Nuevo rey de España: auge, declive y resistencia de la Casa Borbón

Felipe VI, heredero de la Casa Borbón, asume como rey de España en momentos en que los coronados ya no significan mucho en estos tiempos republicanos.

AFP

Hace 313 años, aunque había nacido en Versalles y pertenecía a la nobleza francesa, como Felipe V asumió el primer rey de la Casa de Borbón en España. Su reinado duró 45 años y 3 días, el más prolongado de la monarquía española, en un momento clave de transición por la ilustración política. Mañana, como Felipe VI, a sus 46 años, asume como rey el hasta hoy príncipe de Asturias, heredero de la misma casa monárquica, en momentos en que los coronados ya no significan mucho en estos tiempos republicanos.

Nieto del rey Luis XIV de Francia, Felipe V abrió el siglo XVIII dándole identidad a la dinastía de los Borbón en España, pero asumió el trono en medio de crecientes problemas políticos. La Casa de Austria, poderosa en el mapa monárquico, vio inconveniente la unión trazada entre Francia y España y de entrada se negó a reconocer al nuevo rey en 1701. En parte por esta discrepancia y también por las peleas de poder entre coronas como Castilla y Aragón, se precipitó la denominada Guerra de Sucesión Española que se prolongó hasta 1713.

Ese año se firmó el Tratado de Utrecht que puso fin al conflicto que trascendió las fronteras y cambió el mapa político de Europa. Sin embargo, aunque España perdió territorios, Felipe V consolidó su poder y el de la Casa de Borbón. Un año más tarde, en febrero de 1714, tras padecer una tuberculosis murió su esposa y prima María Luisa Gabriela de Saboya, hija del rey de Cerdeña. Este suceso modificó el panorama porque entró en escena un personaje clave de la historia española de su tiempo: Isabel de Farnesio.

Nacida en Parma (Italia), esta mujer ostentaba su propia genealogía real, circunstancia que le dio virtudes para maniobrar en los entuertos monárquicos. En 1714 contrajo matrimonio con el rey viudo Felipe V y así se convirtió en la dueña de la política. Además, el monarca empezó a desarrollar intensos episodios de depresión que lo llevaban a desatender sus exigencias como gobernante, razón por la cual Isabel de Farnesio cobró un protagonismo tan inusitado como la red de intrigas que se desató en su contra.

Aunque en esos años el poder naval español se consolidó en Europa, por las presiones de la guerra y de la política Felipe V abdicó el trono en 1724 en favor de su hijo Luis I, producto de su primer matrimonio. El nuevo rey tenía 17 años y apenas vivió ocho meses en el trono. Lo mató una viruela. Entonces estalló el conflicto interno. Un sector de la corte presionó para que asumiera el segundo hijo del primer matrimonio, Fernando, pero Isabel de Farnesio, con el apoyo de la Iglesia, abogó por el regreso de su esposo.

En septiembre de 1724, una semana después de la muerte de Luis I, recobró el trono de España Felipe V. Lo mantuvo hasta julio de 1746, cuando murió de apoplejía después de largos años en que su depresión se volvió crónica e incidió en los destinos de España. Como estaba previsto, a su muerte ganaron los enemigos de Isabel de Farnesio y, como Fernando VI, ascendió al torno el segundo hijo del primer matrimonio del rey fallecido. Isabel fue desterrada de Madrid aunque vivió para ver en la corona al mayor de sus hijos.

Sucedió porque Fernando VI, con idénticos problemas de salud a los de su padre Felipe V, falleció en 1759 sin dejar descendencia. El turno le correspondió al mayor de los hijos de Felipe V e Isabel de Farnesio, quien gobernó a España hasta 1788 como Carlos III. Sin embargo, ya no eran tiempos favorables a las monarquías, el espíritu del Siglo de las Luces sacudía los cimientos del viejo continente, y cuando asumió su hijo Carlos IV en América soplaban vientos de independencia y en Europa aires de libertad.

A pesar de que Carlos III fue eficaz en consolidar alianzas con otras casas reales, en especial con los reinos de Italia por su ascendente materno, comenzó a afrontar dificultades en sus posesiones de ultramar, sobre todo después de que la independencia de Estados Unidos en 1776 dio el toque de alerta en torno al paso hacia el mundo republicano. Cuando asumió su hijo Carlos IV en 1788, la suerte estaba echada. Un año después estalló en Europa el conflicto social que cambió la historia: la revolución francesa de 1789.

En adelante, la Casa de Borbón no volvió a ser la misma. No solo por los ecos de la revolución en Francia que llevaron a la guillotina al rey Luis XVI y a su esposa María Antonieta, sino porque a la presión por reformas sociales y políticas en España se sumó una galopante crisis económica. Todo quedó a merced de una época crítica. La que llegó de la mano del emperador francés Napoleón Bonaparte que en desarrollo de su modelo expansionista invadió España en 1808 e impuso como gobernante a su hermano José.

