Niños que migran a EE.UU.

En lo que va de 2014 se ha duplicado el número de menores de edad que cruzan la frontera solos. Casi 60.000 han sido enviados a albergues para ser deportados.

Dos niñas menores de edad deportadas de EE.UU. a Casa Alianza, un refugio mexicano para niños ilegales. / AFP

¿Sabe dónde están sus hijos en este momento? Una pregunta sin respuesta para miles de padres de El Salvador, Guatemala y Honduras que han visto como durante los últimos meses sus hijos, menores de 18 años, intentan llegar a Estados Unidos por cuenta propia. Del 1º de octubre de 2013 al 31 de mayo de este año, la Patrulla Fronteriza estadounidense interceptó a 47.017 menores que inmigraban sin documentos y sin la compañía de un adulto, casi el doble del número registrado en el mismo período del año anterior. En los primeros cuatro meses de 2014, más de 6.000 niños y adolescentes mexicanos fueron deportados de EE.UU. Muchos de ellos habían intentado cruzar más de cinco veces la frontera.

La situación desbordó al gobierno estadounidense. Tanto, que hace unos días el presidente Barack Obama se refirió a la llegada de niños ilegales como “un asunto humanitario urgente”. Esa es la razón para que el vicepresidente, Joseph Biden, haga una parada “de última hora” en su gira por América Latina. Hoy el mandatario se reunirá con el presidente de Guatemala, Otto Pérez, y representantes de los gobiernos de El Salvador y Honduras para acordar medidas que disminuyan el número de menores centroamericanos que llegan solos a EE.UU.

La situación es tan preocupante que el gobierno estadounidense habilitó tres bases militares como albergues para menores, mientras que el secretario de Seguridad Interna, Jeh Johnson, subrayó que los menores que han cruzado la frontera en los últimos meses no obtendrán estatus legal o ciudadanía, y que en cambio son considerados “prioritarios” para ser deportados. México, que sirve como país de contención a este flujo migratorio hacia su vecino del norte, también expresó su alarma por la situación. El país deportó en 2013 a 8.577 menores migrantes centroamericanos.

“Hay leyes, hay seguridad, hay reglas... eso se tiene que entender”, dice a la AFP José Luis Valles, director general de control y verificación del Instituto Nacional de Migración (INM), quien considera que “todo el mundo sería Disneylandia” si Estados Unidos abriera sus fronteras sin condición.

No es Disneylandia

El embajador de Tegucigalpa en Washington, Jorge Milla, habló hasta de 60.000 menores que se fueron acumulando en albergues de diferentes zonas de Estados Unidos, luego de entrar por Texas y Arizona, unos en busca de sus padres y otros huyendo de la violencia en su país. Según Milla, un promedio diario de 60 a 70 niños hondureños —aunque también hay salvadoreños y guatemaltecos— ingresan a Estados Unidos después de una travesía peligrosa.

La ruta del horror para los niños que quieren migrar comienza en casa. Los encargados de albergues para menores migrantes coinciden en que muchas familias presionan a sus hijos para que, sin importar el drama que ellos viven en la travesía para llegar a EE.UU., vuelvan a intentar cruzar la frontera. A lo largo de la travesía, los niños son detenidos por traficantes de personas, narcotraficantes y otros delincuentes para extorsionarlos, secuestrarlos o venderlos a redes de prostitución. En otros casos, incluso, los reclutan.

Antonio, 17 años, deportado a un centro de acogida en Tijuana, le dijo a la AFP que su “pollero” —como se llama a los traficantes de personas— parecía tan menor como él. “Era un muchacho también”, dijo. “Se tiene registro de que muchos jóvenes son empleados para el tráfico de personas en las fronteras, debido a que no son imputables ante la justicia”, explica Javier Urbano, coordinador del Programa de Asuntos Migratorios de la privada Universidad Iberoamericana. Hacia el lado este de la frontera las cosas se agravan. Ahí, los menores ya realizan extorsiones a migrantes e incluso participan de asesinatos, según un abogado de niños migrantes que pidió el anonimato.

Si los menores son altamente vulnerables en su ruta, los peligros no se acaban una vez que quedan a resguardo de las autoridades, pues muchos temen ser devueltos a su lugar de origen, de donde salieron huyendo. “Me llevaron a un cuarto muy grandísimo donde están revueltos chavos (chicos), chavas (chicas) y adultos. Ahí estuve cinco días”, cuenta un joven hondureño, capturado cerca de la frontera sur de México, por donde cruzó a la edad de 16 años. Este chico, que salió de su país amenazado de muerte por pandilleros, permaneció dos meses en instalaciones de migración, hasta que México le otorgó el estatus de refugiado. Ahora estudia sastrería y sueña con vestir a las estrellas de Hollywood algún día.

El costo del viaje es de aproximadamente 8.500 dólares. Incluso, las autoridades han rescatado a niñas desde los 2 años que sus propios padres pretendían vender por menos de mil dólares. Uriel González, director de la casa IMCA en Tijuana, ha explicado que los niños prefieren migrar por Reynosa, Nuevo Laredo y Matamoros, las zonas más duras de cruce, pero las más usadas porque resultan las menos costosas. “Yo hago lo que sea, trabajo donde me digan, pero que no me regresen a mi país. Eso sería lo peor de todo”, dicen los menores.

 

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