"No queremos morir empaladas": activista colombiana en Argentina

María del Mar Ramón es una colombiana que hace parte de Red de Mujeres, una ONG que lucha por los derechos de las mujeres en Argentina. En entrevista con este diario se refirió a la movilización convocada en ese país para protestar por la violencia contra las mujeres, tras el brutal asesinato de una menor, Lucía Pérez.

Póster de convocatoria a la marcha de este miércoles. Cortesía

¿Cómo es el panorama tras el feminicidio de Lucía Pérez?

En Argentina hay una ley que sanciona todos los tipos y modalidades de violencia contra las mujeres y esa ley incluye el feminicidio en el Código Penal. Esa ley es del año 2012. Es la ley 26485. Entonces a partir del 2012, Argentina cuenta más o menos con una estadística de feminicidios y con otra serie de cosas que incluye la ley. Esto quiere decir no solo la violencia de tipo físico en el ámbito doméstico sino que además están incluidas la violencia patrimonial y la sexual. Y por supuesto incluye cuáles son los procedimientos para la prevención de esta violencia. (Lea: Otro caso de brutal feminicidio en América Latina, una región en deuda con las mujeres). 

Paralelo a esto, hace 31 años, en Argentina se organizan los Encuentros Nacionales de Mujeres. Es un evento muy especial porque una vez al año, el primer puente de octubre, las mujeres, incluyendo las mujeres trans, se juntan a debatir en comisiones. Luego se sacan conclusiones de esas comisiones y se hace una marcha en distintas ciudades del país. Cada año los encuentros se hacen más multitudinarios porque desde el 2015, que fue la primera marcha ni una menos, se le dio mayor visibilidad a la problemática y se pluralizó un poco más.

Este año, en el encuentro, estuvimos más de 90 mil mujeres. Después del encuentro, en esta semana, van nueve feminicidios. Esto no es casual y sucedió lo mismo el año pasado en un encuentro en el que estuvimos más de 60 mil mujeres. Y, al volver, ocurrieron en esa semana 10 feminicidios. Lo que nosotras concluimos es que por un lado hay mucha visibilización en Argentina, gracias al tiempo que lleva la ley y a la enorme movilización, por lo cual los casos se saben. Pero, además, para nosotras hay, por supuesto, un backslash del sistema machista, del sistema patriarcal, ante la organización de las mujeres. No podemos perder de vista que la violencia de género tiene un fin aleccionador de devolvernos a los espacios privados. 

Y no es casual que, después de eventos en los que las mujeres nos reunimos y estamos construyendo organización multitudinaria, se responda de esta manera. Es una lectura que a nosotras nos parece conveniente para analizar y sacar a cada caso de lo individual y entenderlo dentro de un sistema patriarcal que se refleja en lo institucional, en lo social, en lo cultural. El feminicidio de Lucía tiene por supuesto una característica de unos niveles de crueldad insólitos: es una niña de 16 años que murió de reflejo vagal; es decir, murió de dolor por cuenta de un empalamiento. Pero tampoco es casual, justamente, los dispositivos que se empiezan a usar desde los medios para justificar estos hechos.

Entonces la forma en la que se describe a la víctima es que es una niña de 16 años que accedió a salir sola con dos varones que eran mayores que ella, que ella misma se llevó a esa situación; es decir, se empiezan a construir un poco esas narrativas y es fundamental desarticularlas porque, justamente, el trasfondo de eso, para nosotras, es que es una advertencia: construimos estas víctimas y finalmente terminamos revictimizandolas a las mujeres y justificando sus feminicidios porque hacían uso del espacio público. Entonces siempre es una característica importante, y no es menor mencionarla, siempre se habla de las biografías de las mujeres asesinadas: qué hacían, qué les gustaba, sus fotos de Facebook. Resaltar, por ejemplo, que Lucía había mentido, que les mintió a sus padres para irse con estos hombres.