El ocaso del rey Carlos IV en 1808 coincidió con el protagonismo y rivalidad de su hijo Fernando VII, quien se hizo rey cuando cesó el dominio de los Bonaparte. Aunque accedió al poder en 1814 rodeado por el emancipado pueblo español que vio en su regreso la reivindicación de su identidad política y religiosa, pronto cayó en el absolutismo y su reinado hasta 1833 fue una sucesión de crisis con el telón de fondo de las guerras de independencia de las colonias americanas que redujeron para siempre el poder peninsular.

En adelante, la historia de España refleja el declive de la monarquía, el auge del republicanismo, las guerras internas llamadas ‘carlistas’ y la pérdida de los últimos territorios en América. Después de 50 años de regencias, monarquía constitucional y, poco a poco, la consolidación de un Estado liberal, el 11 de febrero de 1873 fue proclamada la primera república española. Una experiencia tan inestable que en once meses pasaron cuatro presidentes. Al año siguiente, la Casa de Borbón recobró el mando.

Como la reina Isabel II, sucesora de Fernando VII entre 1833 y 1868, había abdicado en favor de su hijo Alfonso XII, este asumió el trono a finales de 1874. La restauración borbónica contó con el apoyo de los ejércitos republicanos opuestos a las pretensiones carlistas y abrió camino a un sistema de alternancia política en el que liberales y conservadores empezaron a compartir labores del gobierno con la monarquía. Un calculado sistema de turnos que hizo célebre al político conservador Antonio Cánovas del Castillo.

El 25 de noviembre de 1885, víctima de una tuberculosis, antes de llegar a sus 30 años, murió el rey Alfonso XII. Seis meses después nació su hijo póstumo. Una coyuntura inesperada que volvió regente del trono a su madre María Cristina de Habsburgo-Lorena, mientras él alcanzaba su mayoría de edad. Lo hizo en mayo de 1902 y asumió como Alfonso XIII, en momentos en que España vivía los coletazos económicos y políticos del caos que significó la llamada guerra hispano-estadounidense de 1898.

En pocos meses, España perdió con Estados Unidos sus últimas tres colonias en el nuevo mundo: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. La primera después de una desastrosa confrontación armada y las otras dos, producto de una cesión voluntaria a cambio de indemnización económica. El “desastre del 98” como fue conocido, marcó la historia de las nuevas generaciones españolas y creó las condiciones para que un grupo de intelectuales y estadistas recobrara la idea del gobierno republicano.

Cuando Alfonso XIII asumió como rey de España en mayo de 1902, su primer objetivo fue granjearse el apoyo de las provincias y así fortalecer una diplomacia internacional que supliera el mal momento de la corona. Sin embargo, el inconformismo social y la anarquía o los tardíos intentos de colonialismo en el norte de África que derivaron en nuevas guerras perdidas, fueron marchitando su aureola y su mandato. Después de superar atentados, señalamientos, crisis y revueltas, sobrevino el golpe de Estado.

Con respaldo del rey Alfonso XIII, la Iglesia Católica y en general de los sectores conservadores, el golpe lo dio el general Miguel Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923. La constitución fue suspendida, se impuso la censura de prensa, los anarquistas y el comunismo fueron reprimidos, solo quedó autorizado un partido político y un directorio militar empezó a ejercer la dictadura. A los dos años, la crisis social ya había desbordado el experimento e infructuosamente se probó con un directorio civil.

El 28 de enero de 1930, acosado por las protestas de la izquierda y los conspiradores de la derecha, Primo de Rivera renunció al cargo y se exilió en Francia. El rey designó como sucesor al general Dámaso Berenguer que en vano intentó recobrar la normalidad a través de una “dictablanda”. La crisis forzó la convocatoria a elecciones municipales y el 12 de abril de 1931 las fuerzas republicanas impusieron sus mayorías. Dos días después, el martes 14, a bordo de su coche de lujo, Alfonso XIII huyó de España.

Con liderazgo del abogado Niceto Alcalá-Zamora ese mismo abril de 1931 se proclamó la Segunda República. Antes de concluir el año ya existía una nueva constitución y un caracterizado republicano para impulsarla, Manuel Azaña. En adelante, hasta 1936 en que se formalizó la guerra civil, España fue escenario de una agitación política de extrema polarización, con amenazas, atentados, crímenes, milicias y tensos momentos electorales que evidenciaron un antagonismo irreconciliable entre izquierda y derecha.

Desde el alzamiento militar de julio de 1936 contra el gobierno del Frente Popular que desencadenó la barbarie, Alfonso XIII apoyó públicamente a los sublevados. Se declaró “falangista de primera hora” y “un soldado más al servicio del general” Francisco Franco. Cuando concluyó la guerra en 1939, desde su exilio en Roma (Italia), convencido de que el generalísimo iba a restaurar su trono, promovió un Te Deum de acción de gracias en su honor y propuso que se le concediera la más alta condecoración militar.

Sin embargo, una vez se hizo al poder absoluto de España, el general Francisco Franco optó por una dictadura autárquica y totalitaria que otorgó más relevancia al Ejército y a la Falange que a la monarquía. El 15 de enero de 1941, convencido de que había sido engañado, Alfonso XIII renunció a la jefatura de la Casa Real en favor de su tercer hijo Juan de Borbón y Battenberg. Un mes después, como consecuencia de una angina de pecho, el 28 de febrero de 1941, falleció en el Gran Hotel de Roma.

