Lo que Obama nos dejó

El mandatario estadounidense dejó clara la política de Washington hacia la región: buscar canales de diálogo para abrir puertas históricamente cerradas para Estados Unidos.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el de Cuba, Raúl Castro, se encontraron el viernes en este saludo histórico que marcó la Cumbre. / AFP

La decisión de Estados Unidos de restablecer relaciones con Cuba es quizás el acto político más importante de ese país hacia América Latina desde 1977, cuando el entonces presidente Jimmy Carter firmó los acuerdos con Panamá en los que se comprometió a devolver la soberanía del canal a ese país. Por eso la VII Cumbre de las Américas fue una cita llena de simbolismos. Cada anuncio fue milimétricamente planeado por la Casa Blanca para dejar claro el legado del presidente Barack Obama en la región, a poco menos de dos años de dejar la Casa Blanca: diálogo, diplomacia y multilateralismo. No solo fue Cuba, también Venezuela, tema que se vislumbraba complejo para Obama, pero que el equipo presidencial estadounidense logró cambiar.

El presidente de Venezuela llegó a Panamá dispuesto a convertir las sanciones impuestas por EE.UU. en el tema central. Al final, Nicolás Maduro aseguró que “comenzaba una nueva era de relaciones con Washington (...). No es tiempo de imperialismo sino de paz”.

“Aquellos días en que nuestra agenda en este hemisferio a menudo suponía que Estados Unidos podía inmiscuirse con impunidad, ya pasaron”, expresó Obama en Panamá. Una señal de cambio que, sin embargo, no borra años de desconfianza. Tedd Piccone, investigador sénior de la Latin American Initiative del Brookings Institute, asesor de política exterior durante el gobierno de Bill Clinton y exconsejero del Departamento de Estado y del Pentágono en temas regionales, habló con El Espectador sobre la Cumbre y sus efectos.

Después de esta cumbre, ¿cuál es la agenda de EE.UU. en América Latina?

Estados Unidos está en una posición muy distinta a lo que estaba una década atrás. Su influencia hoy es menor, por eso la apuesta es fortalecer su agenda con países aliados, en vez de imponerle una a toda la región. Una estrategia diferenciada. El anuncio del retiro de Cuba de la lista de países que apoyan el terrorismo, por ejemplo, es histórico, un paso más que dinamizará los acercamientos entre Washington y La Habana.

¿Una victoria simbólica para los cubanos?

No. Esta es una medida que tendrá consecuencias factibles. Al estar por fuera de esta lista, los bancos y demás servicios financieros estadounidenses podrán hacer negocios con la isla, que también podría buscar préstamos con entidades en EE.UU.

¿Qué tanto influyó en esta decisión el hecho de que Cuba además de ser la sede de los diálogos de paz entre Colombia y las Farc sea hoy un facilitador clave para el proceso?

Por supuesto que influyó. Siempre ha existido la noción de que Cuba ha apoyado a las Farc y al Eln, pero el rol que ha tomado en este proceso ha dado fe de que está de parte de la paz. Así lo entiende la administración Obama.

No hay duda de que Colombia es un aliado geoestratégico clave para Estados Unidos. ¿Qué tan importante es su rol y apoyo al proceso de paz?

Es clave, así lo ha demostrado en los últimos meses Obama, más aun al nombrar a Bernie Aronson como enviado especial de alto nivel para la negociación. Se le han dejado claras a Colombia las intenciones de Estados Unidos de participar en el posconflicto.

¿Y qué pasará con las sanciones que EE.UU. le impuso a Venezuela, algo que generó rechazo en la región?

Considero que el lenguaje del decreto fue sacado de proporción. Tanto así que la propia administración Obama lo entendió e intentó bajarle el tono diciendo que Venezuela no es una amenaza para los Estados Unidos.

¿Debería Estados Unidos dejar de presionar a Venezuela para no polarizar la región?

Por supuesto que no, esto no se hace con propósito diferente al de denunciar prácticas antidemocráticas y en contra de la salvaguarda de los derechos humanos de los venezolanos.

¿Sigue siendo fuerte la división entre el bloque de países alineados con Estados Unidos, como Colombia, Perú, Panamá, Chile y Paraguay, y los que no, como Ecuador, Venezuela, Bolivia, Brasil y Argentina?

La división es clara, como también la noción de que los países con mayor cercanía a los Estados Unidos son los que mejor desempeño están teniendo en temas de gobernabilidad, crecimiento económico y capital social. El problema es que el segundo grupo, en especial los países de la ALBA, son los que interfieren con el proceso integracionista regional.

Se dice que estas cumbres son más un saludo a la bandera que una hoja de ruta. ¿Se puede esperar algo tangible?

Es verdad. Sin embargo, si miramos los tres puntos centrales que se discutieron hace tres años en la Cumbre en Colombia, como lucha contra las drogas, inmigración y Cuba, la administración Obama ha dado un paso hacia adelante en los tres aspectos. El punto es que estas cumbres sí pueden ayudar a modelar la agenda interamericana.

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