Y eso saca el foco de donde realmente hay que ponerlo,  cuáles son las identidades de estos hombres que agredieron a Lucía, por ejemplo. Por qué no hablar de estos hombres y, en cambio, cuestionar tanto a la víctima. En Argentina la ley sanciona esto ya que se trata de violencia del tipo simbólico, mediática; sin embargo, es difícil desarticularlo. Hace dos años hubo un feminicidio de una chiquita de 16 años y hubo muchísimo repudio porque se hablaba de que ella era una fanática de los boliches. Y todo el tiempo se hablaba de que ella era muy fiestera y las últimas imágenes que se conocían de ella era dándose un beso con un chico afuera de la discoteca. Entonces se empezaba a cuestionar esto en vez de cuestionar por qué cuatro tipos la habían asesinado a golpes. Estas construcciones narrativas tienen una repercusión grandísima en la forma en la que se legisla y en la manera en la que se juzgan estos casos. Los jueces, el poder judicial, la policía y el resto de instituciones reproducen ese pensamiento revictimizador y no es casual que un juez declare inocente a estos tipos con el argumento de que ella se buscó su propia muerte.

Como ocurrió con las turistas argentinas en Ecuador…

Totalmente. En su caso se decía que viajaban solas y ellas no viajaban solas: estaban juntas. Pero se reproduce y el objetivo de esto es hacer una marca muy clara del miedo que tenemos que tener las mujeres al usar el espacio público. Entonces no se está cuestionando por qué no podemos viajar de a dos, por qué no podemos irnos con alguien que nos invita a tomar algo, sino que se está cuestionando que nosotros al salir del espacio privado y al hacer uso del espacio público, que históricamente les ha pertenecido a los hombres, hay una sanción, hay una sanción social y una sanción discursiva muy clara al ejercer ese derecho. Y eso parece menor pero realmente está enquistado en el pensamiento colectivo alrededor de la violencia y es muy grave cuando las personas encargadas de impartir la ley, de impartir justicia, tienen ese mismo pensamiento.

Está la ley pero ha habido muchos casos en los que los jueces en Argentina toman decisiones casi que contrarias a la ley…

Lo que pasa es que la aplicación de esa ley, que es bastante buena, recae sobre las instituciones y las instituciones están plagadas por hombres y mujeres que tienen esta concepción y esta manera machista de acción. Uno de los problemas principales es el Poder Judicial. Y es que ni el Legislativo ni el Ejecutivo le pueden pedir al poder judicial que se capacite porque esto sería viciarle el juicio. Entonces esto depende exclusivamente de una decisión del Poder Judicial. Con lo cual tenemos un montón de jueces, que son los encargados de aplicar, entre otras, las medidas perimetrales, y esos jueces no están capacitados. Y como este es un país federal cada provincia tiene una jurisdicción especial. Y dentro de eso se han cometido errores, a partir de una concepción muy machista, que es designar mujeres en las fiscalías especializadas, mujeres que tampoco están capacitadas. ¿Por qué? Porque no se le da la suficiente relevancia a la problemática. La gente dentro del imaginario colectivo sigue pensando que es una problemática menor. Que no requiere capacitación ni presupuesto. El presupuesto que se asigna a esta problemática es mínimo y, además, es un problema que ya está naturalizado.