Nacido en 1913, Juan de Borbón no estaba destinado a la corona, pero la proclamación de la Segunda República en 1931 y el exilio de su padre, el rey Alfonso XIII, lo pusieron en primera línea. Dos años después, su hermano mayor Alfonso de Borbón renunció al trono para contraer matrimonio con una mujer que no pertenecía a la realeza, Edelmira Sampedro, de nacionalidad cubana. Su segundo hermano, Jaime de Borbón, era sordo desde los cuatro años y tuvo que conformarse con ser el Duque de Segovia.

Antes de ser heredero de los derechos dinásticos de la Casa Real de España, desde el exilio Juan de Borbón apoyó a su padre en la defensa de los militares sublevados en 1936. Incluso intentó sumarse a sus filas. Cuando se legitimó su acceso al trono en 1941 se hizo opositor del dictador Francisco Franco y promotor de la restauración monárquica. Lo afianzó a partir de 1946 cuando se radicó es Estoril (Portugal) e infructuosamente buscó la corona que nunca descansó en su cabeza. La historia lo dejó en Conde de Barcelona.

No fue rey porque con absolutismo casi monárquico, férrea doctrina nacional católica y represión a la mano, Francisco Franco conservó el poder hasta su muerte ocurrida el 20 de noviembre de 1975. No obstante, seis años antes, en julio de 1969, cuando el generalísimo ya andaba por los 77 años, en aplicación de las denominadas Leyes Fundamentales del Reino nombró como su sucesor a Juan Carlos de Borbón, nieto de Alfonso XIII, quien bajo la tutela vigilante del régimen militar se había educado en España.

El 22 de noviembre de 1975, dos días después del deceso de Franco, fue proclamado rey Juan Carlos I. La tradición borbónica lo legitimó hasta mayo de 1977, cuando su padre, el Conde de Barcelona, cedió sus derechos dinásticos. En ese momento ya España hacía transición hacia la democracia. Primero a través del designado jefe de gobierno Carlos Arias Navarro y a partir de julio de 1976 con el mandato del dirigente Adolfo Suárez, ratificado un año más tarde en las primeras elecciones libres luego de 36 años de dictadura.

Nacido en Roma (Italia) en enero de 1938 cuando la familia real vivía en el exilio, solo hasta sus diez años conoció España cuando lo permitió un acuerdo directo entre Franco y el Conde de Barcelona. Lo hizo para estudiar y luego de su bachillerato, entre 1955 y 1959 recibió instrucción militar en las escuelas institucionales de tierra, mar y aire. En septiembre de 1961 contrajo matrimonio con la primogénita del rey Pablo I de Grecia, la princesa Sofía, y dos años después se instalaron en el Palacio de la Zarzuela en Madrid.

Aunque después de que Franco lo nombró sucesor en 1969 ocupó interinamente la jefatura del Estado dos veces por enfermedad del dictador, solo hasta noviembre de 1975 fue proclamado rey y el 27 de ese mes exaltado al trono en la “Misa de Espíritu Santo”. Su momento estelar sobrevino el 23 de febrero de 1981, cuando fuerzas de la Guardia Civil, al mando del teniente coronel Antonio Tejero, intentaron dar golpe de Estado. Su oportuna alocución televisiva desautorizando la insurrección le dio confianza a España.

Desde entonces, el rey Juan Carlos I de Borbón, con las limitaciones constitucionales de la democracia española, se convirtió en referente de su nación y de su gente. Jefe de Estado y comandante de las Fuerzas Militares además de otras responsabilidades internas e internacionales, con el respaldo de los siete jefes de Gobierno que han ejercido la Presidencia desde 1975, ha sido protagonista de la evolución de un país que a pesar de sus dificultades ha sabido preservar la estabilidad de sus instituciones.

Sin embargo, el pasado 2 de junio, a sus 76 años, luego de difíciles momentos en los que su prestigio se vio afectado por escándalos que incluyeron a su familia, súbitamente anunció su renuncia al trono abdicando en favor de su hijo Felipe de Borbón y Grecia, conocido como el Príncipe de Asturias. Después de 39 años de reinado, sin el poder político de sus antecesores pero con un apoyo popular que no menguan quienes hoy quieren referendo para abolir la monarquía, Juan Carlos I deja su lugar en la historia.

El turno es ahora para Felipe Juan Pablo Alfonso de todos los Santos de Borbón y Grecia, quien a sus 46 años asume como Felipe VI la corona de España. 313 años después de que el primero de los reyes de la Casa de Borbón, Felipe V, lo hiciera en 1701, en tiempos en los que Europa se preparaba a vivir los revolucioarios acontecimientos que dejó la ilustración política y el Siglo de las Luces. Un nuevo rey para el Siglo XXI en el que el mundo está conectado por la tecnología pero la libertad no es aún del dominio de todos.

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