Obama presiona a Irán con la negociación de su plan nuclear

El presidente de Estados Unidos descartó dar más prórrogas a las conversaciones que tienen como límite el próximo 1 de julio. Irán, por su parte, destaca su voluntad para seguir negociando.

El presidente iraní Hasan Rouhani. AFP

 “Estamos en un punto en el que ellos (los iraníes) necesitan tomar una decisión”. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, con esta frase, trasladó el futuro de las negociaciones del plan nuclear con Irán al terreno de la nación islámica, como si ahora fuera momento de un guiño que conduzca a llegar a un acuerdo definitivo. Anticipadamente Obama informaba que su gobierno desde ya descarta acordar una nueva prórroga que dilate la duración de las conversaciones.

El presidente estadunidense hablaba desde Washington, luego de un encuentro con la canciller alemana Ángela Merkel. La rueda de prensa que siguió al encuentro dio para tocar varios temas: mientras la prensa se enfocaba en lo que pudiera decirse sobre la crisis de Ucrania o la definición de nuevas alternativas para hacer frente al Estado Islámico (EI) el jefe de la Casa Blanca aprovechó para lanzar el tema a la luz pública y presionar a Teherán exigiendo un poco de agilidad en el diálogo.

Y no fue coincidencia que Obama asumiera el tema con Merkel a su diestra, a escasos metros. Alemania forma parte del llamado grupo del G5 + 1 (EE.UU., Reino Unido, Francia, China, Rusia más Alemania), que lleva meses negociando un eventual acuerdo con Teherán que entregue un parte de tranquilidad a Occidente, que grabe sobre tratados una idea que inquieta a sus líderes: Irán debe comprometerse a usar la tecnología nuclear únicamente con fines civiles y jamás militares. La idea de una bomba nuclear en manos iraníes es vista como una pesadilla en un escenario de tensión diplomática de unas relaciones caracterizadas por la volatilidad.

Las negociaciones tenían establecido el límite del 24 de noviembre pasado para alcanzar un acuerdo. La falta de consenso, tras casi año y medio de conversaciones, llevaron a la concesión de una prórroga que se termina el próximo 1 de julio y que, de acuerdo con la posición de Washington, será la última oportunidad de conseguir un acuerdo consensuado. Entonces comienza el carnaval de las especulaciones, pues después del fracaso de la palabra quizá continúe el sonido de las bombas. De hecho, Israel –en su rol de enemigo regional de Irán y gran aliado de Estados Unidos- ha promovido el uso de la fuerza para solucionar el problema y su primer ministro, Benjamín Netanyahu, afirma desde ya que su gobierno hará lo posible para que tal acuerdo no prospere, pues no reconoce ninguna credibilidad en Teherán.

Obama asegura que si "no aspiran a conseguir un arma nuclear (...), deberían ser capaces de decir sí" a un acuerdo con las potencias del G5+1. Pero no es tan sencillo, así ahora el diálogo tenga fecha de caducidad. Justamente el fin de semana, el máximo líder político y religioso de Irán, el ayatolá Alí Jamenei declaraba: "Estoy a favor de que continuemos con las negociaciones y lleguemos a un buen acuerdo. Definitivamente, la nación iraní no se opondrá a ningún pacto que tome en cuenta su dignidad y la respete".

El punto complicado de esta voluntad tiene que ver con la diferencia crucial entre las posiciones que hasta ahora ha sido uno de los grandes impedimentos para los avances. Jamenei quiere un acuerdo definitivo que incorpore todos los detalles y que cierre las disertaciones con el fin de que entre los “resquicios” se exijan más concesiones a su país. En cambio Occidente piensa diferente: su apuesta es lograr un acuerdo general que sirva de piso para encarar discusiones con miras a pactos más detallados. Así, por ahora, las opiniones parecen irreconciliables.

Irán insiste en su posición pacífica para desarrollar su plan nuclear, pero Occidente en este caso no es un buen amigo de la confianza. Poco menos de seis meses restan para conocer el desenlace de este choque de intereses.

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