Entonces tienen los fiscales, los jueces y la misma Policía, encargada de hacer cumplir esa ley, en el peor de los casos, absolutamente revictimizantes. No te van a atender, vas y te van a decir que no te toman la denuncia, que tú qué hiciste para que te pegaran, que los hombres son así. Y, en el mejor de los casos, te va a ir bien, vas a peregrinar todo un día por esas instituciones y te van a otorgar una medida perimetral, que es un impedimento de acercamiento para que, finalmente, un tipo violento vulnere esa medida, porque la van a vulnerar, y tengas que volver a llamar a la Policía, que lo que va a hacer es que le va a decir al tipo que se quede tranquilo y se vaya; es decir, el problema está tan naturalizado que nadie cree que un hombre que incumple una medida judicial para amenazarte de muerte, lo va a cumplir o es algo preocupante. Todo el mundo cree que el tipo se va a calmar. Lo que pasa ahora es que la problemática está cambiando porque inicialmente el problema era que las mujeres no denunciábamos, no hablábamos, no exponíamos nuestra problemática, que se quedaba en el interior de nuestras casas. Y entonces era como un feminicidio del que nadie sabía. Ahora las mujeres estamos capacitadas, estamos empoderadas en todos los procedimientos, sabemos cuáles son nuestros derechos y, sin embargo, el problema persiste porque las instituciones no están capacitadas y no tienen la infraestructura para contener la cantidad de demandas.

Entonces, ahora, surge todo este ciclo y ahora a las mujeres las matan con la medida perimetral en el bolsillo. Ha aumentado muchísimo la estadística de las mujeres que habían hecho denuncias antes de sus homicidios. Y eso expone el cambio en la problemática: nosotros estamos cumpliendo con lo nuestro, estamos siendo responsables, estamos enteradas. Pero hay un sistema institucional muy ineficiente y además de esto también hay como una cuestión, que sucede mucho en nuestros países latinoamericanos, y es pensar que el punitivismo es política pública.

A nosotras no nos sirve que a los homicidas les den la pena más alta. Nos sirve que a las mujeres no las maten y para eso hay que invertir en política pública, en prevención, en educación, en opciones de trabajo para las mujeres, para revincularlas a la vida social, hay que invertir en un montón de cosas. Entonces tenemos que dejar de pensar que cuando pedimos justicia, pedimos únicamente penas más altas o que se encuentre a los culpables, porque finalmente los van a encontrar y les van a imponer esa pena alta. Y tenemos que pensar que nosotras lo que queremos es que no nos maten. Y para eso se necesitan políticas públicas.

¿Cuál es el panorama regional?

Yo creo que lo que está pasando es que se está visibilizando. Creo que es fundamental el rol que tenemos las organizaciones de mujeres a nivel regional, es supremamente importante, aunque sea algo que no ha sido suficientemente reconocido. Pero somos nosotras quienes hemos expuesto esta problemática y quienes hemos demandado que se legisle a partir de eso. El problema también es que somos países que estamos apenas empezando todo el proceso de sensibilización y de legislación. Con lo cual todavía hay una cuestión cultural que está muy arraigada y que es muy difícil de desarraigar y esa cuestión permea nuestras instituciones, permea nuestras estructuras y hace que la tarea sea más compleja. Pero tenemos que estar orgullosas, en medio de todo, por la capacidad de organización que hemos tenido las mujeres a nivel latinoamericano. Y me parece que hay que destacar que estamos ad portas de un paro general en Argentina, organizado por mujeres de distintos sectores todas de acuerdo con una consigna clara, en dos horas. Con lo cual eso, que podamos ponernos de acuerdo las mujeres, a nivel latinoamericano, a nivel nacional, es fundamental.

Y ahora tenemos que empezar a exigir el cumplimiento de nuestros derechos, entre ellos, por supuesto, nuestros derechos sexuales y reproductivos. No tener una buena política de derechos sexuales y reproductivos en un país precariza y vulnera a las mujeres y es parte de un entramado fuertísimo que tiene que ver con la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran las mujeres que están en situaciones de violencia. Entonces garantizar eso en nuestros países es un tema que estamos empezando a tocar y que estamos empezando a movilizar mucho y es un tema, en este momento, coyuntural e importantísimo.
Hay que garantizar el trabajo: el acceso al trabajo para las mujeres sigue siendo limitado. En Argentina, las mujeres hacemos el 76% del trabajo doméstico, con lo cual es muy complejo garantizar posibilidades laborales. Y empezar a hablar de esas cuestiones es muy importante, empezar a hablar de cuántas mujeres ocupamos lugares políticos, cuántas mujeres ocupamos lugares de representación.

