerzas navales chinas y su actual búsqueda de consolidarse como un gran poder marítimo (parte de esta estrategia incluye la presencia de “milicias marítimas”: flotas de pescadores que incluyen a soldados en su tripulación), están generando conflictividad en el mar, aunque según Beijing la alteración material de estos territorios también serviría, en parte, para hacer frente a futuros desastres naturales.

Teniendo en cuenta esas acciones conflictivas, las masivas ayudas de China empiezan a dibujar una ambigüedad en su política regional. Como daba a entender Miwa Hirono en su artículo, la diplomacia del desastre encuentra límites en la realidad política de las relaciones internacionales. La imagen del buen vecino resulta simplemente demasiado dudosa en el caso de China. Frente a Nepal, un vecino que ha vivido aislado y sumido en la pobreza, ambos gigantes encuentran un escenario para competir en esa llamada diplomacia del desastre.

*Lea el artículo U.S., China, India Race to Send Aid to Earthquake-Battered Nepal en Foreign Policy.

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