¿Por qué no irá el rey saudí a cumbre de países del golfo con Obama?

El gobierno de Arabia Saudí ha dicho que la ausencia del rey en la cumbre no es un “desaire”. Analistas dicen que la región mira con desconfianza los tratos con Irán.

El secretario de Estado estadounidense, John Kerry (derecha), con el rey Salmán en una reunión en Riad el 7 de mayo. /AFP

Desconfianza es la palabra más común en los análisis que los medios internacionales han hecho sobre la ausencia del rey Salmán de Arabia Saudí en la reunión de los gobernantes del Golfo con Barack Obama. En la reunión, que se realizará este miércoles y tendrá como escenarios la Casa Blanca y el Camp David —la posada de descanso del presidente estadounidense—, está previsto el debate de los tratos entre Estados Unidos e Irán, que obtuvieron hace poco un acuerdo general sobre armamento nuclear (que tendrá reglas específicas el 30 de junio). El rey, sin embargo, enviará en su representación al príncipe heredero y ministro del Interior, Mohamed Ben Nayef, y al ministro de Defensa y segundo en la sucesión, Mohamed. Para los analistas, esta jugada se asemeja al momento en que el director de un equipo de fútbol envía a los suplentes a uno de los partidos: las expectativas son menores y el rival, indigno.

El gobierno saudí ha dicho que no existe ninguna intención de crear un “desaire” entre ambos países y que, de hecho, los representantes que envía el rey son cercanos a él y ostentan sendos puestos en la vida pública. Sin embargo, todo ha resultado un poco atropellado en la última semana: en su visita a Riad —capital de Arabia Saudí— la semana pasada, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, recibió de boca del rey Salmán su intención de asistir a la cumbre y de conversar con Obama. El viernes, la oficina de comunicaciones de la Casa Blanca reafirmó de manera oficial esa intención; el mismo viernes, el gobierno saudí determinó en un comunicado escueto la ausencia del rey. En la cumbre, sólo estarán dos de las máximas figuras políticas de la región: los emires de Catar y Kuwait. Bahréin, Omán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí enviarán reemplazos.

¿Por qué se percibe como un “desaire” que el rey Salmán no asista a la cita? Entre muchas razones, porque Estados Unidos, en su carrera por no perder ningún poder de influencia en la región, quiere apaciguar los ánimos frente a los tratos que tiene con Irán. La inasistencia del rey es una seña de cierta incredulidad. No es sólo por su trato nuclear, que ha llegado apenas a un pacto general; es también por la influencia que tiene Irán en la región y en el papel fundamental que jugará. 

“Si bien el acuerdo efectivamente frena el desarrollo de armas nucleares por parte de Irán, no restringe —ni siquiera aborda— las ambiciones hegemónicas del régimen en la región, para lo cual ya invirtió miles de millones de dólares y por lo que sufrió sanciones devastadoras. En consecuencia, el acuerdo marco está creando un caos estratégico en una región ya disfuncional”, escribío Shlomo Ben Ami, exministro de Relaciones Exteriores de Israel, en El País de España. Los gobernantes del Golfo temen que, con la ayuda de Estados Unidos, Irán represente un peligro para su propia estabilidad. Por eso —de acuerdo con fuentes consultadas por medios como The New York Times—, los gobernantes le habrían pedido a Obama un nuevo tratado de defensa en el que ese país se comprometa, por escrito y con aprobación legal, a la intervención en caso de un ataque exterior: dicho de otro modo, en caso de un ataque iraní. Lo máximo que Obama hará, por ahora, es una declaración pública que a los gobernantes del Golfo les parece fútil y poco comprometida.

Para Estados Unidos, podría ser la oportunidad para probar al próximo rey y comenzar a hacer migas con un personaje que hasta ahora ha tenido poca afición a las apariciones públicas. El analista Jon Alterman, vicepresidente senior del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales, le dijo a The New York Times: “Sin embargo, para la Casa Blanca esta es una señal inequívoca de que uno de sus aliados tiene mejores cosas que hacer que estar en Camp David”. El periodista de ese diario con base en Riad, Ben Hubbard, añade en un artículo reciente que los gobernantes del Golfo estarían buscando una alianza más certera con otros poderes para disminuir su dependencia de Estados Unidos. Francia estaría entre esos aliados: de hecho, en las últimas semanas el presidente Hollande fue invitado a la región. La ruptura de esa dependencia, a pesar de las nobles intenciones del gobierno de Riad, parece lejana dado que la guerra con los hutíes en Yemen y el crecimiento de sus fuerzas armadas están relacionados con los tratos comerciales con Estados Unidos. Un analista supo decirlo del mejor modo: Estados Unidos y Arabia Saudí son amigos, pero no aliados.

Hay un tercer factor que alienta la discordia entre Estados Unidos y los países del Golfo: Israel. Allí, la diplomacia y los tratos exteriores de la presidencia de Obama comienzan a enredarse. Obama no firma una declaración escrita de defensa en favor de los países del Golfo porque eso podría significarle un pleito con Israel, uno de sus más aliados cercanos en la región, que podría sentirse amenazado. Los del Golfo, aunque molestos, tampoco pueden romper de un momento a otro sus relaciones con Estados Unidos porque representa una influencia necesaria en el panorama mundial —ya que no están del lado de Rusia o de China— y porque ese país tiene un pie sobre Oriente Medio: tiene tratos con Israel, fuerzas en Irak y pactos con Irán, los tres países que determinan la zona norte del Golfo y el Mar Rojo. Y los aliados en la región parecen demasiado inestables: Paquistán y Egipto han realizado esfuerzos insuficientes para apoyar a Arabia Saudí en la guerra con los hutíes en Yemen.

Y ese es, justamente, el último factor por el que el rey habría eludido la reunión. Este martes comienza el cese al fuego de cinco días en Yemen, declarado para que llegue ayuda humanitaria a la zona. Fue John Kerry quien la semana pasada acordó el cese con el rey Salmán: hay que quitar pesos a los aliados. Ese conflicto ha dejado cerca de 1.400 muertos, muchos de ellos civiles; Human Rights Watch lo ha calificado como un conflicto “que viola las leyes de la guerra”. Más de 70.000 personas fueron desplazadas en los últimos dos días. Parte del armamento y del entrenamiento militar de las fuerzas saudíes provienen de Estados Unidos. Tal vez los gobiernos del Golfo desconfíen de los movimientos de Estados Unidos con un Irán que tiene pretensiones hegemónicas, pero los analistas insisten en que ni Arabia Saudí ni Catar —dos de las naciones más poderosas en el Consejo de Cooperación del Golfo— tienen intenciones reales de alejarse, sino de convertir a Estados Unidos, más bien, en una suerte de “padrino” y esperar con paciencia al próximo gobierno.

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