“Este no es el apocalipsis”

Para el analista griego Stathis Kalyvas, la victoria de Donald Trump en Estados Unidos no representa una crisis de la democracia.

Para Kalyvas, las redes sociales tuvieron un papel clave en la victoria de Donald Trump por su capacidad de convocatoria. / AFP.

El griego Stathis Kalyvas es el director del Programa de Orden, Conflicto y Violencia del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Yale. Su libro Lógica de la violencia en la guerra civil se ha convertido en un clásico, un libro indispensable para entender este tipo de conflictos. Pero no sólo es un experto en ese tema, sino también una voz autorizada, por ejemplo, para hablar de la situación en Estados Unidos tras la elección de Donald Trump. En entrevista con este diario fue enfático en que la llegada del republicano a la Presidencia, aunque preocupante, no es el fin del mundo.

¿Qué explica este fenómeno Trump?

Hay varias explicaciones: una económica, en la que parte de la culpa la tiene la globalización; otra demográfica, en la que la inmigración es vista como un problema que afecta a los trabajadores nativos. Lo que nos permite ver cómo el aspecto demográfico, a su vez, afecta lo económico. Y la comunicacional: que, gracias a estas nuevas tecnologías de la comunicación, a las redes sociales, para aquellas personas marginalizadas, económicamente hablando, se hace más fácil expresarse y dar a conocer este malestar de forma que no tiene precedentes. Así que gente que en el pasado no tenía una voz, ahora la tiene.

A su vez, estas nuevas tecnologías les dan a personas que no necesariamente son políticos, que son, digamos, emprendedores políticos y que tienen habilidades con los medios, la posibilidad de expresarse y conectarse entre ellos. En el pasado, Donald Trump no hubiera sido capaz de conectarse con estas personas, porque hubiera requerido de mucho trabajo de base y organización. Ahora uno no tiene que hacer todo eso. Y, en mi criterio, eso ha significado un cambio para la forma de hacer campaña.

Y en medio está el aspecto cultural, igualmente relacionado con lo económico, que es cuando la población cambia y hay gente que siente que se están convirtiendo en una minoría. Yo no lo calificaría como racismo, aunque la raza es, por supuesto, central, pero para muchas personas estos cambios son preocupantes y hay que tratar de entender eso.

Muchos creen que la victoria de Trump es una amenaza para las instituciones...
Yo no estoy de acuerdo. Es un reto, quizás, para el establecimiento. Pero yo creo que es un ejemplo de cómo la democracia permite la expresión de un descontento como este y, en ese sentido, es una muestra de cómo la democracia es más flexible que los otros tipos de regímenes. No estoy de acuerdo con que esto sea la crisis de la democracia, sino lo contrario: es un ejemplo de cómo la democracia maneja, absorbe este descontento. Y, con suerte, puede generar cambios, lo que es necesario.

Tras su victoria, Trump ha optado por un tono conciliador. ¿Vamos a ver a un Trump diferente al de la campaña?
Es difícil de decir y nadie sabe, pero es muy interesante que la mitad de la gente dijo que Trump no era elegible. Así que hacer un pronóstico no es fácil. Habiendo dicho eso, creo que hay dos, digamos, escuelas: una que dice que durante las elecciones se vio a un Trump incapaz de controlarse. Y que hay que tomar todo lo que dijo al pie de la letra. Y otra que dice que Trump es un showman que entendió que comportándose de esa manera proyectaba un aura de autenticidad que iba a atraer a los votantes. Ahora hay que entender que para gobernar tiene que jugar un juego distinto. Una cosa es el juego para ser elegido y otra gobernar.

Hemos visto incidentes violentos por parte de algunos seguidores de Trump…
Cada que hay una elección polarizada, como esta, vamos a ver fenómenos como estos pero yo creo que son incidentes aislados. No veo que vaya a haber una ola de intolerancia o de violencia. Pero, claro, es muy difícil predecir el futuro. Pero creo que esto es un reflejo de la polarización de esta elección. Y, por supuesto, ha habido algunos extremistas que se han sentido empoderados con la elección de Donald Trump. Pero no creo que se extienda hasta convertirse en algo masivo. Habrá que ver qué ocurre pero no creo que pase eso.

¿Y respecto a las relaciones internacionales?
Tenemos que volver a las dos escuelas ya mencionadas. Es posible, de acuerdo con la segunda escuela, podemos imaginar que va a replantear algunos de sus acuerdos con China, entendiendo que el sector empresarial estadounidense depende mucho de los suministros chinos. Y con Rusia no es claro si vamos a ver un cambio radical de la política exterior de Estados Unidos. No hay que perder de vista que hay un establecimiento muy poderoso respecto a los negocios y la política exterior de los Estados Unidos. Así que no es tan fácil hacer cambios radicales. Se pueden hacer ajustes pero no creo, por ejemplo, que Estados Unidos vaya a abandonar la OTAN. Me sorprendería, por ejemplo, que hubiera un cambio radical en las relaciones con Irán; especialmente porque Irán está conectado con Siria y debido a la preocupación de Trump y otros por el Estado Islámico, no creo que vaya a haber cambios radicales.

¿Cree que estas elecciones pueden afectar las elecciones en Francia o en Alemania?
Ciertamente hay una tendencia. Es muy claro, por ejemplo, que el referendo celebrado en el Reino Unido tuvo una influencia en las elecciones en Estados Unidos. Y por ello no sería una sorpresa que esta elección tenga un impacto en las elecciones europeas. Pero no podemos perder de vista que hay particularidades nacionales y diferencias institucionales. Una de las grandes dificultades, por ejemplo, para Marine Le Pen en Francia es que allá hay segunda vuelta y ella carga con una visión negativa en su contra. Entonces creo que sí va a tener una influencia, pero no necesariamente va a hacer a estos candidatos más elegibles.

¿Es esta la crisis de la globalización?
La globalización, en sí misma, es un shock en varias formas: por cuenta de los movimientos del capital, por la dificultad de generar sistemas de seguridad social que protejan, realmente, a los trabajadores. Y también tenemos la inmigración que es el otro lado de la globalización que también genera shocks muy fuertes. Y eso es lo que estamos viendo. No es la primera vez que tenemos algo como este. Pero cómo se va a manejar esta situación permanece como una pregunta abierta.

¿Las protestas contra Trump van a tener alguna consecuencia?
Ninguna.

¿Qué une al brexit, a la derrota del Sí en Colombia y a la victoria de Donald Trump?
El factor unificador, creo, es aquello de lo que no dimos cuenta, de lo que la mayoría de las encuestas no se dio cuenta: el hecho de que hubo movimientos de base no necesariamente conectados directamente con el establecimiento, aunque hubo miembros del establecimiento que se conectaron con ellos, que lograron la victoria de forma impredecible e, incluso, impensada. Creo que hay mucha gente escéptica respecto a la opinión de los expertos, un escepticismo sobre la experticia en general, del que no nos dimos cuenta. Si uno presenta una propuesta, basada en un análisis tecnocrático neutral, la gente lo va a haber como algo no creíble. Y creo que por cuenta de las redes sociales la gente ha reforzado estas opiniones porque encuentran que muchos piensan igual. Y lo peor es que se ha hecho claro que la realidad ya no importa. Algunos han descrito esto como una política postfactual o posverdad.

Todo el mundo anda diciendo que este es el apocalipsis…
Yo no estoy de acuerdo con que este sea el apocalipsis. Es algo que ocurre porque el mundo está cambiando. Creo que es un reto, pero no el apocalipsis o el caos.