Nicaragua, a la conquista de su soberanía

Las palabras del general nicaragüense Adolfo Zepeda sobre la cooperación con Rusia y EE.UU. podrían verse como una apuesta por su empoderamiento en el Caribe.

Adolfo Zepeda, inspector general del Ejército de Nicaragua. / EFE

A comienzos de agosto, cuando el comandante del Ejército de Nicaragua, Julio César Avilés, anunció que su país tenía presupuestado reforzar su esquema seguridad en el Caribe, cierta nube de polvo se levantó en Colombia. El general insinuaba que Rusia sería la nación que vendería los nuevos equipos y el ministro de Defensa de Colombia, Juan Carlos Pinzón, aseguró que el país era respetuoso de las adquisiciones bélicas de sus vecinos, pero “que a nadie se le ocurra meterse en el territorio colombiano, que a nadie se le ocurra violar la soberanía”.

El telón de fondo era el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que el próximo 19 de noviembre cumple un año de emitido y que entregó a Nicaragua unos 75.000 kilómetros cuadrados en el Caribe que antes le pertenecían a Colombia. El telón de fondo sigue siendo el mismo ahora que el general nicaragüense Adolfo Zepeda, que ocupa el cargo de inspector general del Ejército, aseguró que su país adelanta operaciones antinarcóticos conjuntas en el Caribe, aunque por separado, con Estados Unidos y Rusia, en áreas que antes eran controladas por Colombia. Incluso comentó que “constantemente estamos en esas aguas patrullando, brindándoles apoyo y seguridad, nos cruzamos con ellos (medios navales colombianos), tenemos algunas veces conversaciones amables, donde les advertimos que esa zona es nicaragüense y que se retiren, pero nos saludamos cordialmente”.

De todas las palabras, quizá las más raras son las que tienen que ver con Rusia. “Hay una gran diferencia en lo que dice Nicaragua de su relación con Rusia y lo que Rusia dice de su relación con Nicaragua. Managua utiliza un recurso retórico, pero de parte de Moscú el interés no parece ir más allá que el de un fabricante de equipo bélico que ahora mira a un eventual cliente. Ese vínculo no se podría observar como un pacto de asistencia y cooperación militar”, asegura Mauricio Jaramillo Jassir, analista de la Universidad Externado.

Su análisis no encuentra nada de extraño en que Estados Unidos tenga pactos de cooperación con los países de la región, incluida Colombia, ni en que aparentemente se esté custodiando un área otorgada por el fallo del 19 de noviembre: “Creo que Estados Unidos ve la relación con la región como un todo, más allá de las relaciones bilaterales que tenga con los gobiernos. Sus alianzas existen no para relacionarse de determinada forma con los gobiernos, sino por el simple objetivo de controlar el crimen. No resulta nada extraño”, puntualiza Jaramillo Jassir.

Todo es una cuestión de lenguaje. De una manera muy desigual podrían compararse los intereses de naciones como Estados Unidos y Rusia en Centroamérica y el Caribe, más allá de esa suerte de morbo que dejó en la historia el precedente de la Guerra Fría. ¿Qué interés prioritario tendría Rusia para asistir en la lucha antinarcóticos en el área? “Ninguno”, considera el analista.

Durante los meses siguientes al fallo de la CIJ, y el no reconocimiento —hasta ahora— de la sentencia por parte del gobierno de Bogotá, del lado colombiano se ha expuesto el problema de redistribuir los poderes en el Caribe, una zona de alto tráfico de narcóticos y que demanda un trabajo logístico que, palabras más, palabras menos, no tiene el gobierno de Managua. En opinión de Mauricio Herdocia, exasesor del gobierno nicaragüense en la demanda que originó el fallo, ese tipo de salidas retóricas, que no son las primeras, siguen llenando los vacíos que hasta ahora deja la falta de comunicación directa entre los gobiernos. Mensajes que lanzados de manera abierta y pública tienen el fin de hacer entender que el fallo se mantiene en pie y que, a pesar de lo que pueda sugerir Colombia, Nicaragua dispone de las maneras necesarias para ejercer su soberanía.

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