“No me llamen racista”: Rudd

La ministra del Interior de ese país, Amber Rudd, ha propuesto, entre otras, obligar a las empresas revelar cuántos trabajadores extranjeros tienen.

 La ministra del Interior británica, Amber Rudd, durante el congreso del Partido Conservador, en Birmingham.
La ministra del Interior británica, Amber Rudd, durante el congreso del Partido Conservador, en Birmingham. EFE

El divorcio entre el Reino Unido y la Unión Europea no ha empezado siquiera a discutirse. Y, sin embargo, el gobierno de Theresa May ya comenzó con la partición de cobijas: su ministra del Interior, Amber Rudd, ha anunciado fuertes medidas para controlar la inmigración: uno de los temas claves en este debate.

Durante el congreso del Partido Conservador, en Birmingham, Rudd dio a conocer varias medidas para reducir la cifra de inmigrantes que llegan al Reino Unido anualmente, de 327.000 a menos de 100.000. Por ejemplo, que a partir de diciembre, quienes le alquilen a inmigrantes ilegales serán procesados.

De la misma forma, habrá mayores restricciones para aquellos extranjeros que quieran conducir taxis. Y, a partir de septiembre de 2017, los bancos tendrán que tomar medidas para asegurarse de que sus clientes sean inmigrantes legales. Y, de esa forma, dificultar el acceso de los ilegales a sus servicios.

Pero esto es, apenas, el abrebocas del paquete de medidas anunciadas por la ministra Rudd. El gobierno ha propuesto, a su vez, restringir la llegada de estudiantes extranjeros a las universidades británicas, por medio del endurecimiento de la política de visados, y crear un fondo para el control migratorio.

Pero la propuesta que ha generado mayor controversia, sobre todo entre los empresarios, ha sido la de obligar a las empresas de ese país a revelar cuántos de sus empleados son extranjeros, según la ministra Rudd, para promover que los inmigrantes no se queden con trabajos que los británicos “podrían realizar”.

Según la ministra, las empresas británicas se están “saliendo con la suya” al contratar a extranjeros en vez de formar trabajadores nacionales. Y, por ello, abogó por endurecer la normatividad que les exige a las empresas anunciar cuando se abre una vacante, 28 días antes de buscar a alguien de fuera de la Unión Europea.

Las críticas no se hicieron esperar: Adam Marshall, director de las Cámaras de Comercio Británicas, dijo que “sería muy triste que el tener una fuerza de trabajo global sea visto como una vergüenza”. Pero las palabras del jefe del opositor Partido Laborista, Jeremy Corbyn, fueron peores.

“Los líderes del Partido Conservador han encendido la llama de la xenofobia y el odio en nuestras comunidades y han tratado de culpar a los extranjeros de sus propios fallos” , dijo Corbyn, quien, pese a un conato de golpe, fue reelegido como jefe del Partido Laborista, el pasado 24 de septiembre.

“Publicar listas de trabajadores extranjeros no impedirá que las empresas sin escrúpulos bajen los salarios en el Reino Unido. Cerrar la puerta a los estudiantes internacionales no hará que los jóvenes puedan pagar sus deudas con las universidades, y rechazar a los médicos extranjeros no reducirá las listas de espera”, sostuvo Corbyn.

Camilo Romero, un colombiano que estudia y trabaja en el Reino Unido, le dijo a este diario que “el problema está en que el mismo sistema inglés ha hecho a su gente perezosa, en la maestría que estudié había solamente una estudiante inglesa de una clase de 62 personas. Eso nada más deja en tela de juicio qué tanto los británicos se preocupan por trabajar, crear industria y mejorar las condiciones económicas del país”.

The Guardian, en un reportaje del pasado 16 de agosto, dio a conocer que por lo menos la mitad de los estudiantes que se gradúan de bachillerato no ingresan a la educación superior. “Si los jóvenes británicos no tienen el conocimiento necesario para aportarle a la industria, no hay de otra que echar mano de los inmigrantes de los cuales tienen educación superior, y saben al menos dos idiomas”, sostuvo Romero al respecto.

Y dijo que las medidas que Rudd ha anunciado “han sido vistas como racistas, porque la economía depende en una buena parte del dinamismo que le aportan los ciudadanos europeos y extranjeros”.

Rudd ha pedido que no la llamen racista por hablar de inmigración. May, quien como ministra del Interior tomó varias decisiones similares a las que hoy propone, ha optado por no pronunciarse al respecto, durante el cierre del congreso conservador. Su gobierno ha dicho que quiere que los inmigrantes que se queden en el Reino Unido sean “los mejores”. La pregunta es a cuántos perseguirán por no ser los “mejores”, por lo menos, para el gobierno británico.