En Argentina, en el Congreso de la Provincia de Buenos Aires, que es la más grande, ya pasó la Ley de Paridad. Esto quiere decir que en las listas de candidatos y candidatas a diputados y diputadas tienen que haber igual cantidad de mujeres y hombres. Y el debate fue inimaginable. Pero tenemos que empezar a preguntarnos por qué las mujeres no estamos ocupando los lugares de representación, por qué si somos la mitad de la población no estamos teniendo voz y voto respecto a las decisiones que se están tomando en nuestros países. Y estas no son cosas que estén desvinculadas. Porque a nosotras no nos sirve que se oriente todo al punitivismo y que los varones no tengan, digamos, una reflexión sobre sus propias prácticas. Hay que empezar a desnaturalizar cuál es la masculinidad que estamos promoviendo en nuestros países.

¿Cuál es la importancia de la movilización de este miércoles?

La movilización que se convoca para el miércoles sienta varios precedentes. Primero: que las mujeres tenemos una voz y tenemos un voto y tenemos un lugar dentro de la sociedad y nosotras decimos que vamos a parar, se puede hacer. Nuestras causas también son importantes. Mujeres de distintos sectores nos pusimos de acuerdo muy rápidamente, y esto es algo muy difícil en un momento de tanta politización y polarización, en cuál iba a ser el procedimiento y en que nosotras teníamos la potestad de llamar a un paro. Nunca en la historia de Argentina las mujeres habíamos llamado a un paro y esto quiere decir que nuestras causas no son menos importantes y que están absolutamente vinculadas a la discusión por los derechos laborales y los derechos salariales. Entonces no es solo una movilización: va a haber una marcha. Ya en Argentina hemos hecho dos marchas multitudinarias. La del 2014, por ejemplo, que reunió más de 200 mil personas, que fue la marcha de Ni una menos. Pero es fundamental dejar el precedente de que las mujeres, a su vez, convocamos a un paro. Y es que es la primera vez que las mujeres convocamos a un paro a partir del hartazgo. Se esperan más de 100 mil mujeres. Queremos presupuesto, uno acorde para tratar la problemática, queremos participación, oportunidades laborales, queremos que no nos maten.

¿Cuál sería un panorama deseable?

No tener que hacer esto sería un panorama deseable. Es decir, el nivel de riesgo que afrontamos las mujeres, el nivel de miedo que cargamos las mujeres en el espacio público y, a su vez, el miedo que tenemos de nuestras parejas y exparejas es insólito. El panorama deseable es que tengamos igualdad de derechos y, además, igualdad de libertades. Cómo es posible que en Argentina 8 de 10 feminicidios sean cometidos por las exparejas; es decir, para nosotras las mujeres las relaciones son peligrosísimas. Pero entonces si no son las relaciones es salir a la calle de noche sola, sino es salir a la calle es vestirnos de una manera u otra; el panorama deseable es que esto no se tenga que hacer. Cómo puede ser que nosotras estemos pidiendo en el año 2016 que no nos maten, que no nos maten por salir solas, por viajar solas, por querer separarnos, por estar en una relación. Estamos pidiendo algo muy muy elemental. No estamos pidiendo, ni estamos marchando por una cuestión, no sé, imposible de imaginar. Estamos marchando por los derechos humanos que tiene que tener una persona: poder vivir su vida libre de violencia. Nosotras queremos vivir tranquilas. Vivir vidas en las que no sea un riesgo existir, en la que nuestra existencia no esté en riesgo todo el tiempo, y para eso tenemos que tener una igualdad de derechos laborales, de acceso a las instituciones. Va a ser muy difícil pero no estamos dispuestas a vivir con miedo. Nuestras vidas no son negociables. No queremos morir empaladas, no queremos morir apuñaladas.      

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