Nueva York se resiste a frenar su ritmo habitual pese a amenaza terrorista

Se trata de la respuesta que la ciudad ha dado a la amenaza "creíble y específica", pero "no corroborada".

Los neoyorquinos se despertaron el viernes  entre mayores medidas de seguridad tras la amenaza "creíble" de un atentado terrorista en la ciudad a dos días de que se cumpla el décimo aniversario del 11-S, pero se resistieron a frenar su frenético ritmo habitual pese al temor que despierta esa alerta.

"Creo que todos en Nueva York nos tomamos en serio estas amenazas, pero también sabemos que tenemos que continuar con nuestra vida diaria", dijo  Tony Brown, un neoyorquino que se dirigía a su trabajo desde la estación Grand Central, donde como cada día la Policía revisaba paquetes sospechosos.

La Autoridad Metropolitana del Transporte (MTA), la entidad de la que depende la mayor red de transporte urbano del país, alertaba a los viajeros: "En preparación para el décimo aniversario del 11-S, la MTA y la Policía de Nueva York están aumentando la presencia de medidas de seguridad en toda la red de transporte".

Esas medidas se vieron en numerosas estaciones de trenes de la ciudad, especialmente en las más transitadas, donde se podía observar a personal armado de las fuerzas de seguridad, listo para actuar en caso de cualquier emergencia.

Se trata de la respuesta que la ciudad ha dado a la amenaza "creíble y específica", pero "no corroborada", de que se puede producir un atentado en la Gran Manzana en coincidencia con el décimo aniversario de los ataques terroristas del 11-S, de la que alertaron el jueves por la noche las autoridades estadounidenses.

La secretaria de Seguridad Nacional de EE.UU., Janet Napolitano, y el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, comparecieron juntos en esa ciudad para alertar de que hay tres personas, un vehículo y explosivos implicados con la amenaza, de la que no quisieron dar más detalles.

Pese a la alerta, Bloomberg llamó este viernes a la calma entre los neoyorquinos, les pidió que siguieran con su ritmo y él mismo, como hace cada mañana, acudió en metro al Ayuntamiento, en el sur de Manhattan, desde donde dijo a la prensa: "No queremos que Al Qaeda o cualquier otra organización nos quite nuestra libertad".

En esos mismos términos se expresaban los ciudadanos neoyorquinos, que con el miedo de la amenaza de trasfondo decidieron continuar con su vida normal, por lo que el ajetreo diario de estaciones como Grand Central o de la popular plaza de Times Square continuaba como cualquier otro día.

"Estas cosas van y vienen. He trabajado en Nueva York desde 1972 y estuve en el sur de Manhattan el 11 de septiembre de 2001, pero la vida tiene que seguir, no voy a cambiarla por una amenaza porque eso sería rendirse a los terroristas", aseguró John Verill, quien se dirigía a su oficina en Wall Street, a una calle de la "zona cero".

La Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey también elevó "el estado de alerta en todas las instalaciones del transporte público y en el World Trade Center", según informó hoy ese organismo en un comunicado, donde explicó que se incrementará la revisión de vehículos en intersecciones, así como en puentes y túneles.

Precisamente la ciudad instaló varios controles en sus calles, uno de los cuales se encontraba a pocos metros de la sede de la ONU, en el extremo este de la calle 42, donde varios agentes revisaban algunos de los vehículos que pasaban cerca de ese organismo, cuya Asamblea General celebra este viernes una sesión especial para rendir homenaje a las víctimas del 11-S.

El aumento de las medidas de seguridad también afecta a los aeropuertos que dan servicio a la Gran Manzana, el John F. Kennedy, el de Newark y LaGuardia, donde se han aumentado aún más las revisiones de los equipajes de los pasajeros, así como a la terminal de autobuses Port Authority y la que acoge al tren que atraviesa el Hudson para conectar Nueva York con Nueva Jersey.

Desde que el 11 de septiembre de 2001 dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas, los neoyorquinos han vivido múltiples amenazas como la de hoy y desde entonces han aprendido a continuar con su vida entre policías armados y registros.

El mayor de los sustos vividos fue cuando en mayo de 2010 se encontró en la céntrica plaza de Times Square un coche bomba listo para estallar, que había sido colocado allí por el estadounidense de origen paquistaní Faisal Shahzad.

Además, desde que en mayo de este año se conociera la muerte de Osama Bin Laden, autor intelectual de los atentados del 11-S, las autoridades han alertado del riesgo de un ataque en venganza por el fallecimiento del terrorista, por lo que este domingo la ceremonia en homenaje a las víctimas de aquellos atroces atentados estará marcada más que nunca por altas medidas de seguridad.

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